Las últimas ideas de agricultura en el cosmos

Las últimas ideas de agricultura en el cosmos

¿Has pensado alguna vez en cómo sería la creación de un sistema alimentario en el espacio? Para la NASA, este ha sido un gran quebradero de cabeza, para alimentar a los astronautas en misiones más alejadas y conseguir cultivar en la Luna o en Marte.

Durante la Guerra Fría, que situó a Rusia y Estados Unidos en polos opuestos, se generó un clima competitivo para lograr un desarrollo tecnológico superior al contrario. Esto es lo que se conoció como carrera espacial, la cual suponía un eficaz instrumento de propaganda.

En cuanto a los cultivos espaciales, ya existen antecedentes de países que consiguieron plantar en la Luna, a pesar de que la planta murió casi al momento. Tal fue el caso de China, una potencia espacial en crecimiento.

“En 2019, resultó que el equipo chino logró plantar la primera semilla y, tras ver aquello, nos pusimos en contacto para intercambiar información, llegando a firmar un acuerdo de colaboración en septiembre de ese año”, ha señalado a Business Insider España el ingeniero malagueño José María Ortega, líder del proyecto internacional Green Moon Project.

Este proyecto surgió gracias a una convocatoria internacional. Así, su trayectoria comenzó con una competición denominada Lab to Moon, organizada por TeamIndus, el equipo indio que participaba en la Google Lunar X Prize (GLZP), una competición impulsada por la Fundación X Prize y Google.

En aquel momento, la misma premiaba con casi 25 millones de euros a la primera empresa privada que fuera capaz de aterrizar sobre la superficie lunar, recorrer 500 metros y enviar los datos recogidos de vuelta a la Tierra. Desgraciadamente, el premio quedó desierto, aunque para Ortega se abrió un nuevo camino.

Este fue el origen de Green Moon Project, uno de los pioneros en el campo de la geología planetaria, la biología y la ingeniería aeroespacial, ya que son los pilares fundamentales sobre los que se asienta. Ahora, la NASA ha abierto una convocatoria parecida, por el gran quebradero de cabeza que suponen los cultivos espaciales.

Además, existen otros antecedentes de cultivos en el espacio, como el que protagonizan los rábanos en la Estación Espacial Internacional, donde ya existen algunos hábitats o invernaderos instalados. Estos mismos deberían centrarse, según Ortega, “en cultivos hortícolas que puedan proveer de vitaminas y minerales, ya que hablamos de la alimentación de un ser humano”.

Los problemas a los que se enfrentan los cultivos espaciales 

Para intentar solventar este problema y aglutinar todo el conocimiento científico sobre cultivos espaciales, la agencia espacial estadounidense, junto a la Agencia Espacial de Canadá, ha lanzado el Deep Space Food Challenge, cuyo plazo final para presentar proyectos termina en julio de este mismo año.

Aunque el premio sea atractivo –medio millón de euros–, la gran importancia de estas convocatorias reside en la convergencia tecnológica y de conocimiento que se produce en el ámbito científico, como ya ocurrió en el caso de Ortega.

“La NASA, cuando identifica que hay un reto o una necesidad, lanza este tipo de competiciones, este tipo de llamamiento a la comunidad científica y tecnológica para tratar de, entre todos, ver de qué manera dar soporte o dar respuesta a ese problema”, ha explicado Ortega.

Aun así, para el ingeniero malagueño el desarrollo de la tecnología es crucial para la conquista del espacio y la formación de cultivos espaciales, algo que poco a poco está mejorando, gracias a magnates como Elon Musk, quien ha lanzado una ingente cantidad de satélites recientemente al espacio.

De esta forma, en la actualidad, la NASA enfrenta una gran dificultad para alimentar a sus astronautas, ya que, periódicamente, tienen que enviar naves de abastecimiento para quienes residen en la Estación Espacial Internacional.

Esto implica una gran cantidad de recursos para la agencia y, por ello, busca otros modelos que sean más eficientes y propongan soluciones en el largo plazo.

Ortega ha coincidido en este punto, ya que “lo que está planteando la NASA con el Deep Space Food Challenge también va a generar toda esa parte para dar soporte a la futura alimentación en la Luna y en Marte, que se prevé esencial”. 

El futuro de los cultivos espaciales: la humanidad como especie interplanetaria

El mundo ha cambiado desde la Guerra Fría y, ahora, es esencial la colaboración internacional para conseguir dar un salto espacial. “Tenemos que pensar que al final el ser humano se va a convertir en una especie interplanetaria y tiene que ser sostenible, es una necesidad, no le va a quedar otra”, ha puntualizado Ortega. Es decir, que la Tierra no es nada más que el principio.

Aunque este tipo de proyectos muestran la importancia de favorecer el desarrollo tecnológico y científico de un país, Green Moon Project no ha recibido ningún tipo de subvención por parte de España. 

A pesar de ello, sí existen colaboraciones con diferentes entes públicos, como el Instituto de Geociencias –un centro mixto del Centro de Investigaciones Científicas (CSIC)–, la Universidad Complutense de Madrid (España) o la Red Española de Planetología y Astrobiología.

Cabe destacar también que el cabildo de Lanzarote les facilita las instalaciones y les ofrece muchas facilidades, ya que estos científicos tienen experiencia en misiones de la Agencia Espacial Europea y de la NASA. 

Fruto de esta combinación multidisciplinar, Ortega ha destacado la importancia de defender la ciencia y a los científicos, que “son la base económica y deberían ser la base económica de cualquier país”, según Ortega.

Es decir, que “no va a triunfar el que más ingleses se traiga a las playas de Málaga, sino el que sea capaz de inventar, ingeniar, crear propiedad intelectual, crear ciencia y vender esa ciencia”. Ojalá este sea el camino para que España se haga un hueco pequeño en el espacio.

Los retos para conseguir plantar en el espacio

A pesar de lo crucial que es conseguir generar cultivos en las superficies de otros objetos estelares, la tecnología tiene que avanzar aún más, por los grandes costes que implica, por ejemplo, el lanzamiento de esta al espacio.

Sin embargo, Ortega ya tiene la solución y se encuentra inmerso en la preparación de una misión para cultivar sobre la superficie lunar en 2022.

“Hay que pensar que China ha mandado una sonda y la consiguieron introducir dentro de las órbitas de Marte y, realmente, están dando pasos de gigante; será una potencia espacial en los próximos años”, ha señalado Ortega.

De esta forma, el ingeniero malagueño ha enumerado algunas dificultades a las que se enfrentó el equipo chino por aquel entonces, como los problemas técnicos y de iluminación, debido a que “ellos confiaban en que la luz natural del Sol funcionaría”.

Ahora, un año más tarde, la solución pasa por el desarrollo de una cápsula conjunta entre Green Moon Project y el equipo chino, con el objetivo de generar un espectro de luz que favorezca la fotosíntesis de la planta, una contribución propia del proyecto español.

“Las plantas no están preparadas para cultivarse directamente sobre la Luna o sobre Marte, por lo que tenemos que generar esas condiciones similares a las de la Tierra, para que la planta pueda germinar”, ha concretado Ortega.

A las dificultades asociadas a la luminosidad se une la de la atmósfera ya que, echando la vista hacia la Luna, la suya es 6 veces menor que la terrestre. Esto provoca, además, que las temperaturas no sean las mismas que en la Tierra, por lo que sería necesario crear esa atmósfera.

Por si esto fuera poco, la radiación cósmica, estelar y la propia del Sol, también son dificultades añadidas. En este sentido, “tenemos que ver dónde van a ir esos cultivos, dentro de esas cápsulas y, a su vez, dónde irán esos invernaderos, ya que necesitamos centrar la radiación, probablemente uno de los mayores problemas que vamos a encontrar”.

Finalmente, aunque habrá que esperar hasta 2022 para ver esto, la clave pasa por “domesticar la tierra y los cultivos”. Para ello, es necesario que la humanidad deje a un lado las diferencias y actúe como un conjunto, como una especie interplanetaria.

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