Uso eficiente del agua subterránea para los cultivos

Uso eficiente del agua subterránea para los cultivos

Desde el INTA impulsan el manejo eficiente del agua subterránea a través del estudio de la relación de las actividades agropecuarias y las napas freáticas y del manejo integrado de cuencas.

Especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) estudian los efectos de las actividades humanas sobre las capas de aguas subterráneas y cómo hacer un uso eficiente y sustentable de las mismas en beneficio de los sistemas agropecuarios y de abastecimiento del agua.

Al respecto, Roberto Esteban Miguel, investigador referente de la temática agua del INTA manifestó que es necesario hacer una gestión integrada de los recursos hídricos, no solamente pensando en la producción, sino también en el consumo humano y en el ecosistema: “Todo está en un equilibrio. Cuando el hombre interviene, se producen cambios, y esos cambios no son gratis, algo o alguien los paga”.

Según el especialista, en un mundo con recursos naturales finitos, “el sistema económico nos pide que crezcamos de manera ilimitada”. “Algo no está cerrando. La naturaleza de diferentes formas lo está queriendo advertir”.

Por esta razón, desde el INTA se plantean dos proyectos: uno que hace foco en la relación entre las actividades agropecuarias y las napas freáticas; y otro, sobre manejo integrado de cuencas para mejorar la toma de decisiones. Estas dos temáticas son el objeto de estudio y las claves para el manejo eficiente del agua subterránea.

Napas freáticas

Jorge Mercau, coordinador del Proyecto Disciplinar Interacción de Agroecosistemas y Napas freáticas del INTA, señaló qué es y cómo se forma una capa freática: “A partir de cierta profundidad los poros grandes del suelo almacenan agua, que llamamos napa freática, cuyo origen son lluvias que excedieron la evaporación y transpiración”.

Cuando las sucesivas lluvias o excesos hídricos acercan la capa freática a la zona de la raíz de la vegetación, en caso de estar frente a déficit hídrico, “puede transpirar esa agua, por ascenso capilar, determinando un descenso de la freática”.

“La profundidad desde la cual se produce la interacción con la vegetación depende de la textura del suelo y de la profundidad de las raíces”, esto significa que si la napa freática sube, se puede generar “falta de porosidad del suelo, anoxia en las raíces de los cultivos con la consecuente caída de rendimientos, evaporación directa desde la superficie y salinización”, ocasionando que el suelo “rebase” y se produzcan anegamientos e inundaciones.

Es decir, que el acercamiento de las capaz freáticas a la superficie debido a los cambios ejercidos por el hombre sobre el suelo, ocasionan los anegamientos e inundaciones que a veces padecen los agricultores.

Para reducir riesgos futuros hay que reducir la pérdida de agua en profundidad y también procurar usar el agua de la napa desde una mayor profundidad, para evitar que la misma tenga posibilidad de acercarse mucho a la superficie“, indicó Mercau.

Para ello, “es importante saber dónde estoy parado y cuál es la variabilidad de la oferta, para ajustar la demanda de los cultivos“, integrando las distintas variables como la “de las lluvias, evaluar la historia, el agua almacenada en el suelo hasta los dos metros, y el nivel de la napa a través del uso de freatímetros, que son caños de PCV que llegan a 3,5 o 4 metros”, indicó el especialista.

Esto permitirá adaptar la producción, por ejemplo, señala Mercau, “en otoño decidir que se va a sembrar trigo o hacer un cultivo de servicio, en primavera decidir si el cultivo de servicio lo tenemos que secar temprano o tarde y si la fecha de siembra del cultivo de verano puede ser temprana o tardía”. ” Si tengo un perfil cargado usarlo, no demorando la siembra”, o “si tengo la napa cerca, hacer una estrategia de doble cultivo, o hacer un cultivo de servicio de siembra temprana para consumir agua”, ejemplificó.
Foto: INTA.

Cuencas

Respecto a la situación y uso del agua de cuencas, el INTA señaló que se está en presencia de un fenómeno de profundización de los niveles de agua subterránea.

Hoy en día, los productores describen que se requiere más tiempo de bombeo para extraer igual volumen de agua que antes: “Estamos perdiendo las reservas de agua subterránea que tienen un valor inconmensurable”, advirtió Roberto Esteban Miguel, investigador referente de la temática agua del INTA.

Sobre este punto el especialista señaló que, si se dejara de bombear el agua, los niveles podrían recuperarse rápidamente pero en “áreas donde la explotación intensiva ha sido muy importante, los tiempos de recuperación pueden llegar a superar los 50 años”.

Además, estos procesos de pérdida de reservas de agua subterráneas pueden ocasionar “salinización de los sistemas acuíferos, desaparición de áreas de humedales, manantiales, y ríos; o la subsidencia (hundimiento) del terreno”, destacaron desde el INTA.

De esta manera, la recomendación de Miguel es que “hay que trabajar de manera intersectorial y con una visión de cuencas, formando comités técnicos y políticos que contribuyan a la Gestión Integrada de Recursos Hídricos“.

Por su parte, José Volante, coordinador del Programa Nacional de Recursos Naturales y Gestión Ambiental del INTA, expresó que “el cambio del uso del suelo es uno de los factores de la intervención humana, que mayor influencia tienen sobre los ciclos hidrológicos y sobre el cambio climático“, por ello es que “estamos obligados a tomar conciencia territorial”.

Volante se refiere a aplicar la disciplina del Ordenamiento Territorial a través no solo de políticas públicas volcadas en legislaciones pertinentes y planificación de estrategias del uso de los suelos basados en su capacidad y potencialidad, sino, además, a través de cada uno de los productores, implementando cambios en el uso del suelo que le permitan “maximizar la producción, que es el objetivo de su negocio agropecuario”.

Para ello el especialista señala que “crear territorios o paisajes heterogéneos, con corredores de bosques nativos, alambrados con cortinas forestales, respetando los escurrimientos, hacer un manejo racional de rotaciones, pueden ser formas de mitigar o disminuir los efectos del cambio de uso del suelo, adaptarse mejor a los cambios interanuales, reducir el riesgo de ascenso de napas freáticas y evitar salinización de suelos”.

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