Paradigma hacia control de enfermedades agrícolas

El calentamiento global del planeta, o cambio climático, ha ocasionado efectos de gran impacto en el sector agrícola, como la proliferación de plagas y la transmisión de vectores de enfermedades nuevas y emergentes. Las enfermedades de las plantas causan considerables pérdidas en la producción agrícola y en el almacenamiento de los productos. En este contexto, uno de los principales problemas que enfrentan los productores en el campo, es la necesidad de aumentar sus rendimientos, de tal manera que puedan ser competitivos en el mercado. Durante décadas, el uso de productos químicos como los pesticidas, ha sido uno de los principales métodos para el control de enfermedades ocasionadas por patógenos de plantas en agricultura (control químico). Los cultivos fueron protegidos con éxito en un principio; sin embargo, el uso intensivo y desmedido de pesticidas ha generado efectos adversos para la salud humana y el medio ambiente. Asimismo, si no se respetan las dósis, los intervalos de seguridad y el uso de productos aprobados, estos productos químicos se pueden acumular en los alimentos, suelos y aguas, lo cual ocurre con gran frecuencia. En el suelo, habitan naturalmente una diversidad de microorganismos benéficos y patógenos, el equilibrio entre ambos es la clave para evitar que los agentes patógenos proliferen y prevenir las enfermedades que estos ocasionan. Es importante destacar que, la aplicación de pesticidas provoca una disminución de las poblaciones de microorganismos benéficos naturales presentes en el suelo, ocasionando una disminución de la diversidad microbiana benéfica y favoreciendo la persistencia de agentes patógenos que afectan a los cultivos. Como consecuencia, la incidencia de enfermedades ocasionadas por patógenos de plantas ha aumentado durante los últimos años, aunado a los cambios que se han presentado en las prácticas agrícolas. Debido a la necesidad de controlar enfermedades en la agricultura, se debe realizar una búsqueda constante de estrategias sustentables (benéficas con el medio ambiente) que permitan controlar plagas y disminuir el uso de pesticidas. En este sentido, el uso de agentes naturales como los microorganismos, ha surgido como una alternativa al control químico. Esta estrategia es denominada control biológico y se define como el uso de microorganismos antagónicos naturales de plagas o patógenos, con el fin de reducir o eliminar los efectos nocivos sobre los cultivos. De hecho, la razón principal por la que en ocasiones los cultivos no deben ser destruidos completamente, una vez que son atacados por plagas, es precisamente por la presencia natural de poblaciones microbianas con capacidad de combatir a los agentes patógenos. En el suelo, los microorganismos son un componente fundamental, donde desempeñan actividades relevantes en el funcionamiento del ecosistema y contribuyen a mantener su fertilidad. En un sistema ecológico en equilibrio, los microorganismos benéficos poseen capacidad de colonizar un nicho y establecerse, asimismo, interaccionan entre sí para llevar a cabo procesos que benefician a las plantas. Sin embargo, los microorganismos son susceptibles a cambios en el entorno, y las prácticas agrícolas convencionales han deteriorado la productividad y calidad de los suelos de cultivo, provocando la pérdida de comunidades microbianas beneficiosas y el deterioro del funcionamiento del ecosistema.

Dra. Rosina Cabrera Ruiz Investigadora Cátedras CONACYT

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