El futuro de los cereales también es tecnológico

El futuro de los cereales también es tecnológico

Dos proyectos de la Universidad de Sevilla ponen a prueba distintas herramientas digitales en el proceso de búsqueda de nuevas variedades de trigo más productivas y más adaptadas al estrés hídrico.

El trigo es el cereal más cultivado del mundo (en términos de extensión de tierra). Por ello, encontrar nuevas variedades de trigo más productivas, resistentes a enfermedades y mejor adaptadas a las condiciones del terreno es vital en términos agronómicos y comerciales.

La FAO estima que la producción de trigo deberá crecer más de un 50% para el año 2050, para responder a las necesidades de alimento ante el aumento de la población mundial. En el aumento de la productividad de los cereales, la mejora vegetal juega un papel protagonista.

Pero si hasta ahora las nuevas variedades dependían de la experiencia y el buen ojo del mejorador, las nuevas tecnologías se integran también en este proceso, acelerando la mejora de los cultivos herbáceos extensivos y objetivando la toma de datos.

Por tanto, la digitalización llega también a los cultivos de secano de la campiña sevillana. Prueba de ello es el proyecto «Pressing» de la Universidad de Sevilla, centrado en el desarrollo de herramientas digitales para la mejora vegetal en los cultivos del trigo y el maíz. Los ensayos del proyecto se están realizando en colaboración con Agrovegetal, en el caso del trigo, y con Corteva Agriscience, en el caso del maíz.

Plataforma de fenotipado para maíz / Agrónoma

El proyecto consiste en centralizar en una única plataforma terrestre todos los sensores (radiómetros, térmicos, espectrales, láser, etc.), cámaras RGB, equipos de georreferenciación y ordenadores para la toma de datos.

Esta plataforma de fenotipado consta de dos motores eléctricos, con ruedas delanteras directrices y traseras motrices, y en el caso del trigo se está probando en los ensayos de mejora que Agrovegetal tiene en una finca entre Escacena del Campo (Huelva) y Aznalcóllar (Sevilla), donde se evalúan hasta 150 nuevas variedades de trigo harinero y otras 150 de trigo duro.

Modelos predictivos

«La plataforma tiene una barra donde van instalados todos los sensores. Al pasar por encima del cultivo va recabando información. Luego, este conjunto de datos, haciendo uso de técnicas basadas en Inteligencia Artificial como las redes neuronales, nos permite desarrollar modelos para la estimación del índice de área foliar y modelos predictivos del rendimiento del cultivo», explica Gregorio Egea, investigador principal del proyecto.

De esta forma «vamos recopilando información de muchas variables relacionadas tanto con las características geométricas y estructurales del cultivo como a nivel fisiológico. En particular, podemos determinar qué variedades se están adaptando mejor o peor a un estrés hídrico causado por una sequía o por un manejo de riego deficitario, midiendo el impacto que tiene sobre la capacidad fotosintética del cultivo o a nivel de transpiración. Una información muy importante a la hora de buscar nuevas variedades mejor adaptadas al cambio climático».

Plataforma del proyecto Pressing de la Universidad de Sevilla / Agrónoma

El proyecto Pressing se encuentra ya en su fase final, ya que finalizará en los próximos seis meses (junio de 2021). No obstante, la Universidad de Sevilla también tiene en ejecución otro proyecto relacionado con nuevas tecnologías y destinado al cultivo del trigo.

Se trata del proyecto «Robig-US», que finalizará en febrero de 2022. Consiste, según explica Gregorio Egea, «en desarrollar metodologías que permitan identificar de forma temprana daños por ataques de Roya en el trigo».

Los datos, basados en imágenes hiperespectrales y modelos tridimensionales de las plantas obtenidos con el sensor LiDAR servirán para desarrollar modelos de aprendizaje automático que permitirán, en una segunda fase, cuando instalemos esos sensores en un dron, distinguir posibles focos de este hongo, permitiendo al agricultor hacer un tratamiento temprano y reducir el impacto negativo sobre la producción».

Aunque hasta ahora sólo se han realizado ensayos en condiciones controladas en invernadero, este proyecto también se está llevando a cabo en colaboración con la empresa obtentora Agrovegetal.

El director de Agrovegetal, Ignacio Solís, señala que «es importante contar con dinero público para poder probar estas nuevas tecnologías en condiciones de campo y no sólo de invernadero». «Tecnologías hay muchas ya en el mercado, pero hay que buscar siempre las herramientas más eficientes a cada problema y tener en cuenta la especificidad de cada cultivo, pues lo que funciona en cítricos y en olivar no tiene porqué adaptarse bien al trigo. Por ello, estos proyectos son novedosos, porque desarrollan la tecnología específica para dar solución a un sector muy concreto y olvidado por la inversión e investigación privada, pese a su importancia en la alimentación mundial», apunta Solís.

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