Para el debate: Vandana Shiva, ¿el ejemplo de cómo el activismo anti-transgénico sólo difunde mitos?

Para el debate: Vandana Shiva, ¿el ejemplo de cómo el activismo anti-transgénico sólo difunde mitos?

Desde sus comienzos, el activismo anti-transgénicos se ha focalizado en difundir informaciones basadas en especulaciones o estudios no validados por la comunidad científica internacional. Un movimiento sensacionalista orientado a sembrar la duda y el miedo en la sociedad sobre una aplicación tecnológica que la ciencia ha declarado segura y por la que en ya apuestan más de 18 millones de agricultores de todo el mundo (el 90% de éstos de países en vías de desarrollo).

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Al tratarse un movimiento ideológico los activistas anti-transgénicos no se atreven a entrar en un debate científico ya que se quedarían sin argumentos. La ciencia ofrece evidencias que invalidan los argumentos contra la biotecnología agraria y alimentaria. En la mayoría de los casos se valen de la desinformación de la sociedad y de la complejidad de comprensión de determinados temas científicos.

Por todo esto es clave el papel que juegan los medios de comunicación para que la sociedad pueda conocer la realidad de una de las aplicaciones de la biotecnología de la que más se habla. Uno de los últimos ejemplos de periodismo científico riguroso ha sido el de la revista New Yorker, que ha publicado en su último número un completo artículo que recopila las principales críticas ecologistas hacia los transgénicos y explica la realidad científica de cada uno de esos mitos.

Para ello ha tomado como base las declaraciones de Vandana Shiva, “la heroína del movimiento anti-transgénicos en todo el mundo” según la revista New Yorker. Vamos a analizar algunos de los argumentos usados por Vandana Shiva que la ciencia y la experiencia demuestra que son informaciones falsas y tendenciosas.

‘Seeds of Doubt: An activist’s controversial crusade against genetically modified crops’ | New Yorker

Suicidios en India

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Uno de los argumentos más usados por los ecologistas contra los cultivos modificados genéticamente es que son la causa de miles de suicidios anuales en India tras la introducción del algodón Bt en el país. La teoría afirma que los agricultores indios contraen grandes deudas al comprar semillas de algodón Bt, deudas que al final no pueden pagar y por las que acaban suicidándose para librar de dicho débito a sus familias.

Este mito ha sido desmentido repetidamente por los investigadores. Los datos no sólo revelan que no hay ninguna relación entre los suicidios y la mayor adopción de semillas transgénicas en el país, sino que en las áreas donde más se cultiva el algodón Bt el número de suicidios ha disminuido. Desde su introducción en 2002, el número de agricultores que siembran algodón Bt en India ha aumentado de manera exponencial, mientras que las cifras de suicidio se han mantenido estables.

Científicos del Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFRPI) realizaron una evaluación exhaustiva de la literatura existente al respecto concluyendo que “la base del argumento de que el cultivo de algodón Bt lleva al suicidio se basa sólo en hipótesis y no en pruebas cuantitativas o empíricas (ver estudio aquí).” El Instituto Flamenco de Biotecnología (VIB) también analizó este mito en el informe ‘Bt cotton in India: a success story for the environment and local welfare’ sin encontrar relación alguna entre ambos.

Arroz Dorado

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Los activistas anti-transgénicos, y en concreto Vandana Shiva, llevan años luchando contra la implantación del arroz dorado, una postura criticada por el co-fundador de Greenpeace, Patrick Moore, que la ha calificado de “crimen contra la humanidad”. El arroz dorado es una variedad mejorada genéticamente para contener mayores niveles de Vitamina A, una característica clave para los países en vías de desarrollo en los que la dieta básica es el arroz y tienen carencia de dicha vitamina.

Según datos de la UNICEF, alrededor de 124 millones de niños no consumen los niveles recomendados por la FAO de Vitamina A. Se estima que cada año alrededor de 500.000 niños pierden la vista a causa de esta deficiencia, principalmente en el Sudeste de Asia, ciertas áreas de África y Latinoamérica.

El arroz dorado lleva más de una década sin lograr ser comercializado. Los activistas lo rechazan afirmando que supondrá el dominio de las grandes empresas internacionales de los pequeños agricultores de países en vías de desarrollo. Un argumento que dista mucho de la realidad. La tecnología usada para el desarrollo del arroz dorado es completamente libre, sus inventores liberaron los derechos de propiedad intelectual al público a través del Golden Rice Humanitarian Board.

El primer arroz dorado fue desarrollado en 2000 por los doctores Ingo Potrykus y Peter Beyer. Posteriormente ambos se unieron a Syngenta, empresa que ha supervisado el desarrollo de esta variedad y que más tarde donó estos materiales. A día de hoy esta variedad cuenta con el aval científico de una veintena de órganos científicos oficiales de todo el mundo, entre los que se encuentra la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Los transgénicos no son naturales

Éste es uno de los argumentos base de todo discurso activista: la modificación genética no es natural y es un invento actual del hombre. Lo que parecen olvidar los ecologistas es que desde los orígenes de la agricultura el hombre ha mejorado las plantas para después seleccionar las especies que más le interesaban. Todas las plantas que se cultivan a día de hoy han sido modificadas genéticamente a lo largo de los años. La única diferencia que ofrece la biotecnología es el proceso. La mejora genética ya no se hace aleatoriamente por prueba-error, sino que se hace de forma precisa y segura dirigiendo la mejora a uno o varios genes concretos.

El artículo de New Yorker lo explica claramente: “Durante miles de años, las personas han cruzado plantas y semillas compatibles para elegir, después, los resultados con las características deseadas (…) Un paseo por cualquier supermercado demuestra que casi todos los alimentos que comemos han sido modificados genéticamente a través de tecnología, a través del cruce de cultivos o por cruces de forma natural. El maíz de la forma que lo conocemos ahora no existiría si los humanos no lo hubiesen cultivado”.

FUENTE: fundacion-antama.org

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