Tendencias en el mundo del agro

Dos son las tendencias centrales de la producción agroalimentaria en el mundo de los próximos 10/15 años. La primera y fundamental consiste en sumergir a la producción agroalimentaria en la nueva revolución industrial, a través de la informatización (industrialización) en origen de la totalidad de los biomateriales. No sólo se trata de producir más, sino ante todo de multiplicar el valor agregado y la intensidad tecnológica en el universo de las materias primas.

La segunda tendencia, directamente derivada de la informatización / industrialización provocada por la nueva revolución industrial radica en intensificar el proceso en marcha de “descomoditización” de los productos primarios, terminando con la “indiferenciación” que los caracteriza, y que es la razón estructural de su bajo margen de ganancia y débil tasa de retorno.

Debates en la Argentina que sueña

El criterio esencial que guía este proceso de “descomoditización” es que la nueva revolución industrial –la 4° en la historia del capitalismo- funde lo real, lo virtual, y lo biológico en una nueva materia a través de la informatización. En ella, lo virtual predomina sobre lo físico, y lo biológico –punta de lanza de la transformación- se convierte en inteligente y autónomo.

Lo que termina definitivamente es la agricultura de escala (producción primaria masiva / “commodities”), cuyos logros se han definido históricamente en forma cuantitativa, sinónimo de producir más toneladas por hectárea.

El criterio cuantitativo es la contracara necesaria de la “indiferenciación”, y comparte por eso su mismo destino de agotamiento histórico. Lo que termina es la idea de hacer más de lo mismo, sólo que mejor.

Solo resta cosechar 150.000 hectáreas de soja en todo el país

En la nueva revolución industrial prima absolutamente lo cualitativo, el descubrimiento y creación de lo nuevo, convertido en equivalente de lo distinto y personalizado.

El fenómeno en Argentina

Este es el proceso de industrialización del agro argentino que se avecina en las condiciones de la revolución capitalista del siglo XXI, donde el conocimiento es más relevante como factor productivo que el capital o el trabajo, y en que el valor surge exclusivamente de la innovación, de lo nuevo, no del crecimiento repetitivo e indiferenciado.

La agenda agroalimentaria de un segundo gobierno de Macri debe expresar –y adelantarse- necesariamente a estas dos tendencias esenciales de la producción agrícola mundial. Por eso debe tener para ser eficaz un contenido profundamente disruptivo, colocándose deliberadamente en el camino de la búsqueda de lo nuevo y lo distinto, alejándose vocacionalmente de lo trillado, los lugares comunes, y lo políticamente correcto.

Esta es la trayectoria de los Premios Nobel de Bioquímica que tuvo la Argentina (Milstein / Leloir / Houssay), y de Bioceres, liderada por Federico Trucco en Rosario, creando el primer transgénico de trigo en el mundo. Hay que atreverse a encabezar el proceso mundial de innovación desde la Argentina.

Las ovejas, los pumas y el cambio climático

La inteligencia estratégica es la capacidad de adelantarse al futuro descubriendo lo esencial del presente. Rechaza por definición todo futurismo, y lo único que le preocupa es actuar y resolver en el eterno presente.

Esta semana comenzaron las exportaciones de carne vacuna de alta calidad a la República Popular China. Es un producto de marca (“Cabañas Las Lilas”) de la empresa Swift de elevados precios destinado a Shanghai, cuyo PBI per cápita asciende a U$S 20.000 anuales, el doble del promedio chino.

Siete de cada 10 dólares de carne exportada por la Argentina se dirige a China, y de ese total 2% son carnes de elevada calidad y altos precios (U$S 10.000 por tonelada vs. U$S 4.000 / tn de las de baja calidad).

La clave en China es concentrarse en la carne vacuna de alta calidad

Para la Argentina ese 2% de las carnes que exporta a China es mucho más relevante en una perspectiva de largo plazo que el 98% restante. Atrás del 2% de las carnes premium, que se multiplicarían por 10 ó 20 en los próximos 5/10 años, está la inmensa capacidad de consumo sofisticado de la nueva clase media china de 440 millones de personas con niveles de ingresos comparables a los de EE.UU. (U$S 35.000 / U$S 45.000 anuales), que serían 780 millones en 2025, y más de 1.000 millones 5 años después, y que constituyen el eje de la demanda mundial.

En el sector crucial de las carnes premium en el mundo y en China, la Argentina sólo compite con Australia, y su mejor carta de marketing es que la carne argentina es la mejor del mundo, lo que es un hecho que es preciso convertir en una evidencia en la República Popular.

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