Ya no hay contradicción en la “intensificación sustentable”

Casi un tercio de las granjas del mundo defienden prácticas amigables con el medio ambiente, según revela un nuevo estudio. Esta cifra, que cubre cientos de millones de granjas en todo el mundo, sugiere que se está produciendo un cambio global hacia la intensificación sostenible: la práctica de aumentar la producción agrícola a la vez que se protege el medio ambiente.

La intensificación sostenible abarca desde la incorporación de más árboles en las tierras agrícolas hasta la reducción del uso de pesticidas. El estudio, publicado en Nature Sustainability, examinó los datos de la granja en busca de pruebas de estas y otras medidas ecológicas, revelando que están apareciendo en innumerables granjas de todo el mundo. Para ser exactos, los investigadores encontraron que 163 millones de granjas están usando alguna forma de intensificación sostenible en sus tierras. Eso equivale al 29 por ciento de todas las granjas en el planeta que adoptan técnicas agrícolas “verdes” que también ayudan a la producción agrícola. Medidos por área terrestre, los investigadores encontraron que estos esfuerzos ecológicos ocurrieron en 453 millones de hectáreas de tierras de cultivo, un hecho sorprendente, porque eso equivale a aproximadamente el 10% de todas las tierras agrícolas en el planeta hoy en día.

Si bien esta idea de “intensificación” en la agricultura ha sido históricamente impopular, fusionarla con la sostenibilidad la transforma en una de las pocas soluciones viables para el futuro de la agricultura en un planeta sobrepoblado y cálido. “Más alimentos y mejores servicios ecosistémicos no necesitan ser mutuamente excluyentes”, señalan los investigadores dirigidos por la Universidad de Essex. Y su creciente popularidad se debe al hecho de que está diseñado para proteger el medio ambiente sin afectar los resultados de los agricultores.

Por ejemplo, las granjas que evitan la labranza podrán mantener suelos saludables y también aumentar la productividad y reducir el costo de la maquinaria en funcionamiento. Las medidas para integrar los árboles con los cultivos no solo promueven la biodiversidad, sino que también pueden ayudar al crecimiento de los cultivos y complementar las cosechas de los agricultores con valiosas frutas de árboles. Las granjas que maximizan la eficiencia del agua, limitan la aplicación de pesticidas y reducen el uso de fertilizantes también ahorrarán agua, reducirán la contaminación y protegerán la biodiversidad, al tiempo que reducirán los costos operativos generales de los agricultores.

Ya hay signos de todo el mundo de que estos métodos ofrecen enormes beneficios. El estudio cita evidencias poderosas de Cuba, por ejemplo, donde 100,000 agricultores lograron reducir los niveles de pesticidas a solo 15% de sus niveles anteriores, mientras simultáneamente elevaban su productividad en un 150%.

Para hacer sus descubrimientos, los investigadores examinaron documentos académicos y datos agrícolas para identificar cientos de métodos de “agricultura ecológica” que constituían una intensificación sostenible. Luego redujeron su selección a solo aquellos métodos que ocurrieron en 10,000 granjas o más, o en un área de tierra de más de 10,000 hectáreas. Esto aseguró que se centraran solo en las iniciativas más impactantes. A partir de este conjunto de datos pudieron estimar que varios cientos de millones de granjas en todo el mundo son parte de esta revolución verde en la agricultura, lo que revela de repente el impacto masivo de la intensificación sostenible. Las impresionantes cifras sugieren que esta forma de cultivo ha alcanzado un punto de inflexión que podría provocar un cambio general en la forma en que se realiza la agricultura, conjeturan los investigadores.

Sin embargo, para que esto se realice plenamente, los países necesitarán incentivar la agricultura ecológica con políticas de mayor apoyo, muchas de las cuales actualmente son débiles e ineficaces en todo el mundo, señalan los investigadores. Aquí es donde los consumidores tienen un potencial sin explotar para provocar el cambio, con su creciente deseo en muchas partes del mundo de producir productos ecológicos. Esa presión económica irresistible en última instancia podría ser lo que hace que la agricultura siga avanzando en la dirección correcta, hacia un futuro donde la sostenibilidad y el beneficio puedan coexistir.

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