¿Cómo influye la investigación alimentaria en nuestras vidas?

¿Cómo influye la investigación alimentaria en nuestras vidas?

Dar soluciones innovadoras a pacientes con cáncer o ‘apps’ que permiten entender las etiquetas son algunos logros de la I+D+i en nutrición, clave para que el consumidor tome las mejores decisiones.

La inteligencia artificial, el ‘food tech’ o el ‘big data’ son conceptos que forman ya parte indispensable de la investigación en materia alimentaria y que cada vez son más utilizados por empresas y entidades debido a las múltiples ventajas que permiten.

Un ámbito, el de la I+D+i relativo a la nutrición, cuyo impulso es fundamental para que el consumidor esté bien informado y tome así las decisiones que mejor se adecúe a sus necesidades. Asimismo, aspectos tan relevantes como la seguridad alimentaria, los productos impresos en 3D, las dietas basadas en el ADN, las propuestas innovadoras que tratan de aportar comodidad en sus comidas a los enfermos de cáncer, las ‘apps’ que permiten entender las etiquetas nutricionales o los sistemas de control de dolencias como la diabetes en dispositivos móviles son algunos de los logros que permite la tecnología aplicada a la alimentación.

Proporcionar soluciones prácticas de formación profesional y educativa para futuros agricultores urbanos contribuyendo así a concienciar a la sociedad sobre el papel de la agricultura urbana en la sostenibilidad ambiental y socioeconómica de las ciudades es el objetivo de‘Innofarming’, proyecto europeo Erasmus+ K204 ‘Asociaciones Estratégicas en el ámbito de la Educación de Personas Adultas’ y desarrollado por el Instituto Agroalimentario de Aragón (IA2).

“La investigación en temas de nutrición y salud es clave para aumentar el conocimiento sobre los beneficios y mecanismos de actuación de los alimentos y sus distintos componentes. También es necesario investigar en otros ámbitos como la actividad física, las tecnologías de procesado y conservación de alimentos o en áreas sociales que estudian factores de compra, aceptabilidad e influencia psicosocial en las mismas. Además, es crucial la divulgación y comunicación a la sociedad; solo un consumidor bien informado podrá tener unas correctas decisiones de compra y de consumo”, apunta Sara Remón, Gestora y Promotora de Proyectos del IA2.

Entre las formas en las que la tecnología puede ayudar al consumidor en su día a día la doctora en Ciencia y Tecnología de los Alimentos destaca soluciones sencillas como las ‘apps’ de lectura de etiquetas nutricionales o “las técnicas de análisis que permiten identificar multitud de componentes de los alimentos y evaluar los efectos sobre la salud del consumo de los mismos, así como el desarrollo de sensores que posibilitan monitorizar procesos e incluso identificar biomarcardores de riesgo”.

En el apartado de las personas que tienen necesidades nutricionales específicas también existen ejemplos, como los sistemas de control de diabetes en dispositivos móviles u otros métodos rápidos de detección de alérgenos o sistemas de cuantificación de gluten. “Poco a poco, los sistemas de detección que se van desarrollando son más fáciles de usar y permitirán en el futuro su uso por el propio consumidor, lo que le dará mayor garantía en sus decisiones nutricionales”, apunta Remón.

En el IA2, más de 200 doctores trabajan en distintas líneas de investigación en toda la cadena agroalimentaria que va ‘del campo a la mesa’. Unos programas que están destinadas tanto a potenciar la investigación de excelencia como a favorecer la transferencia de esta al sector. 

A lo largo de su carrera, la investigadora ha participado en diversas iniciativas que reflejan la importancia de la I+D+i en la nutrición, como una sobre fortificación de panes en ácido fólico para mujeres gestantes o el proyecto ‘Higea’, en el que se trabaja en la reducción del índice glucémico de distintas matrices alimentarias. Y, recientemente, al IA2 le han concedido otro proyecto Erasmus+, cuyo acrónimo es ‘Indeed’ y que está destinado a desarrollar guías de alimentos texturizados para personas con disfagia.

Soluciones para enfermos

A este respecto, cabe subrayar igualmente planes como ‘Oncofood’, un proyecto europeo financiado por EIT Food y coordinado por AZTI, centro de investigación especialista en la cadena de valor alimentaria y marítimo-pesquera, para diseñar nuevas soluciones alimentarias innovadoras dirigidas a pacientes de cáncer considerando sus requerimientos nutricionales y sus alteraciones sensoriales, promoviendo así el placer de comer y previniendo la malnutrición. 

“Se están desarrollando distintas soluciones alimentarias dirigidas a cubrir sus necesidades nutricionales, sensoriales y de textura. Productos como cremas, sopas o sazonadores deben integrarse en su día a día y que sean de fácil acceso para casa. También soluciones a nivel hospitalario cuando se necesitan texturas adaptadas obtenidas con la tecnología de impresión 3D”, explica Itziar Tueros, coordinadora de departamento de Alimentación y Salud en AZTI.

La doctora en Química afirma que la clave de este tipo de proyectos está en el trabajo desarrollado por equipos multidisciplinares, que incluyen expertos de diferentes campos como tecnología de alimentos, bioquímica, nutrición y dietética, consumidor y análisis sensorial. “Además, es necesario que exista una orientación a mercado, de forma que la investigación no se quede en un cajón, sino que se transfiera a este y sea así accesible para el paciente”, agrega.

Transformar la ciencia en desarrollo sostenible y saludable, poniendo la investigación y la ciencia al servicio del bienestar común de toda la sociedad es uno de los principales objetivos de AZTI, donde también se trabaja sobre los últimos avances en biotecnología, que se reflejan en las técnicas ómicas –nutrigenética, proteómica, metabolómica, lipidómica, microbiota–. “Aplicadas en el campo de la alimentación, nos permiten profundizar en cómo los alimentos repercuten en la prevención o la evolución de enfermedades y proporcionar recomendaciones nutricionales personalizadas, más precisas y adaptadas según las características moleculares de cada persona, ya que no todos reaccionamos de igual manera a los alimentos, por lo que constituyen una herramienta para mejorar nuestra salud a través de mejorar nuestros hábitos nutricionales”, sostiene la también investigadora de la Fundación Científica de la Asociación Española contra el Cáncer.

Precisamente, los estudios clínicos nutricionales, caracterizando perfiles moleculares de diferentes grupos poblacionales para el diseño de estrategias de nutrición personalizadas, constituyen otra de sus líneas de trabajo. “Además de pacientes con cáncer, trabajamos con niños o adultos con sobrepeso y/o obesidad, embarazadas, población senior y deportistas. Para poder llevarlo a cabo, colaboramos con hospitales y médicos de referencia, por tanto, la coordinación entre el sector salud y el alimentario resulta clave para poder generar resultados de impacto y que puedan trasladarse a la sociedad”, sostiene la experta.

Por su parte, y sobre el contexto que deja la pandemia y que ha puesto de manifiesto la importancia de la investigación, Remón espera que se traduzca en una apuesta clara por la misma ya que sin esta “no hay futuro”. “Parece que existe un interés claro en ahondar en el efecto que la dieta puede tener en la potenciación del sistema inmunitario. Además, en nuestro instituto hay investigadores que trabajan en temas relativos a la zoonosis y el concepto de ‘one health’, por lo que sus investigaciones están directamente relacionadas con las que se desarrollan para combatir la pandemia”, añade.

Por último y en cuanto a los retos futuros de la investigación en materia alimentaria, Remón señala como el principal “integrar la sostenibilidad en todo el sistema productivo”. “Lo que implica también a la nutrición y a los hábitos alimentarios, donde se debe contemplar la sostenibilidad medioambiental y la socioeconómica. Debemos investigar para tener una alimentación más sostenible y saludable que nos permita contribuir a un nuevo modelo social y económico europeo”, concluye.

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