Como revertir la desertificación social: Una visión desde el sudoeste bonaerense

Las migraciones internas, de las cuales casi ni se habla, alimentan un problema estructural enorme de la Argentina: la hiperurbanización, con profundas asimetrías regionales. El ordenamiento territorial sería la Política de Estado, pertinente, cuando el país decida mirar hacia el futuro. El ojo de la tormenta está en la Provincia de Buenos Aires y el sudoeste no escapa a esa impronta.

Una de las variables más relevantes, para el desarrollo, está centrado en nuestra actitud frente a las pequeñas y medianas empresas, por todo concepto. Las más relegadas, y no casualmente, son las del ámbito agrario: desde hace muchas décadas rige una política de concentración y deslocalización económica. En nuestra zona ya existe un proyecto para viabilizar estas unidades productivas, con adición de buenas prácticas.

Con estas dos premisas, escala y tecnología, se configura la multifuncionalidad agrícola: residencia local, protección del ambiente y el paisaje, más generación de alimentos saludables. Las ventajas de este modelo son incontrastables, con proyecciones multiescalares, sencillamente porque se apoya en sistemas sostenibles. Su implementación, factible, es una inversión muy redituable para toda la sociedad.

La prescindencia de componentes sociales y ambientales, frente a las productivas, es el factor clave de la situación actual: proliferación de “pueblos fantasma” a partir de una virtual hegemonía del modelo agroindustrial. El “éxodo rural” implícito, deriva en desertificación social que -de hecho- acelera la desertificación ecológica. La contracara se manifiesta en una alta distancia producción-consumo y el colapso de grandes ciudades y megalópolis no planificadas.

Una política de descentralización y desconcentración nacional, a partir de la reconversión del complejo agroalimentario, sería el corolario natural de esta apretada síntesis. En esa visión, el sudoeste bonaerense puede exhibir un protagonismo ejemplar. Entre otras cosas, desde una ruralidad habitada y habitable, con tejido social y comunitario, con infraestructura, servicios y mejor calidad de vida.

Colaborador: Tomás Loewy

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