La tecnología y el ambiente, socios para la nueva revolución

La tecnología y el ambiente, socios para la nueva revolución

La producción agropecuaria requiere otro salto productivo, pero con alianzas. Lo que viene en adopción.

Así como fue pionera en la adopción de la siembra directa y en el desarrollo del silo bolsa, a la agricultura argentina no le queda otra que seguir innovando. Si bien la variable económica es la que hoy manda, y de manera casi tiránica, en los modelos agrícolas, la tecnología siempre está presente como el antídoto para devolverle rentabilidad al sistema. Aunque ahora requerirá nuevas alianzas para llevar a cabo su cometido. Para su inclusión en el lote, ya no le alcanzará con una relación costo-beneficio favorable, sino que el gran desafío será también gestar un vínculo más estrecho con el ambiente.

“Tecnologías para un nuevo salto productivo”. Con ese eslogan, los Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (Crea) diseñaron el contenido del programa para su Congreso Tecnológico que se realizó en tres sedes simultáneas: Santiago del Estero, Rosario y Mar del Plata.

“En el movimiento Crea queremos seguir dando el salto y seguir aprendiendo. El salto incluye a la empresa y también al entorno del que somos responsables. Ver cómo este salto positivo derrame sobre nuestras colectividades”, sostuvo Francisco Lugano, presidente del Congreso.

Todo por hacer

En la nueva función que se le exige a la tecnología, el agro tiene dos caminos: seguir dando con ella respuesta ante una determinada demanda ambiental, como lo viene haciendo hasta el momento, o liderar el debate con su implementación.

“El compromiso ambiental requiere de negociar mientras se produce. La producción agropecuaria tiene un gran poder sobre el territorio y por ello una gran responsabilidad. La aplicación de tecnología va a requerir del monitoreo permanente”, reconoció Esteban Jobbágy, investigador del Grupo de Estudios Ambientales del Instituto de Matemática Aplicada de San Luis. Para el especialista en ambiente, la agricultura, como todas las actividades humanas de gran escala, es insustentable.

De acuerdo con su visión, la historia ha demostrado que desde la revolución industrial hasta nuestros días lo único sustentable es el progreso. “Con él aparecen nuevos problemas, se genera nuevas soluciones. Y esas soluciones traen nuevos problemas”, indicó.

Recordó que la invención del proceso de reducción artificial de nitrógeno atmosférico, conocido como Haber-Bosch, permitió que las industrias realicen el trabajo que antes solo podían hacer las leguminosas.

Además de posibilitar que los 7.200 millones de habitantes del mundo estén mejor alimentados que los 1.800 millones de hace 100 años, la fertilización nitrogenada también generó sus problemas. “Hizo que se contaminaran aguas y eutrofizados lagos y humedales”, apuntó el investigador.

Si bien Jobbágy admitió que la contaminación por sobrefertilización, que encabeza la lista de preocupaciones en otras grandes regiones productoras, no es prioritaria en la Argentina. Pero sí lo es la pérdida de hábitats naturales y de recursos hídricos.

“De hecho, en una enorme parte de nuestras llanuras el uso conservador del agua que hace la agricultura causa problemas más serios: niveles freáticos más elevados, menor capacidad de albergar excesos de lluvia y, por lo tanto, anegamientos e inundaciones más frecuentes en la región pampeana. No necesitamos ahorrar agua de lluvia en estas llanuras; necesitamos usar las lluvias tan exhaustivamente como la hacían las pasturas o los bosques que reemplazamos con cultivos anuales”, sostuvo Jobbágy.

Con estas nuevas observaciones, la producción agrícola debe ser capaz de dar un nuevo salto. Y la tecnología que va a generar este nuevo crecimiento ya comienza a vislumbrarse.

Lo que viene

La bolsa de semillas, que contiene genética, biotecnología y la microbiología, será la punta de lanza del paquete tecnológico agrícola en los próximos cinco años.

“La fuerte inversión realizada por semilleros en informática y en software permite procesar multiplicidad de datos que provienen de miles de parcelas distribuidas por toda Sudamérica. En un lustro se podrán observar aumentos de rendimientos superiores al uno por ciento anual”, proyectó Gustavo Martini, coordinador de la Comisión de Agricultura del movimiento Crea.

El productor y asesor técnico recordó que la microbiología tuvo un desarrollo muy grande en los últimos años y pronosticó una gran oferta de productos con microorganismos, como inoculantes adaptados a modelos de producción en escala, tratamientos de semillas en plantas especializadas. Además de inoculantes con bacterias y hongos que colaboran en la nutrición de las plantas, incorporación simultánea de inoculantes para generar una risósfera, donde la planta soporte mejor el estrés abiótico.

A mediano plazo, lo que viene es el biocontrol y formulaciones con microorganismos para poder controlar enfermedades o insectos.

La maquinaria agrícola también será más precisa y veloz. Martini enumeró en esa dirección los desarrollos llevados a cabo por las fábricas en dosificadores neumáticos, tubos de bajada que acompañan la semilla hasta el fondo del surco y control de profundidad de siembra con sensores. Toda esta información conectada a una aplicación específica que permitirá su seguimiento en vivo.

Los próximos cinco años no serán muy fértiles en el desarrollo de nuevos modos de acción en fitosanitarios. Según el coordinador de Crea, el esfuerzo de las empresas del rubro estará puesto en desarrollar una mayor sinergia con la biotecnología y combinar mezclas para evitar resistencias.

FUENTE: lavoz.com.ar

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