¿Sabe mejor el maíz con algoritmos?

Los expertos esperan que la aplicación del ‘machine learning’, el internet de las cosas y el ‘big data’ duplique la producción de alimentos en 2050.

¿Las predicciones numéricas acabarán sustituyendo la intuición en la agricultura? Parece que las primeras son más fiables que la segunda. Sin embargo, esta disyuntiva, que también puede resolverse con una combinación apropiada de ambos elementos, ha despertado una controversia notable.

Cada vez hay más empresas especializadas en aplicar las últimas novedades tecnológicas –internet de las cosas, robótica, inteligencia artificial, big data, etc.– a los cultivos. Recientemente se ha añadido a la extensa lista el denominado aprendizaje de las máquinas –machine learning– con la promesa de aumentar la producción de alimentos y mejorar su calidad desde múltiples puntos de vista, incluido el de la salud.

Así, compañías como Veris o Climate trabajan en cierta consonancia de superar retos como el planteado por las Naciones Unidas, cuyos responsables subrayaron que, para que hubiese comida para todos los habitantes del planeta en 2050, el volumen actual tendría que duplicarse. Pero la creciente automatización de procesos que hasta hace poco eran mucho más básicos y elementales no está exenta de polémica.

“Muchos agricultores no saben interpretar los datos de sus campos que compran a firmas tecnológicas”

Los defensores del medio ambiente, por ejemplo, los agrupados en organizaciones como la Rainforest Alliance o Ecologistas en Acción alertan del daño ambiental que supuestamente ocasiona a gran escala la llamada “agricultura industrial”. Son conscientes de que gracias a aviones teledirigidos dotados de cámaras, tractores con ordenadores a bordo, sensores situados en emplazamientos diversos, etc., los profesionales de este sector entienden mejor lo que sucede en sus plantaciones y granjas con animales: vacas, ovejas…

No obstante, recuerdan que la mecanización imparable también causa perjuicios. Destacan los riesgos que, a su juicio, se derivan de las frutas, verduras, hortalizas, legumbres, etc. genéticamente manipuladas. Y, como también advierten desde la American Farm Bureau Federation, incluso dudan de que muchos agricultores sepan qué hacen exactamente con los datos de sus campos de las firmas tecnológicas cuyos servicios contratan.

En cualquier caso, los expertos señalan como un logro considerable lo que está sucediendo en grandes extensiones como las dedicadas al maíz en el Medio Oeste norteamericano. Como los satélites no pueden observar los terrenos a través de las nubes, los ingenieros e informáticos han desarrollado técnicas de aprendizaje automático para ver a través de ellas e ignorar sus sombras.

Los algoritmos son una guía precisa para la administración de las semillas, el agua, los pesticidas y los fertilizantes. De este modo, se detectan y hasta se evitan problemas como los de las plantas estresadas por un riego inadecuado o las enfermedades y plagas que pueden malograr cosechas enteras.

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