Suelo: sin buenas prácticas agrícolas no hay futuro

Con apenas un par de frases contundentes, el ingeniero Miguel Angel Taboada, director del Instituto de Suelos del INTA, habló de la condición que presentan hoy los suelos del país durante su participación en el último Congreso de Aapresid.

“Los suelos argentinos difieren enormemente en su tipología, fragilidad y capacidad de uso. Podría afirmarse que su sustentabilidad se encuentra muy amenazada en aquellos suelos vulnerables climáticamente (regiones áridas y semiáridas), en general, por procesos de erosión eólica y salinización, fomentados por sobrepastoreo y desmonte”, indicó.
“En los suelos de mejor aptitud, la sustentabilidad depende del manejo con agricultura conservacionista; que combinan el uso de siembra directa, dobles cultivos con cereales invernales y cultivos de cobertura, pasturas y adecuada reposición de nutrientes. Prácticas como la agricultura y ganadería por ambientes, el control integrado de plagas, el manejo adecuado de agroquímicos y sus residuos en el agro contribuyen a la sustentabilidad”, completó.

– ¿Cómo podemos evitar impactos negativos ambientales por el manejo inadecuado de suelos? 
– Afortunadamente, es muy simple evitar los impactos negativos. Sólo con aplicar las buenas prácticas agrícolas, que consisten en no dejar nunca el suelo desnudo entre cultivos, retornar residuos al suelo como rastrojos, pastorear dejando descansos periódicos, no usar sistemas de labranza agresivos, fertilizar adecuadamente, etc.
A su vez, Taboada planteó que para fomentar el cuidado de la tierra es necesario generar un rédito en el negocio. Destacó, en ese sentido, que “hacer bien las cosas” en el mundo se paga. A modo de ejemplo, mencionó que Bunge prohibió a nivel global la compra de aceite de soja de lugares deforestados, algo que fácilmente se puede controlar con trazabilidad.

Desafíos
En su presentación, Taboada señaló los desafíos de la agricultura ante el cambio del uso de la tierra, más el cambio climático, que llevaron a la erosión del suelo, los excesos hídricos e inundaciones, la creciente salinización y los deslizamientos y aludes, sumada al alto desbalance de nutrientes y acidificación y la contaminación por insumos agropecuarios.
El magíster en ciencias del suelo precisó que la erosión por el agua, el viento y las labranzas es el proceso de degradación más difundido a nivel global. Pero en Argentina más de 100 millones de hectáreas están erosionadas. La siembra directa moderó la gravedad de la erosión, pero el proceso no se detuvo. La erosión hídrica genera pérdidas por 30 millones de dólares al año según el INTA.
“Los suelos se están empobreciendo”, subrayó Taboada sobre el impacto por la pérdida de materia orgánica y el desbalance de nutrientes que se genera entre lo que se exporta en las cosechas y lo que se repone vía fertilización u abono orgánico.
Sobre la salinización de los suelos, el investigador del Conicet dijo que se trata de un proceso de amplia difusión geográfica y apuntó que también tiene que ver por la prevalencia de unas 12 millones de hectáreas de suelos de campos bajos afectados por napas cargadas en sales próximas a la superficie. “Los problemas de salinidad han sido agravados por el desmonte y la desaparición de pasturas”, señaló.
En ese sentido, consideró que se está haciendo agricultura “en lugares de riesgo”, por eso dijo: “No le echemos la culpa siempre al gobierno”.
El director del Instituto de Suelos del INTA remarcó que “hay que defender la biodiversidad como buenos seres humanos y porque estamos comprometiendo la productividad”.
El profesor asociado en la cátedra de fertilidad y fertilizantes de la FAUBA explicó que los principales desafíos que enfrentará el sector agropecuario en los próximos años tienen que ver con la regulación de las inundaciones, la pérdida de biodiversidad y la contaminación difusa.
Puntualmente, sobre la pérdida de biodiversidad indicó que las causas tienen que ver con la homogeneización de los paisajes, los desmontes y desaparición de pastizales y pasturas y el uso no responsable de agroquímicos. Los riesgos tienen que ver con la falta de polinizadores, especies amenazadas que aparecen, pérdida de corredores biológicos y especies invasoras.
“La falta de esquemas comerciales que contemplen la trazabilidad de los métodos de producción y la certificación nos limita y nos va a limitar aún más la entrada a mercados con requisitos progresivos de trazabilidad, como la Unión Europea y el Reino Unido”, puntualizó el analista.

Deja un comentario