Recuperando tomates en Argentina

La recuperación del sabor en los tomates y hortalizas que se producían en la zona es hoy una tarea concreta y la realizan en Cinco Saltos, en una cátedra universitaria que prescinde de las tecnologías de hibridación y rescata a las viejas variedades.

Mientras en los mostradores de las verdulerías llueven las quejas por los productos acartonados e insulsos, en el taller agrícola de la Facultad de Agronomía de la Universidad del Comahue funciona un banco de semillas que rescata tomates y hortalizas que eran una delicia. Esas que dejaban jugo en el fondo de la ensaladera y en la que muchos mojaban la miga del pan.

La iniciativa se presenta como alternativa a la producción en escala y recupera antiguas prácticas de producción, respetando las características agroecológicas de nuestra región.

A través de cursos de capacitación y prácticas en terreno, el material se ofrece a pequeños productores y huertas comunitarias y escolares para que continúen el ciclo. Así, renacen las variedades relegadas, que quedaron en el olvido en los 80, con el auge que cobraron de los híbridos y las semillas importadas, que garantizaban menor descarte.

Seis variedades de semillas de tomates (ver aparte), otras de zapallito de tronco, una de tipo anco, lechugas, cebollas y dos de maíces son multiplicadas y preservadas. “Las guardamos como una forma de proteger la identidad productiva de nuestra zona”, explicó Horacio Verdile, docente de Agrarias y a cargo del proyecto.

Al especificar sobre los aspectos técnicos del proceso, el ingeniero agrónomo dijo que la particularidad de estas semillas es que “al ser de polinización abierta y no estar modificadas genéticamente, se pueden seguir sembrando indefinidamente”.

Destacó además la importancia del comportamiento variable de las viejas semillas, ya que “ante una eventualidad climática o plagas, algún individuo es probable que escape o sobreviva. En cambio, en el caso de los híbridos, si eso sucede perecen todos porque tienen iguales características”.

La idea de crear un banco de resguardo surgió a partir de una necesidad de los consumidores por reencontrarse con las variedades adaptadas a las condiciones agronómicas de la zona y el reclamo por recuperar el gusto.

Para ponerlo en práctica, el plan que desarrolla un equipo de docentes, no docentes, alumnos y graduados de Agrarias, empezó por la sistematización de toda la información sobre las características y comportamiento de cada variedad. Cuál es el momento de siembra y cosecha, el soporte de las plantas, si el producto rinde mejor para consumo en fresco o para industria, y otras variables.

Luego, y con capacitación previa, se entregan las semillas a grupos de productores para que se conviertan en multiplicadores.

Verdile explicó que es muy visible en otros países la tendencia a revalorizar los cultivos típicos, desarrollando proyectos locales y redescubriendo producciones olvidadas.

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