Agricultura orgánica no necesariamente significa condiciones laborales más justas

El primer predio sindicalizado en los EEUU, Swanton, se halla entre un número cada vez mayor de productores que están adoptando una nueva etiqueta: Certificado como Alimento Justo. Tan solo diez millas al norte de Santa Cruz, una abollada cosechadora de colores negro y amarillo se encuentra oxidándose en el pasto junto un maravilloso tramo de la carretera costera de California. Desde su lecho se alza la enorme silueta en forma de fresa de una madera pintada de rojo con penachos verdes que se desprenden desde su parte superior pretendiendo ser hojas. Una señalética detrás del camión reza “Degustación de mermelada” y apunta hacia la oficina central de Swanton Berry Farm, el primer predio orgánico sindicalizado de los EEUU.

Los términos “orgánico” y “sindicalizado” rara vez aparecen juntos por una razón. Ganar la certificación orgánica y sindicalizar a los trabajadores es caro y consume tiempo. Para agricultores que ya operan con márgenes de ganancias ajustados, la idea de hacer ambas cosas puede ser desalentador. traducido por agriculturers.com. Bruce Goldstein, presidente de la organización sin fines de lucro Farmworker Justice (justicia para el trabajador agrícola) de Washington D.C., estima que de los alrededor de 2,5 millones de trabajadores del campo en los EEUU, tan solo alrededor de 25.000 están sindicalizados. Y sólo un pequeño porcentaje de esos 25.000 trabajan en predios orgánicos.

“Siento empatía por los agricultores que no pueden pagarle más a sus trabajadores”, dice el agricultor Jim Cochran, quien fundó Swanton en 1983 y que ahora es un activo hombre de 69 años y pelo blanco. “Estoy tratando de probar que es económicamente factible ofrecer buenos beneficios y sueldo digno y seguir generando dinero sin acudir a subsidios”.

La solución “Directo al consumidor”

Una de las formas con las que ha conseguido hacerlo es vendiendo aproximadamente el 75 por ciento de su producto, directo a los consumidores. Un pintoresco local de un piso, ubicado detrás del cobertizo, vende los productos de Swanton. El interior propina el familiar tono de elegancia rústica del norte de California: Cuernos, piñas gigantes, herraduras, mapas, y una reliquia de reloj que decora las paredes de madera. Jarros de cristal con mermeladas de mora, zarza olalia, y fresas llenan las estanterías de una choza renovada; unas calabazas kabocha naranja se hallan apiladas sobre canastas de mimbre; y rebanadas de pacana, manzana, y pastel de bayas hechos en casa, se alinean en los estantes de un enfriador.

Sin embargo, mezclado con todo el capricho del campo hay un tema más político. En el mostrador del frente se encuentra el perfil de una revista de 1969 de un legendario sindicalista, César Chávez. En la pared, detrás de la caja registradora del honor –más de esto después- cuelga la distintiva bandera rojo y negro de los Trabajadores del Campo Unidos, el águila con alas abiertas en su centro es un símbolo que Chávez esperaba pudiera inspirar valor en los trabajadores del campo. Un mensaje a un lado de la puerta delantera dice: “Todo aquí es hecho en casa por trabajadores del sindicato y puede ser comprado usando el sistema del honor”.

Aunque la solución “directo al consumidor” limita la distribución a un área más pequeña, también elimina el porcentaje de cada venta que beneficia a los intermediarios, lo que finalmente redunda en mayor margen por dólar para Swanton. Swanton vende algo de sus productos a Whole Foods, una tienda que según Cochran está dispuesta a pagar un precio Premium ya que cree en el valor del predio. traducido por agriculturers.com. Pero las ventas directas, en la forma de mercados de agricultores, campos de bayas de recolección para los mismos clientes, y la tienda propia de Swanton, son la categoría más lucrativa.

Cochran ha eliminado incluso el rol del cajero en la tienda: los clientes pagan por pastel, frutas, mermeladas, sopas, y café, al poner la cantidad correcta de dinero en la “registradora del honor”, una caja de madera asentada en frente de la tienda. Los billetes de más de US$20 se deslizan por una pequeña cámara detrás de la registradora, y se invita a las personas a tomar su propio cambo de pequeños billetes que se hallan sin vigilancia en el mostrador.

Un malentendido común

La historia de Swanton, es una colección de primeros: fue el primer predio de fresas en ser certificado como orgánico en California en 1987. En 1998, fue el primer predio orgánico en firmar un contrato con los Trabajadores del Campo Unidos, y sus trabajadores han estado sindicalizados desde entonces. En el 2005, los trabajadores empezaron a recibir bonos de acciones que les permite ser propietarios parciales del predio. traducido por agriculturers.com. Hoy en día, los 24 empleados permanentes de Swanton, ganan salarios por hora que van desde US$10,75 a US$15,50 dependiendo de la antigüedad. También reciben completo aseguramiento médico, aseguramiento dental, les pagan los días de enfermedad y vacaciones, tiempo extra, y bonos. La compensación total promedio es de alrededor de US$18 por hora.

La mayoría de los recolectores de bayas en California son remunerados de acuerdo a cuanto cosechan, un sistema que incentiva el trabajo rápido y favorece a los más jóvenes y saludables. Aunque es posible para los recolectores rápidos el ganar un salario por hora decente, generalmente se les da a estos empleados trabajo temporal, lo que los fuerza a moverse o a encontrar otros trabajos por el resto del año. En contraste, todos los trabajadores en Swanton, tienen empleos de tiempo completo durante todo el año, y muchos han estado en el predio por años. Además de bayas, Swanton produce también habas verdes, calabazas, zapallos, brócoli, coliflor, y otros productos, por lo que entre plantar, cosechar, mantener, y procesar, hay trabajo suficiente para todo el año.

El empleado de mayor antigüedad en Swanton es un hombre de 53 años de edad llamado Porfirio. Ha estado en Swanton por más de 20 años, y al igual que otros 17 empleados, vive en el alojamiento que Cochran provee por solo US$90 al mes. “Me gusta el hecho de que la fruta aquí es orgánica, y me gusta que Jim cuida muy bien de la gente”, dice. Él solía trabajar en un predio de bayas de California no sindicalizado que no era orgánico. “Las frutas olían mal por los pesticidas, y la temporada era más corta”, afirma. “Trabajas 10 horas al día, por seis días a la semana, sin beneficios, quizás por tan solo cuatro meses al año. Es mucho mejor aquí”.

Swanton es uno de los pocos pero cada vez más predios que están adoptando una nueva etiqueta para los consumidores llamada “Certificado como Alimento Justo”. La organización sin fines de lucro Proyecto de Justicia Agrícola, supervisa la certificación de los predios por medio del monitoreo y el asesoramiento, para asegurar de que puedan cumplir con las docenas de estrictos estándares que cubren la seguridad de los trabajadores, compensación, transparencia, y trato justo. La cofundadora Elizabeth Henderson, una agricultora orgánica a su vez, espera que la etiqueta pueda corregir un malentendido común: que el alimento etiquetado como orgánico ha sido producido también por trabajadores que son tratados bien y remunerados con un salario decente.

En la actualidad hay seis granjas certificadas como Alimento Justo en los EEUU, pero otros 25 están haciendo mejoras y pasando por las inspecciones necesarias para ganarse la etiqueta. “He estado practicando agricultura orgánica desde 1979”, dice Henderson. traducido por agriculturers.com. “Nos tomó 20 años hacer que se reconociera el término. Creo que el Alimento Justo se halla hoy en la posición que estaba lo orgánico en 1979.

Por su parte, Cochran ha conseguido mantener a Swanton lucrativo a lo largo de los años, gracias al sacrificio personal, así como a prácticas de negocio innovadoras. Aproximadamente una década atrás, luego de que un hongo exterminara un cultivo completo, puso su propia casa como aval por un préstamo para mantener al predio andando. traducido por agriculturers.com. Aún sigue viviendo un estilo de vida simple. El último año, hizo alrededor de US$45.000. Aunque esa cifra podría ser considerablemente más alta si les pagara menos a sus empleados, Cochran es un verdadero creyente en el derecho de los trabajadores del campo de tener una buena compensación. “Quiero que sean de clase media”, asegura. “Se lo merecen”.

Porfirio, que espera poder llevar su propio predio algún día en México, reflexionó sobre el por qué tan pocos predios son tan generosos con los trabajadores como Swanton. “Cada persona tiene un corazón diferente”, dice “Jim tiene un buen corazón, la gente buena es escasa”.

traducido por agriculturers.com.

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