Un negocio sin techo

Un negocio sin techo

La FAO advierte que los sistemas están al límite, «una tercera parte de los cultivos y casi la mitad de los de riego se ven afectados por la degradación de la tierra». Y para alimentar a la futura población en la agricultura mundial se tendrá que producir un 70% más de alimentos que en la actualidad, usando solo un 5% más de los recursos naturales. En ese caso, como indica Joan Rieradevall, miembro de Tectum Garden, ‘spin off’ del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales (ICTA) de la UAB, «necesitamos ciudades fértiles». Y una de las soluciones pasa por la agricultura vertical o ‘vertical farming’.

Un mercado en pleno auge en medio de las ciudades que construye un paisaje de torres de cultivo coronando las terrazas de los rascacielos o situadas en el interior de naves con olor a menta y albahaca todo el año. Y con recetas de luz a la carta controladas desde la tablet de un técnico. Las construcciones urbanas serán energéticamente más eficientes y las fachadas de los edificios podrán adoptar un tono verdoso acorde con la idea creciente de sostenibilidad. Solo así se podrá cultivar un futuro donde la seguridad alimentaria es un reto de las ciudades con una cuenta atrás integrada.

La consultora Allied Market Research ha pronosticado que en 2026 la industria del ‘vertical farming’ podría valer a nivel global hasta 12.770 millones de dólares. De ahí, que sea una propuesta que va acumulando adeptos como Jeff Bezos o Kimbal Musk, el hermano de Elon Musk. Y es que esta práctica de cultivar en estanterías apiladas o torres consigue sembrar grandes cantidades de productos en un entorno pequeño, porque como apunta Julián Briz, catedrático de ingeniería agrónoma de la UPM y miembro de la junta directiva de la Asociación mundial de infraestructuras verdes, «aprovechar los espacios es cada vez un factor más importante a la hora de proyectar las ciudades del mañana».

Tal es la optimización del crecimiento de las plantas que según la organización Vertical Farming Institute, cada metro cuadrado dedicado a la agricultura vertical produce lo mismo que un cultivo de hortalizas de 50 m2 de tierras de agricultura tradicional. Son invernaderos que tienen la ventaja de que ahorran un 95% del agua y no emplean sustancias agroquímicas, cuando en la agricultura tradicional se usan 2.300 millones de toneladas de pesticidas en todo el mundo, según la ONU.

La agricultura vertical puede tener dos fuentes de energía: una directa, solar, y otra indirecta, con leds que permiten acelerar el proceso de crecimiento de la planta. Además, es una solución deslocalizada, trasladable a cualquier parte del mundo e idónea para climas extremos y naciones isleñas dependientes de las importaciones de alimentos. Así se transforma la cadena de suministros de la granja a la mesa, por una producción de proximidad que reduce la huella de carbono con circuitos de transporte más cortos. Ya que cerca del 40% de la producción agrícola del mundo se merma en el camino que debe recorrer para llegar a las grandes ciudades.

Otro punto a su favor es que los productos están disponibles los 365 días al año, liberado de las condiciones climatológicas y del calendario. Se basa en una economía circular que reaprovecha al máximo el producto sobrante. Y que usa la robótica, la inteligencia artificial o los algoritmos para reunir datos y automatizar todo el proceso de cultivo. La principal técnica que se usa es la de la hidroponía, que prescinde de la tierra para cultivar los alimentos, sumergiendo las raíces en soluciones ricas en nutrientes. De hecho el mercado hidropónico se espera que crezca a nivel mundial hasta alcanzar los 725 millones de dólares en 2023, según Berkshire Hathaway.

Desde Corea del Sur, hasta Israel, China o Singapur- un país con solo el 1% de su superficie dedicada a la producción de alimentos- están todos ellos desarrollando proyectos. El informe de la consultora IDTechEx destaca que las inversiones en torno a las granjas verticales están aumentando y, desde 2016, se han recaudado más de 1.000 millones de dólares en financiación, sobre todo en Asia y en Estados Unidos. Japón, ya cuenta con más de 240 granjas verticales que se duplicarán en los próximos 5 años.

Una idea eficiente

Y en España las propuestas están madurando. Es el caso de Groots. El año que viene planean expandirse a Madrid, además de trabajar en la ciudad Condal, porque tienen clientes como Carrefour o Alcampo interesados en vender allí. Carlos Gómez, cofundador de la startup Groots, explica que esta propuesta junta «tres sistemas, uno es el cultivo hidropónico, el cultivo en vertical que permite aprovechar el espacio, y una agricultura en entorno controlado». Calibran parámetros que afectan a la planta como luz, humedad o nutrientes. Y afirma que «tienen torres de más de 4 metros de altura.

Cada planta pasa por una fase de germinación en la que ponemos una semilla en un sustrato que es el sustituto de la tierra. Diseñamos el espectro y decidimos exactamente qué longitud de onda le llega a cada planta. Si pretendemos que crezca más rápido o con más aroma programamos una luz u otra. Las ponemos en unas estanterías. Y cuando empieza a crecer y vemos que empieza a necesitar más espacio la pasamos a las torres». Esto tarda entre 30 y 45 días, y cosechan principalmente hierbas aromáticas y verduras de hoja verde todo el año. Su granja tiene 2.500 m2, «lo que intentamos crear aquí es un sistema de fábrica de plantas. Igual que ocurre con las fábricas de coches y en otras industrias. Pretendemos sistematizar todo y sacar productos de alta calidad y frescos».

La productividad es de 40 veces más que la agricultura tradicional. «Eso se debe a que la raíz no tiene que crecer hacia abajo para buscar agua porque ya se lo estamos dando directamente. La iluminación led supone el gasto energético más elevado por eso estamos llenando todo el tejado de placas solares. Así se combina rentabilidad con sostenibilidad y autoconsumo», establece Gómez. Tienen múltiples sinergias con otras compañías. «Son empresas que buscan un principio concreto de una variedad de plantas como la farmacéutica, la cosmética, la industria de los extractos alimentarios. Y en los proyectos de I+D trabajamos en variedades que son muy sensibles al clima o son muy difíciles de encontrar y probamos a cultivarlas aquí», señala Gómez.

Además, han logrado una subvención pública para aumentar la tecnología con inteligencia artificial. «La innovación tiene que ser una constante en este proyecto. Esta agricultura es una solución clave para un mercado enorme, como son las verduras, las hierbas aromáticas y los pequeños frutos. Pero no resuelve todos los problemas de alimentación ni de la agricultura intensiva», aclara Gómez.

Otra empresa barcelonesa relacionada con esta industria es Brotalic, que se dedica a cultivar microbrotes. Eduard Pla, fundador y gerente de Brotalic, explica que «el microbrote, es una fase intermedia entre el germinado y la planta ya madura. Son los primeros brotes de la planta a los quince días de crecimiento. Cultivamos unas veinte variedades, y contamos con un sistema de riego recirculante, en el que el agua que no absorbe la planta vuelve al depósito central». Desde su punto de vista la agricultura es uno de los campos que menos ha evolucionado y veía una oportunidad de innovar. «Sobre todo trabajamos con hostelería, restauración y catering. Nos centramos en microbrotes porque es un producto de nicho y creemos que tiene recorrido en el mercado».

Luz al final del túnel

Pero en todo esto un cuello de botella importante tiene que ver con el uso de leds. Supone el mayor coste, y algunos lo señalan como la parte menos sostenible de un proyecto verde. Por eso, se buscan soluciones con el uso de energías renovables con empresas como Novagric. Juan Pardo, responsable de innovación de la compañía, apunta que «la agricultura vertical tiene un gran potencial, y para resolver el problema con la iluminación hemos desarrollado alternativas de `vertical farming´ con energía fotovoltaica. Y también sin la utilización de luces led, mediante módulos que priorizan el acceso y distribución interior de la radiación del sol. Así es posible plantear sistemas productivos de agricultura urbana multinivel, sin requerir grandes inversiones de dinero».

Lo cierto es que empresas de todo el globo intentan optimizar la agricultura vertical, Amazon, Softbank o la multinacional de tiendas Walmart han invertido en Plenty. Esta empresa está usando drones y robots para mejorar el mantenimiento de los cultivos. Otro proyecto estadounidense a destacar es Aerofarms, la empresa líder del sector capaz de producir 120 variedades de vegetales. O una de las granjas verticales más grandes de Europa es la de Nordic Harvest, en Dinamarca, con 7.000 m2.Funciona con energía eólica y produce mil toneladas de verduras al año.

Las empresas de capital riesgo, los hoteles y los supermercados han mostrado interés por este ámbito. La empresa berlinesa Infarm, que cuenta con tecnología para producir verduras frescas en el propio supermercado, recaudó 100 millones de dólares de inversores de capital de riesgo.

Rascacielos-granjas

Otro nombre para la agricultura vertical es ‘farmscrapers’, derivado del término inglés ‘skyscraper,’ rascacielos. Después de las azoteas, terrazas y espacios comunitarios, el siguiente paso es añadir agricultura a los edificios. Como el diseñado por el arquitecto y profesor del MIT, Carlo Ratti. La torre Jian Mu de 218 metros y 51 plantas, pensada para construirse en la ciudad china de Shenzhen, sería capaz de proveer de alimento a 40.000 personas al año. Y es que cultivar en las ciudades, y más concretamente en edificios, supone un complemento.

El catedrático Briz explica que «una cubierta con agricultura es un manto de ahorro energético, las fachadas verdes pueden llegar a ahorrar un 20% de energía. Estamos debatiendo con el Parlamento Europeo las nuevas normas donde se considere que la agricultura vertical se incluya como elemento aislante de ahorro energético. Otro aspecto importante es la polinización. «En las zonas rurales los pesticidas están acabando con las abejas, y las zonas urbanas pueden ser nichos de polinización.

Además el efecto del cambio climático en las zonas verdes supone hasta un 3% de bajada de temperatura con respecto a las zonas no verdes. Y reduce la contaminación del aire y la acústica, ya que las zonas verdes absorben las ondas sonoras», destaca Briz. Sin embargo, señala que el mayor reto de la agricultura vertical es la aceptación de la sociedad y los problemas burocráticos para poder tener una cubierta verde. Porque no hay estímulos para ello en España. «Si las placas se combinasen con cubiertas verdes podrían mejorar el rendimiento en un 15%. Además hay placas solares que pueden ser translúcidas y tienen cultivos debajo», detalla Briz.

Joan Rieradevall, miembro de Tectum Garden, comenta que «investigamos la recuperación de las cubiertas infrautilizadas de nuestras ciudades, que representan más del 50%, solo en Madrid. Lo que pretendemos es transformarlas en espacios productivos para el desarrollo de alimentos con enormes ventajas. De tal modo que hablamos de una simbiosis entre el edificio y el invernadero. 

El calor residual de nuestros edificios en lugar de ir a la atmósfera puede calentar estos cultivos de agricultura vertical. También el aire que respiramos, por ejemplo, en las oficinas o en nuestras casas se renueva y tiene un nivel de CO2 alto, si lo integramos en el invernadero, las plantas crecen más rápidamente. Y el otro elemento es el agua de lluvia que se capta para los cultivos y se puede reutilizar. Y si se quiere usar un edificio en todos los niveles, incluso se pueden usar espacios infrautilizados en subsuelos como puntos de producción con leds». Así podemos encontrar granjas verticales en la estación de metro de Taiwán o en un antiguo refugio antiaéreo en el centro de Londres de la mano de la empresa Growing Underground.

Food Valley

El reto es lograr la rentabilidad con altos costes operativos y la investigación en el cultivo de nuevas variedades. En esta búsqueda frente a las soluciones tradicionales está el desarrollo del agritech con tecnología innovadora de última generación. Así en Dubái encontramos la granja vertical más grande del mundo, llamada Bustanica. Impulsada por Emirates Crop One. Está diseñada para generar más de mil toneladas de verduras al año y esperan ahorrarse 250 millones de litros de agua. Un paso más allá y en grado muy incipiente está el Seawater Vertical Farm. Una granja vertical con la particularidad de que utiliza agua de mar, en lugar de agua potable.

Food Valley en Holanda es un claro ejemplo de innovación, la Universidad e Investigación de Wageningen (WUR) es la principal institución de investigación agrícola del mundo. Es un grupo de nuevas empresas de tecnología agrícola y granjas experimentales que combinan biotecnología, realidad aumentada o IA. Y es que el cambio climático, el crecimiento de la población y el aumento de conflictos transformarán la manera de producir alimentos, y resulta evidente que una de las piezas clave que las empresas han detectado está en la agricultura vertical. La idea al final sería un mix de la agricultura tradicional con la vertical, para conseguir la tan deseada soberanía alimentaria.

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