Pistachos: sin riesgo de burbuja pese al ascenso meteórico del cultivo

En una década se han plantado 25.000 hectáreas de uno de los cultivos más rentables para los agricultores y en el que España puede seguir creciendo durante los próximos 50 años.

Ningún cultivo en España ha tenido la progresión meteórica del pistacho. En la Encuesta de Superficie y Rendimientos de Cultivos (Esyrce) del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación no figuraba en 2008 ni una sola hectárea de este frutal. Diez años después son 44.900 las que están plantadas en España.

Durante la última década la expansión de las pistacheras ha sido constante hasta que hace tres años, los crecimientos fueron ya exponenciales. En 2016 creció la superficie un 66,8 por ciento, un año después un 49,1 y el pasado ejercicio, con 9.116 hectáreas más, el aumento ha sido de un 57,2 por ciento.

El furor por el pistacho como cultivo alternativo a otro tradicionales y menos rentables se ha centrado fundamentalmente en Castilla-La Mancha, comunidad que acapara el 82 por ciento de la superficie nacional.

Pese a que la rápida y acelerada expansión del pistacho puede hacer planear la sombra de la burbuja, la realidad es bien distinta. España no sólo tiene un largo recorrido en este cultivo, sino que puede aprovechar como ningún otro país europeo e incluso de todo el mundo las buenas condiciones climatológicas para consolidarse como un referente.

El ingeniero agrónomo José Francisco Couceiro, del Centro de Investigación Agroambiental El Chaparrillo, perteneciente a la Junta de Castilla-La Mancha, asegura que “el margen de recorrido que tiene el pistacho es mucho mayor que el de la almendra, ya que toda la producción de ésta se destina mayoritariamente a la industria mientras que en el pistacho el porcentaje que va a industria es el mismo que el que se destina a consumo directo”.

Estados Unidos e Irán son los principales productores de este fruto seco, cada vez más demandado por sus cualidades saludables. Europa importa 120.000 toneladas. “Poniendo un rendimiento medio de 1.000 kilos por hectárea harían falta 120.000 hectáreas para evitar importaciones. Si añadimos que se puede multiplicar por dos como mínimo el consumo, serían necesarias 240.000. Y si hablamos del tema industrial, habría que añadir otras 100.00 hectáreas más. Por último, la exportación a otros países del pistacho ecológico, que no existe en el mundo, permitiría incorporar otras 100.000 hectáreas. Para los próximos 50 años incorporando 10.000 hectáreas al año no habría ningún problema”, afirma este experto.

España goza de una situación privilegiada ante un fruto seco “muy apetecible” para el consumidor y que son pocos los países que pueden producirlo por las condiciones climatológicas que necesita: mucho calor, baja humedad y salvar las heladas primaverales tardías.

“En la Unión Europea, España es el único país con potencial para cultivar porque tenemos una gran cantidad de superficie apta climatológicamente, muy superior a Grecia o Italia, dos países en los que está muy encorsetado en zonas muy pequeñas”. Junto a las grandes extensiones para producirlo, nuestro país goza de otras ventajas frente a sus más directos competidores que le permiten obtener frutos de mayor calidad, un aspecto vinculado a la juventud de las plantaciones y al hecho de que agronómicamente en España estos árboles son de ciclo corto -meses en los que el cultivo está acumulando reservas de agua de un año para otro-. “En California la pistachera está acumulando reservas 9-10 meses al año y en España el ciclo es la mitad. Esto hace que los árboles no tengan tanta envergadura y que la exposición foliar a la luz sea mayor, es decir que haya muchos más azúcares que en los árboles más grandes, que tienen que podarse de forma mecánica porque tienen una proporción muy alta de hoja en sombra. Y eso al cabo de 10-15 años se nota en la pérdida de sabor del fruto”.

En Irán, donde el ciclo como en nuestro país es corto “tienen el problema gravísimo de que el agua es tremendamente salina y o se ponen secanos o el cultivo va a ir desapareciendo”, asegura Couceiro, quien recuerda además los recelos en temas de fitosanitarios que provocan las producciones de ese país.

Marca España

Todas estas circunstancias hacen que los productores ya estén solicitando la creación de una Marca España, lo que permitiría por un lado acelerar el aumento del consumo para multiplicarlo por dos y posicionarnos a nivel europeo. Después de Castilla-La Mancha, las Comunidades con más proyección para estos cultivos son Andalucía, Extremadura, Madrid, el interior de Murcia y Castilla y León y Aragón, en último lugar.

El principal problema del pistacho es que tarda más tiempo que otros cultivos en empezar a producir, “aunque cuando empieza a hacerlo no tiene rival”, señala Couceiro. Los precios están en seis euros por kilo en el convencional y casi nueve en el ecológico, un segmento prácticamente por explotar. En secano, el cultivo empieza a producir a partir del sexto o séptimo año hasta que en el décimo alcanza la plenitud con 1.000 kilos por hectárea en secano y 2.000 en regadío.

Un estudio realizado por los expertos del centro El Chaparrillo sitúa en 14 años el periodo de retorno de la inversión, en una proyección en la que se incluye el precio de la tierra y no se tiene en cuenta posibles ayudas o subvenciones o los ingresos que podrían generar algunos subproductos. El informe señala que incluso en el peor escenario de precios -dos euros por kilo en regadío y dos en secano- el cultivo sigue siendo rentable.

Uno de los mayores costes es la compra de las plantas. En el caso de que esté injertada, el precio se sitúa entre los nueve y los 15 euros. Por ello, desde el centro de investigación castellano manchego se recomienda a los agricultores la técnica de hacer primero un portainjerto en la tierra, cuidarlo mucho y luego injertarlo directamente con yemas que se pueden adquirir en los viveros o directamente de los agricultores. El precio se reduce de esta manera a tres o cuatro euros.

Además del punto de vista económico, esta práctica evita el fraude que existe ante una oferta que no cubre ni de lejos la demanda. En ese sentido, desde el centro El Chaparrillo se ha elaborado un libro, referencia para este cultivo, que “es una auténtica vacuna para frenar la avalancha de delincuentes que defraudan con la venta de plantas”, explica Couceiro, quien añade, además, que los ingresos que genera la publicación van íntegros a la Fundación Vicente Ferrer.

La mayor planta de procesado

Uno de los aspectos más relevantes de la expansión del cultivo del pistacho es que está produciendo un crecimiento “a la misma velocidad” de sectores asociados, como viveristas, comercializadores o industria agroalimentaria de transformación, señala Couceiro. Un buen ejemplo lo representa la compañía IberoPistacho, que nació en 2015 para la venta de planta y que ampliará su actividad con instalaciones de procesado en las que invertirán más de dos millones de euros.

Situada en una finca de 58 hectáreas de pistachos, el proyecto se acometerá en varias fases: primero las líneas de pelado, lavado y secado y luego las de calibrado. En total, tendrá una superficie de 8.000 metros cuadrados, de los que 3.000 serán para la planta de procesado. La construcción supondrá un desembolso de 1,2 millones de euros, a los que habrá que unir otro millón para la maquinaría de última tecnología. Será la más grande de España.

Las previsiones son alcanzar unas ventas de 300.000 kilos en 2025, cantidad que se triplicará cinco años más tarde hasta alcanzar los 910.000. Se surtirá en gran medida con la producción de los agricultores a los que durante los últimos años ha vendido las plantas.

Otro ejemplo, en este caso en la transformación con un fuerte componente de innovación tecnológica, lo constituye Green Beat Pistachos, que ha desarrollado un eco-snack que contiene pistacho (30 por ciento) y alga espirulina, una combinación novedosa en el mercado que, gracias a su alto contenido energético, se plantea como complemento en desayunos, meriendas o como aperitivo. Este eco-snack se ha desarrollado en el marco del proyecto europeo REInova, en el que participan la asociación Vitartis, el Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (Itacyl) y la Cámara de Comercio de Valladolid.

Green Beat es una empresa familiar vallisoletana, dedicada al cultivo de pistacho ecológico, pionera en la utilización de sistemas tecnológicos aplicados a la agricultura de una forma sostenible y respetuosa con el medio ambiente, que aplica los principios de la economía circular en todas las fases de gestión del producto. La compañía posee una plantación de 27 hectáreas en La Bóveda de Toro (Zamora), con unos 7.000 árboles; y obtiene la energía necesaria para el riego de sus cultivos con sistemas de energía solar fotovoltaica telegestionada. Cuenta con un sistema innovador de fertirrigación con inteligencia artificial para optimizar el uso del agua, energía y abonos orgánicos y disminución de la huella de carbono.

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