¿Quién pone el dinero para los cultivos?

El panorama de la agricultura ya venía poniéndose interesante por las pérdidas de soja de Argentina y la magra cosecha de trigo de Estados Unidos. Y tras el informe de la semana pasada de áreas de siembra en la zafra 2018/19 en ese país por parte del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por su sigla en inglés), quedó ratificado que 2018 puede ser el año más interesante de los últimos tiempos en materia de precios para los granos.

Una bocanada de oxígeno

Para la golpeada agricultura uruguaya, puede ser una bocanada de oxígeno conseguir buenas cosechas de trigo, cebada, colza o carinata en invierno. E ir por la revancha luego con maíz, sorgo o soja. Es fundamental para un sector que intenta reponerse de un 2017/18 que trajo una mala cosecha de invierno y una sequía que golpeó duramente a la de verano, que está iniciando su trilla.

Nadie esperaba una baja de área en Estados Unidos ni para maíz ni para soja. Especialmente para la oleaginosa la pregunta era cuánto subiría la superficie sembrada. Y sin embargo de acuerdo al USDA bajaría la superficie de ambos cultivos que empiezan a sembrarse en estos días en el principal exportador mundial de granos. Y por su tamaño relativo, lo que pasa en Estados Unidos es determinante para los mercados globales.

En el maíz, se esperaba que la superficie quedara aproximadamente igual. El propio USDA tenía dicha proyección en su primera estimación, que no era en base a datos de campo. Pero resultó ser que en esta, la primera estimación con datos reales, marcó una caída de casi 900 mil hectáreas, de 36,5 millones de hectáreas a 35,6 millones. Eso significaría que a igual rendimiento la producción sería unas 10 millones de toneladas menor.

Más sorprendente aún fue la proyección de la superficie de soja, que se esperaba en un franco aumento dados los precios firmes generados por la sequía que afecta a Argentina y Uruguay. Pero el USDA también contó menos hectáreas. La estimación quedó en 36 millones de hectáreas, 850 mil menos de lo que esperaban los analistas privados en promedio y 500 mil menos que el año anterior.

El mismo día el USDA presentó el reporte de stocks que se desvió de lo previsto, pero en sentido contrario. Más reservas de granos de lo que se esperaba, tanto en maíz como en soja.

Para el mercado fue mucho más fuerte el dato de área, determinante de toda la zafra 2018/19, que el de reservas. Es decir, los precios se dispararon. Si el área se confirma, habrá caída de stocks en el mediano plazo y cualquier problema climático en Estados Unidos determinará un mercado propenso a subir.

Y como en Kansas la sequía continúa, el trigo con referencia a Chicago también está muy firme. En este caso los datos no fueron tan amigables, ya que el área superó lo que se esperaba para Estados Unidos. El USDA estimó 19,2 millones de hectáreas, 500 mil más que el año anterior y 400 mil más de lo que se esperaba. Pero ahí impulsa la sequía que afecta a zonas trigueras desde Kansas hasta Texas y que se agudizó esta semana.

Si solo fuera por los precios esperables, puede decirse que hay una base firme para apostar a los granos principales de secano.

Referencias de precios locales

A nivel local, el alto piso de precios se genera por arrastre de la suba del maíz, grano escaso en toda la región. En Uruguay, cabe esperar que la tonelada de maíz supere holgadamente los US$ 200 a lo largo de este año. Y ya se han ofrecido cotizaciones de arranque del trigo que se ubica en los
US$ 190 por tonelada.

Al mismo tiempo, la competencia que empieza a desatarse por la soja de la región lleva a que la diferencia de precios entre Chicago y el puerto de Nueva Palmira se haya diluido, hasta pagarse esta semana en ocasiones un precio superior al de Estados Unidos por la soja uruguaya puesta en el puerto. A grandes rasgos, sin que sean precios exuberantes, están entre US$ 20 y US$ 40 por encima de las referencias de la cosecha pasada.

Pero esos precios no están ni cerca de compensar las fuertes mermas de rendimiento que se espera cuando las cosechadoras, dentro de una semana, empiecen a levantar los primeros lotes de soja y sorgo. Ya se sabe que en maíz las chacras que no recibieron buenas lluvias están dando en algunos casos menos de 3.000 kilos por hectárea y, por lo tanto, aún con un buen precio no se llegará a cubrir los costos. Lo que agrava un problema ya muy serio de la agricultura, el financiero. La perspectiva es muy buena para la próxima zafra, pero ¿quién la financiará?

El factor financiero en juego

Todo está para plantar. Pero la situación financiera de los productores y especialmente de los proveedores de insumos es notoriamente peor que un año atrás.

Mientras el endeudamiento bancario ha subido y se ha estabilizado, pero sin repetir los volúmenes de deuda de anteriores situaciones de crisis, la deuda con proveedores, mucho más difícil de cuantificar, es un secreto a voces que ha crecido fuertemente y crecerá más por los malos resultados de esta cosecha. Y la morosidad en algunos casos empieza a crecer.

Según el monitoreo del Banco Central del Uruguay, el endeudamiento del agro, que no pasó los US$ 300 millones hasta 2007, se mantiene estable en torno a US$ 1.700 millones desde 2016.

Existe la percepción generalizada –sin mediciones posibles– de que el endeudamiento en los últimos tres años se ha salido de la órbita bancaria para ser trasladado a quienes proveen de productos y servicios a los productores. Atrasos en los pagos de esos productos y servicios constituyen una situación cada vez más difícil de sostener que muchos advierten está a punto de cortar la cadena de pagos.

De los US$ 1.760 millones de pasivo de los principales rubros del agro, los productores ganaderos tienen créditos por US$ 700 millones y los agrícolas otro tanto, con unos US$ 500 millones de los productores agrícola ganaderos (US$ 492 millones a febrero). Los solamente agrícolas suman US$ 211 millones.

La morosidad todavía es baja, pero va subiendo. Viene de menos de 1% de los créditos en 2012 a algo más de 4% a febrero de este año. La morosidad entre los productores de oleaginosas se ha disparado particularmente. Está en 23%. Tiene una cierta zafralidad, por lo que baja en los meses de cosecha, pero ante lo que serán tal vez los peores rendimientos de este siglo, lo que cabe esperar es que siga subiendo en el segundo semestre. Ahí radica una parte muy importante del problema a encarar.

Otra parte está en quienes proveen servicios. Con área en baja y un parque de maquinaria que tuvo una fuerte renovación en los momentos de auge, comprado mayoritariamente a crédito a cuenta de trabajos por realizar y programaciones hechas con precios más altos de los granos, este es uno de los sectores que enfrenta un porvenir de enormes esfuerzos para cumplir con los créditos tomados.

Allí hay US$ 197 millones de créditos, de los cuales 12%, o US$ 24 millones, está vencido.

En el horizonte, rendimientos buenos pueden enderezar una situación frágil. Pero esas cosechas están muy lejanas. Antes hay que levantar las muy malas de este año, cuya cosecha de maíz está en curso y la de soja empieza en una semana. Ambas serán muy magras y luego a esperar a la cosecha de invierno en noviembre para tener un nuevo ingreso.

Por eso muchos se preguntan, en el medio, ¿quién financiará la siembra de cultivos de verano de la próxima primavera?

Los mercados dan buenas señales a los productores, pero con eso no alcanza.

La sequía más dañina del mundo

El portal Weather Underground publicó durante esta semana un informe en el que apunta que el desastre más grave desde un punto de vista económico en lo que va de este año es la sequía que afecta a Argentina y Uruguay, cuyo costo estima en US$ 3.900 millones.

La estimación de los costos la hizo el broker de seguros Aon Benfield.

El informe indica que “La falta de lluvias estivales este año en Uruguay ha provocado las peores condiciones de sequía en esa nación desde 2008/09”.

Los funcionarios de la industria local anticiparon pérdidas económicas superiores a los US$ 500 millones, que se clasificarían como el desastre más caro de la nación en la historia, se indicó.

“El récord anterior fue el costo de US$ 380 millones de una sequía en 1999”, se citó en el mencionado informe de Weather Underground.

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