Cuál es el alcance de la revolución digital en el agro

Cuál es el alcance de la revolución digital en el agro

Vivimos en un mundo cada vez más digitalizado. Nos comunicamos digitalmente, nos informamos -cada vez más- digitalmente. Compramos, pagamos, nos divertimos, viajamos y nos relacionamos de manera digital. La economía se “digitaliza” rápidamente. Las empresas más grandes del mundo son empresas digitales. Aun en una economía como la Argentina, Mercado Libre —un emblema de la economía digital— se destaca como la compañía más valiosa de la Argentina con una capitalización 17 veces superior a YPF.

En el año 2015, con la intención de medir el nivel de digitalización de la economía de los Estados Unidos, la prestigiosa consultora McKinsey desarrolló un índice de digitalización —el cual lleva su nombre— que combina 27 indicadores para medir el nivel de digitalización de una determinada industria. Estos datos pusieron de manifiesto que el sector agropecuario, que ocupa un rol protagónico en la economía mundial y que es, a fin de cuentas, tal vez el más esencial de los analizados, ocupaba entonces el último lugar dentro del listado.

El informe McKinsey fue un severo llamado de atención: la industria del agro se estaba perdiendo de herramientas que podrían traerle respuestas inesperadas. A partir de aquel momento, se disparó un acelerado proceso de digitalización de la agricultura. Miles de start-ups de todo el mundo han comenzado a desarrollar soluciones digitales para los agricultores de todo el mundo.

¿Pero cuál es el factor que impulsa a estos emprendedores a focalizarse —finalmente— en el sector agropecuario? La necesidad de innovación en tecnología agroalimentaria es mayor que nunca. Esta situación crea muchas oportunidades para emprendedores y tecnólogos para innovar y crear nuevas eficiencias en la cadena de valor. El universo digital promete respuestas que el agro está buscando desde su nacimiento.

Detrás de cada uno de estos emprendedores hay una historia y un sueño. Por ejemplo, Santiago González Venzano es un compañero de facultad que alcanzó un notable reconocimiento como asesor agropecuario. Cansado de manejar miles de kilómetros semanalmente solo para recorrer los lotes de sus clientes, desarrolló una plataforma de monitoreo basado en imágenes satelitales a fin de poder registrar todas las observaciones sobre un soporte digital minimizando los errores y facilitando los análisis posteriores.

Ese fue el comienzo de Solapa 4 (cuyo nombre se basaba en que, por aquel entonces, la planilla de cálculo Excel solo disponía de 3 solapas) una de las primeras start-ups agropecuarias argentinas, luego devenida en simplemente S4.

Inversores de todo el mundo comienzan a prestar atención a este segmento del mercado (conocido como Ag Tech o Farm Tech). El proceso es lento: en el año 2013, este segmento atrajo inversores por 1 billón de dólares (una cifra ínfima comparada con los montos que atraen otras industrias); pero, en solo seis años, este monto se multiplicó casi cinco veces: durante el año 2019, se concretaron inversiones por 4.7 billones de dólares. De ese total, 2.7 billones se concentraron en los Estados Unidos. Argentina ocupó un apreciable décimo lugar en la lista con dos casos emblemáticos: Satellogic, que consiguió 50 millones de dólares para ampliar la constelación de satélites que utiliza para la captura de imágenes terrestres, y Agrofy, que recaudó 23 millones de dólares con el propósito de convertirse en el Mercado Libre agrícola.

Los inversores del universo Ag Tech se caracterizan por su predisposición a aceptar inversiones riesgosas y esperar, en consecuencia, retornos extraordinarios (en el mundo financiero, se los conoce como Capital de Riesgo y son un paso intermedio para el objetivo último: salir a la bolsa). El sueño de cualquier emprendedor es llegar a la bolsa y ofrecer su empresa a miles de accionistas. Pero, para llegar a ese objetivo, son necesarias sucesivas rondas de financiación, cada una de esas etapas se conoce como Series y se identifican con letras. En la medida que un emprendimiento va superando series sucesivas, es un claro indicador de la confianza creciente de los inversores que lo acerca al momento más esperado: la Oferta Pública de Acciones (o IPO, por sus siglas en inglés Initial Public Offering).

Una de las start-ups del agro que más atención (y más inversión) convocó en los últimos años fue Indigo Ag, la cual tuve la oportunidad de liderar en su llegada a la Argentina, en el año 2017. Fundada en el año 2015 por un grupo emprendedor de Boston conocido como Flagship Pioneering, recaudó, en enero de 2020, 360 millones de dólares en su Serie F y, a lo largo de 5 series de financiación, recaudó más de 1 billón de dólares, lo que la convirtió en el primer unicornio del agro (precisamente, por tratarse de casos extremadamente poco frecuentes, se denomina “unicornios” a los emprendimientos que alcanzan una valuación de 1 billón de dólares). A pesar de esta trayectoria exitosa, Indigo Ag aún no llegado a la ambicionada Oferta Pública de Acciones, algo que espera lograr durante el 2021.

Hasta el momento, las Ofertas Públicas de Acciones de empresas Ag Tech han sido pocas y espaciadas. A pesar de la pandemia —o precisamente a causa de ella—, en el 2020, Farmers Edge —una empresa canadiense— logró la primera Oferta Pública de Acciones de una empresa Ag Tech, lo que demuestra la creciente confianza del público en este universo.

Hace apenas unos días se concretó la primera venta de una start-up Ag Tech argentina a una brasilera: Agrosmart acaba de anunciar la adquisición de Boosteragro —fundada por Marcos Alvarado y Sebastian Galdeano—. BoosterAgro es una de las aplicaciones meteorológicas líderes en América latina, con más de cien mil usuarios activos. ¿Será este el comienzo de una etapa de consolidación de las start-ups con la intención de acelerar la captura de usuarios y ganar masa crítica rápidamente? ¿Estamos frente al comienzo de un proceso de consolidación de empresas similar al ocurrido —en un pasado reciente— durante la revolución de las empresas puntocom?

La evidencia se acumula y pone de manifiesto que la revolución digital en el agro ha comenzado y avanza con paso inexorable: día a día, el agro se digitaliza y comienza a familiarizarse con herramientas y soluciones insospechadas hasta hace muy poco tiempo. Somos espectadores privilegiados del nacimiento de una nueva agricultura: la agricultura del futuro.

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