Sanidad vegetal: la clave del futuro agrícola

Sanidad vegetal: la clave del futuro agrícola

La alimentación es una de las piedras angulares de nuestra salud. Cada vez consumimos alimentos más sanos y saludables, algo que es posible gracias a la alta calidad de nuestra agricultura. Y es aquí donde la sanidad vegetal juega un papel fundamental.

Los productos fitosanitarios –es decir, las medicinas de las plantas– son una herramienta imprescindible para prevenir y controlar las plagas y enfermedades que acechan a los cultivos en un entorno cada vez más cambiante y globalizado.

Además de minimizar los posibles daños provocados por agentes nocivos externos, estos tratamientos también ayudan a incrementar la productividad y la calidad de las cosechas. Porque al igual que sucede con las personas, las plantas requieren de sus propios tratamientos y cuidados para crecer sanas y fuertes.

De ahí la importancia de seguir innovando en la investigación y en el desarrollo de nuevas soluciones mucho más efectivas y sostenibles, para que la agricultura pueda hacer frente con mayor fortaleza a estas amenazas.

Pese al importante peso que el sector primario tiene en la economía española, con 750.000 agricultores y ganaderos que generan el 13% del total de la producción agrícola de la UE, el gasto en I+D del sector agroalimentario en España ha caído el 17% en los últimos años. Una cifra muy alejada del incremento del 37% en el conjunto de la UE, según sostiene el informe El futuro del sector agrícola español, elaborado por la consultora PwC y promovido por la Asociación Empresarial para la Protección de las Plantas (Aepla).

En un mercado cada vez más globalizado y bajo un marco normativo muy complejo, que exigirá aumentar la productividad y competitividad de manera sostenible para garantizar el abastecimiento de alimentos a una población cada vez mayor, el futuro del sector agrícola pasa por construir una estrategia que coordine la actuación de todos los actores implicados, para conseguir un objetivo común: la sostenibilidad económica, social y medioambiental del sector.

La sociedad cada vez está más preocupada y concienciada por el calentamiento global y la escasez de recursos naturales, tanto a nivel medioambiental como agrícola. En este sentido, para construir un sector viable, innovador, sostenible e inclusivo, la apuesta por la I+D+i, la tecnificación y la digitalización ha dejado de ser una opción para convertirse en un elemento decisivo.

En el nuevo escenario que se plantea, cada vez más complejo por las limitaciones que impondrá el cambio climático y la competencia internacional, será fundamental que los agricultores dispongan de las mejores herramientas y recursos para producir.

Este es un terreno muy amplio, que abarca la utilización de nuevas técnicas y tecnologías en las explotaciones; la disponibilidad de productos y soluciones de sanidad vegetal para asegurar la prevención, el control y la erradicación de plagas y enfermedades o la introducción de nuevos cultivos y variedades. Para que esto suceda, el sector va a tener que seguir apostando fuertemente por la investigación.

Anticiparse a las amenazas

Por todo ello, una industria fitosanitaria innovadora, capaz de adaptarse y anticiparse a las nuevas amenazas, es esencial para el futuro de la agricultura y el bienestar de nuestra sociedad en su conjunto, ya que repercutirá en que los alimentos que todos consumimos gocen de las mejores condiciones posibles en términos de calidad, sostenibilidad y seguridad alimentaria.

Desde Aepla inciden en la necesidad de avanzar en la sanidad vegetal, con una apuesta clara por el desarrollo de nuevas iniciativas y proyectos. “Estamos plenamente comprometidos en trabajar por la innovación, la tecnología y la mejora de la disponibilidad de productos, con el objetivo de incrementar la productividad y generar impacto”, admite su director general, Carlos Palomar.

Esta asociación, que engloba a las principales compañías fabricantes de productos fitosanitarios en España, tiene claro que la transformación del sector agrícola no puede acometerse de forma aislada, sino que requiere de un esfuerzo conjunto de todos los agentes e instituciones implicadas, con el fin de que sus esfuerzos y propuestas vayan en la misma dirección. El reto es enorme, al igual que la oportunidad que supone tanto para la agricultura como para el resto de la sociedad, la economía y el medio ambiente.

Aepla estima que la tecnificación y digitalización de la agricultura podría permitir aumentar la producción agrícola española en un 8,8% en el año 2050.

Este crecimiento supondría un impacto de 3.313 millones de euros en términos de producción ese mismo año, con un impacto acumulado en los próximos 30 años de 54.682 millones de euros.

Además, el desarrollo de variedades de cultivos adaptados a las nuevas condiciones climáticas podría permitir aumentar la producción en un 12,9%. Y también supondrá ahorro de costes y de racionalización en la utilización de recursos naturales. Por ejemplo, solo la extensión de la agricultura de conservación hasta su máximo potencial podría generar ahorros de 807 millones de euros anuales. A su vez, la expansión de esta práctica podría evitar la emisión de 741 millones de toneladas de CO2 desde la actualidad hasta 2050.

En este contexto, la Comisión Europa (CE) ha decidido tomar un papel activo en este sentido, impulsando la estrategia De la granja a la mesa, también conocida como Farm2Fork, encaminada a conseguir un sistema alimentario más saludable, sostenible, justo y respetuoso con el medioambiente en la UE.

Algunas medidas propuestas por la CE pasan por la reducción de fitosanitarios en la agricultura en los próximos años, limitar el uso de fertilizantes, disminuir las ventas de antimicrobianos para animales de granja y de acuicultura, e impulsar el desarrollo de los cultivos ecológicos en la UE con el fin de que, en 2030, el 25 % de todas las tierras de cultivo se dediquen a la agricultura ecológica.

Desde Aepla, destacan el interés de la CE por la optimización del modelo agrícola europeo y recuerdan que, como ya ocurre hoy, la regulación de fitosanitarios en la UE es tremendamente rigurosa con la seguridad, tanto para la salud humana como para el medio ambiente. De hecho, los actuales productos fitosanitarios homologados que se encuentran en el mercado superan un proceso de I+D+i que se prolonga durante un plazo medio de 11 años, desde que se comienza con la realización de las primeras pruebas hasta su comercialización definitiva.

Estrategia equivocada

Si bien se considera muy positivo que la CE oriente sus esfuerzos a promover la modernización y adaptación gradual del sector agrícola a las posibilidades que el ofrece su entorno, fuentes de Aepla consideran que la Comisión Europea se equivoca al enfocar su estrategia “en los insumos que, precisamente, garantizan la eficiencia de la producción agrícola como son los fitosanitarios”.

Para la patronal del sector, los objetivos planteados por Bruselas son “descabellados e incoherentes entre sí”. Un ejemplo es su apuesta por reducir la aplicación de productos agroquímicos (o fitosanitarios) mientras a su vez aboga por un aumento de la agricultura ecológica y la recuperación de la biodiversidad. “La mitad del uso de productos fitosanitarios que se emplean actualmente en la agricultura española está basado en fungicidas orgánicos, básicos para la agricultura ecológica y una reducción supondría mayor ocupación de tierras para una misma producción, con el consecuente aumento de emisiones de CO2 a la atmósfera. En consecuencia, resulta esencial la necesidad de poner en marcha estudios de impacto previos, por países y cultivos, antes de llevar al terreno estas aspiraciones”, argumentan desde Aepla.

Los responsables de esta asociación sostienen que la innovación agrícola y la sanidad vegetal no pueden ser consideradas nunca como un problema, sino más bien como una parte fundamental de la solución, para garantizar la satisfacción de las necesidades de alimentos de la población con un consumo de recursos mucho más eficiente y sostenible.

Por todo ello, desde Aepla, como ocurre desde muchos otros ámbitos representativos del sector agrícola en nuestro país, reclaman a las autoridades europeas que se siga considerando al sector fitosanitario y de la sanidad vegetal como un socio necesario para implementar la nueva estrategia agrosanitaria en el conjunto de la Unión Europea, “y siempre tomando como referencia únicamente criterios racionales y basados en la ciencia, ajenos a posicionamientos subjetivos y sustentados únicamente sobre planteamientos políticos, sin ningún tipo de rigor o apoyo de la evidencia científica”.

En este sentido, desde la Asociación Empresarial para la Protección de las Plantas, como entidad experta y representativa del sector, consideran prioritario reiterar su total predisposición para prestar su colaboración y asesoramiento al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación en este sentido, con el convencimiento de que juntos se puede alcanzar una solución que contribuya a garantizar un futuro mejor para nuestra agricultura y nuestro entorno en su conjunto.

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