Un ejemplo de agrosustenibilidad a nivel mundial

Un informe elaborado por los profesores universitarios Juan Carlos Pérez Mesa y Lucía Aballay para la Interprofesional Española de Frutas y Hortalizas (Hortiespaña) aporta las razones por las que los cultivos protegidos de la provincia están considerados entre los más sostenibles del mundo.

Ese estudio ha sido recogido por la Organización de Asociaciones de Productores y Exportadores de Productos Hortofrutícolas de Almería (Coexphal) para defender un modelo que “lejos de ser un sistema productivo que agota los recursos hídricos o de territorio, que explota a los trabajadores inmigrantes o que usa pesticidas o fertilizantes inapropiados, es una agricultura con altos parámetros de sostenibilidad en lo económico, lo social y también en lo medioambiental”.

Los argumentos

Las alrededor de 31.000 hectáreas bajo plástico de Almería se distribuyen entre 12.500 explotaciones y familias. Es decir, existe una escasa concentración de la propiedad, dado que la superficie media es de 2,4 hectáreas por explotación, según datos de IFAPA.

El 62% de la comercialización de frutas y hortalizas se hace a través de cooperativas o sociedades agrarias de transformación (SAT) lo que mejora la posición del agricultor dentro de la cadena de suministro y el acceso a financiación y tecnología.

Según el Índice de Gini, que mide la equidad distributiva de los ingresos entre la población con valor de 0 (igualdad máxima) a 1 (desigualdad máxima), la media para Almería, en el periodo 2000-2016, fue de 0,322 frente a un 0,337 de España; por lo que existe una distribución muy equitativa de la renta.

A ello se añade una elevada formación del agricultor, ya que un 81% tiene algún tipo de formación oficial reglada, incluyendo más de un 15% con formación universitaria o bachillerato.

Medio ambiente

Almería es un territorio de clima semidesértico, con poca agua, y según los autores del informe, “cuando un turista en avión o accede por las carreteras, se horroriza y a la vez se asombra ante el mar de plástico. La “fealdad” de los invernaderos y su aparente aglomeración se puede ver desde otra perspectiva si ese turista supiera que la superficie “plastificada”, de 30.456 hectáreas, sólo representa el 3,4% del total del territorio provincial que tiene un 49,79% de territorio protegido, muy por encima de Andalucía (30%), de España (27%) y de Europa (12%).

Esas 30.000 hectáreas tienen además la capacidad de ser las más eficientes en uso del agua. La captación de las residuales, plantas desaladoras, el arenado, el riego por goteo, la fertirrigación y su perfeccionamiento con controles informáticos y sensores dan como resultado una huella hídrica 20 veces menor que en el resto de España, con 844 m3 per cápita, mientras que baja a 44 m3 en Almería.

Y ha quedado demostrado que los invernaderos han tenido un doble efecto beneficioso para el medio ambiente con la reducción de la temperatura media anual de -0,25ºC y ha aumentado el coeficiente de reflexión para la radiación solar, llamado albedo.

Sumidero de CO2

El modelo almeriense ha sido capaz de mitigar el incremento del CO2 gracias a la acumulación de carbono por parte de las plantas por lo que cada hectárea de invernadero es capaz de fijar entre 8 y 10 toneladas anuales de C02.

Almería es ya referente del control biológico de plagas. Hace diez años que esta práctica fue adoptada por el 80 por ciento de la superficie invernada. Es también la primera provincia andaluza en producción ecológica.

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