Nutrición en cerezos: Indicadores para establecer plan nutricional

Desde el punto de vista estrictamente nutricional, la determinación de qué es lo que se debe aplicar, se debe verificar mediante 4 indicadores: Volumen de producción, análisis de raíces, análisis foliar y análisis de suelo.

Volumen de producción: Si fue alta o baja, de buen calibre de mal calibre, ºBrix, etc., y como calza esa producción en la producción histórica o tendencia. Se debe considerar los kilos cosechados más los que quedaron colgando en el árbol como fruta de descarte.

Diagnóstico de raíces: Es posible que en poscosecha se deba mejorar la condición del suelo mediante ácidos húmicos, té de compost o compost. O bien, estimular el crecimiento de raíces con ácidos fulvicos y/o aminoácidos. En poscosecha, cuando la temperatura todavía acompaña, la planta genera un segundo flash de crecimiento de raíces. El que es muy importante porque no se consigue nada al aplicar una gran cantidad de fertilizantes si la planta está con sus raíces en mal estado. La poscosecha es la mejor instancia para estimular las raíces, pues esta ya no compite con la fruta.

Análisis foliar: Determina la concentración de nutrientes existente en las hojas y los estándares que permiten saber el estado nutricional de la planta, es decir, si se presenta un déficit o un exceso de los distintos elementos. Es fundamental realizarlo anualmente, para controlar la nutrición y no aplicar elementos que la planta no necesita, o de diagnosticar a tiempo un déficit que afecte los rendimientos y la calidad de la fruta. Para obtener esta información es necesario que cada productor realice el muestreo entre enero y febrero de hojas ubicadas en el tercio medio de la ramilla, según las pautas e indicaciones del laboratorio, y que están asociadas a los estándares de comparación de cada especie.

Análisis de suelo: Es un muy buen indicador para casi todos los elementos que necesita esta especie, a excepción del nitrógeno. Asimismo, el análisis e interpretación se debería realizar antes de hacer el programa de fertilización, de manera de aplicar sólo lo que realmente necesita la planta. En el caso del análisis de suelo, puede ser realizado en cualquier época del año, idealmente antes del inicio de la temporada.

Ahora bien, ambos análisis –foliar y de suelo– son complementarios, ya que el primero mide el suministro de nutrientes presentes en el suelo, mientras que el segundo verifica la absorción de los nutrientes esenciales por parte de la planta.

Normalmente en poscosecha se aplican nutrientes minerales y, en algunos casos, extractos de algas y aminoácidos. Estos últimos han funcionado bien en la mantención de huertos adultos. Es importante lograr que durante el verano la planta siga fotosintetizando lo mejor posible. No solo activamos el follaje a través de nutrientes minerales o aminoácidos vía riego sino también apoyar directamente al follaje. Los extractos de algas contienen fitohormonas, que ayudan a la planta a recuperarse muy bien, así mismo los aminoácidos. Se debe promover que la actividad fotosintética continúe a pesar de lo drástico que es el sol durante enero y febrero. Cuando los cerezos botan las hojas muy temprano es un mal síntoma.

Las aplicaciones foliares tienen sentido básicamente en las primeras 4 ó 5 semanas luego de terminada la cosecha ya que el objetivo es defender a la planta en los meses más drásticos del verano.

Decidir cómo aplicar

En el caso del nitrógeno en cerezos, se recomienda hacer la primera aplicación cuando el suelo tenga temperatura, es decir, ya existan raíces absorbentes capaces de tomar este elemento, lo que ocurre alrededor de la primera semana de octubre, según indica la académica. La segunda aplicación, y la más importante, se debe llevar a cabo entre la última semana de octubre y mediados de noviembre, cuando existe una alta demanda y competencia entre las distintas partes de la planta. La última se debe realizar en marzo, cuando aún hay hojas verdes y se quiere apuntar a las reservas nitrogenadas del árbol.

El fósforo y potasio, en caso de que el análisis previo indique un déficit, puede aplicarse en cualquier época del año, debido a que ambos tienen poca movilidad en suelo.

En el caso del calcio y el magnesio, un estado deficitario puede corregirse en una sola aplicación realizada en primavera.

Respecto de los micronutrientes, como se mencionó anteriormente, se debe verificar su concentración mediante los análisis de suelo y foliar, para establecer si se trata de un problema de absorción o bajo suministro en el suelo. De necesitar una corrección, los micronutrientes pueden ser aplicados vía suelo o foliar, a diferencia de los macronutrientes que deben ser administrados mediante fertilización al suelo por las cantidades que se necesitan.

A modo de conclusión se hace hincapié en que en un huerto no existe una cantidad o dosis de fertilización preestablecida, dado que cada huerto presenta condiciones diferentes de suelo, manejo o potencial productivo, entre otros factores. Pues, existen múltiples condiciones de suelo en el país, ocurriendo muchas veces que lo que es recomendable para un huerto puede ser perjudicial para otro. Lo anterior puede llevar a deficiencias o sobre fertilización, afectando la calidad, condición y rendimiento de la fruta.

Lo más importante a la hora de manejar la nutrición del huerto es apuntar a un balance, al que se llega mediante buenos diagnósticos del estado de las plantas (análisis foliar y de suelo). Esto permitirá llevar un control anual que determinará los elementos y cantidades necesarias a aplicar.

La ventaja de usar los análisis foliares es que existen niveles de referencia para cada especie, los cuales han sido establecidos en distintos centros de investigación del mundo. Éstos son una herramienta usada universalmente, que posibilita el control nutricional de las plantas. Lo importante es que los resultados de estos diagnósticos sean interpretados por profesionales especializados en el área, de tal manera de prescribir a tiempo la aplicación de fertilizantes y enmiendas y evitar aplicaciones que no se justifiquen.

Estephanía Fuentes Marín

Ingeniero Agrónomo

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