Los cultivos son buenos pero si se los vigila… rinden mejor

Diversos especialistas ofrecieron claves contra plagas, malezas y enfermedades en un encuentro en Córdoba.

La biología es una ciencia dinámica y sus estudiosos no paran de ofrecer novedades. En ese devenir incesante de inteligencia aplicada, las tecnologías agropecuarias tienen en la Argentina mucha tierra fértil. No sólo por la edafología, sino especialmente por la cultura de innovación de nuestra agroindustria, por ese colectivo de productores, técnicos y empresarios del comercio y los servicios, que en un juego de equipo en el que nadie afloja buscan ir siempre un paso adelante. Frente a los desafíos, tarde o temprano surge una apuesta superadora.

En ese sentido, el 14° Encuentro Nacional de Monitoreo y Control de Plagas, Malezas y Enfermedades, realizado esta semana en Córdoba -provincia que se ha convertido sin dudas en el centro neurálgico de la innovación agropecuaria argentina en los últimos años- ofreció múltiples claves para enfrentar las próximas campañas de cultivos.

Desde el desafío de las malezas a los insectos que varían su incidencia según las condiciones climáticas, pasando por nuevas formulaciones que ayudan en la batalla contra los hongos, uno de los ejes transversales son las iniciativas para utilizar productos más amigables con el ambiente; que cada día están más al alcance de los productores, de la mano de pequeñas o grandes empresas, o de la saludable articulación entre ellas.

Diversos especialistas reconocidos, de nuestro país y del extranjero, transmitieron este tipo de novedades al medio millar de técnicos que siguieron concentrados los paneles simultáneos, durante dos jornadas completas.

Trip, la plaga del verano

Entre los primeros protagonistas del encuentro, los trips subieron a escena de la mano de los organizadores, Daniel Igarzabal y Roberto Peralta, de Halcón Monitoreos, responsables del evento, que abordaron temas relacionados con las plagas insectiles que más daño hicieron en la última campaña agrícola.

Explicaron que se trata de un insecto que afecta la capacidad de fotosíntesis de la planta y puede restar hasta 10 quintales por hectárea de rendimiento. “Desde hace 15 años venimos cometiendo los mismos errores”, expresó Peralta. Yrecordó que “el principal efecto que producen los trips en la soja es que le restan capacidad de fotosíntesis. Le quitan funcionalidad: la planta fotosintetiza a media máquina y eso, al final, impacta en la producción del grano”.

Los ingenieros Daniel Igarzábal y Roberto Peralta, de Halcón Monitoreos, gestores del 14° Encuentro Nacional de Monitoreo y Control.

Los ingenieros Daniel Igarzábal y Roberto Peralta, de Halcón Monitoreos, gestores del 14° Encuentro Nacional de Monitoreo y Control.

La cosecha gruesa 2017/18 que está próxima a finalizar sufrió una de las peores sequías de la que se tenga memoria, lo que derrumbó los rindes y llevó a la producción de soja a su nivel más bajo de las últimas diez campañas. En ese marco, este insecto aprovechó la falta de agua para atacar y transformarse en la principal plaga del verano para este cultivo.

Peralta hizo hincapié en los efectos que produce esta plaga y las fallas de monitoreo y control que vienen repitiéndose y provocan que este tipo de insectos encuentren el espacio justo para actuar. “¿Por qué con un año seco hubo más trips que arañuelas?, le preguntaron. Y la respuesta ante los ingenieros agrónomos, asesores y productores presentes fue que “si bien faltó agua, lo que no faltó fue humedad ambiente”.

Diversos ensayos realizados marcaron que la consecuencia puede ser realmente negativa en los rendimientos, en un año que ya fueron magros de por sí por el efecto de la sequía.

Aunque el grado de incidencia que tuvieron los trips esta campaña fue mayor que el esperado, Peralta consideró que su expansión fue producto de que se siguen repitiendo fallas a la hora de monitorear y decidir las estrategas de control de las plagas. “No hacemos lo que debemos hacer. Es una cuestión socio-cultural: no nos podemos quejar si cometemos siempre los mismos errores”, enfatizó. E insistió en que “donde más se falla es en el monitoreo; detectamos el insecto tarde y hacemos tratamientos ‘de venganza’, cuando la plaga ya hizo el daño y eliminarla no tiene efecto”.

Afirmó que “el momento óptimo para el control de trips es cuando las sojas están en R3 y empiezan a definir rindes: si se observan ninfas en la base y los primeros adultos en los estratos superiores, hay que aplicar. Sobre los monitoreos, repitió la recomendación que, junto a Igarzábal, subrayan todos los años: como mínimo, hay que recorrer los lotes una vez cada siete días.

Fosfitos, para combatir las enfermedades

Otro de los principales referentes agronómicos, el fitopatólogo Marcelo Carmona (FAUBA), focalizó en una de las nuevas alternativas para combatir las enfermedades, los fosfitos (Phis), sales derivadas del ácido fosforoso combinadas con diferentes cationes, que poseen un rol fundamental como activadores de las defensas de las plantas.

Carmona contextualizó que “primero fueron las malezas; después, los insectos. Ahora, también hay investigaciones que reportan la existencia de hongos que están mutando y comenzando a tolerar o resistir aplicaciones de fungicidas. Por eso, encontrar nuevos modos de acción es un aspecto esencial para disminuir la incidencia de enfermedades en los cultivos. En ese marco, los fosfitos, representan una herramienta que está teniendo un rol cada vez más preponderante en la agricultura actual.

Ing Agr Marcelo Carmona, fitopatólogo de Fauba.

Ing Agr Marcelo Carmona, fitopatólogo de Fauba.

“Su uso actual en la producción agrícola se basa en el rol que poseen como activadores de las defensas de las plantas y en el efecto antifúngico directo que tienen sobre algunos patógenos”, indicó Carmona.

Actualmente, a nivel mundial, los phis son utilizados como parte del manejo integrado de enfermedades en cultivos como papa, tomate, vid, hortícolas o césped. En Argentina, si bien su uso no está muy difundido, ya se han llevado a cabo estudios que demostraron efectos favorables del uso de los fosfitos en el manejo de enfermedades de fin de ciclo en soja y algunos patógenos habitantes del suelo.

Carmona detalló que los phis controlan las enfermedades de forma directa e indirecta. “En el primer caso, actúan sobre los patógenos afectando la fosforilación oxidativa y otros procesos del metabolismo de los Oomycetes. En el segundo caso, se suma la activación de los mecanismos de defensa de las plantas. Esta inducción de la resistencia va acompañada de un aumento de las proteínas relacionadas con la patogénesis, de una acumulación de sustancias antimicrobianas denominadas fitoalexinas y de cambios en las enzimas de estrés oxidativo en las plantas”, relató.

Y añadió: “Una característica destacable de los Phis es que, en teoría, presentan un menor riesgo de desarrollo de resistencia a enfermedades que los ingredientes activos de los fungicidas y que presentan baja a nula fitotoxicidad para el medio ambiente”.

El especialista de la Fauba subrayó más aspectos positivos de los fosfitos: presentan alta compatibilidad en mezclas de tanque, de rápida absorción y, además de movilizarse por el xilema, también lo hacen a través del floema, lo que posibilitaría la translocación desde las hojas a las raíces al hacer pulverizaciones foliares.

Sin embargo, hay que tomar recaudos, destacó Carmona: como no son una fuente directa de fósforo, los fosfitos no deben ser utilizados como fertilizantes.

En definitiva, remarcó el especialista de la FAUBA, “si bien son muchos los reportes que muestran la disminución de enfermedades por el agregado de fosfitos y que su uso representa una alternativa potencial para ser utilizada en un programa de manejo integrado en busca de una agricultura más sustentable, el uso de esta práctica aún no ha sido del todo explorado”.

Como un aspecto alentador, señaló un estudio molecular que se hizo recientemente sobre los phis, en el que se analizó la relación hospedante-patógeno en soja con roya asiática, y se demostró la inhibición sobre el hongo causal y las vías de señalización y los genes afectados por los phis, para lograr el control de la roya asiática “in vivo”.

“Esta investigación significa un paso hacia adelante para comprender los mecanismos moleculares del modo de acción de los fosfitos, tanto en el hospedante como en el patógeno, generando conocimiento que puede ser explotado para desarrollar cultivares resistentes o nuevos fungicidas en el futuro”, concluyó Carmona.

Malezas:¿Es posible simplificar?

En el diccionario de los productores agropecuarios, hay una palabra que se escribe con letras cada vez más grandes a medida que pasan las campañas: malezas. El ingeniero agrónomo Eduardo Cortes se abocó a ellas. Y brindó claves para una buena estrategia de rotación y manejo de herbicidas.

Aunque la sequía del verano ayudó a que sea menor la presión de estas especies que compiten con los cultivos y afectan sus rendimientos, el problema ha crecido exponencialmente en los últimos años y por eso fue uno de los capítulos especiales abordados en el encuentro cordobés.

El Ing Agr Eduardo Cortes ofreció claves para el manejo de malezas.

El Ing Agr Eduardo Cortes ofreció claves para el manejo de malezas.

Cortes estructuró su disertación en tres ejes: el monitoreo, los beneficios de la rotación y el manejo de herbicidas. Sobre los monitoreos, manifestó que son la clave para poder formular una estrategia correcta: “Tenemos que saber qué maleza tenemos en el lote, diferenciarla entre géneros y especies, y tomar decisiones a partir de ello”, puntualizó. Por ejemplo, para casos de productores que siembran en campos arrendados, es fundamental. Según Cortes, “hay que ir y observar los esqueletos, evaluar cuáles eran las malezas preexistentes, anotarlas, llevar un registro lote por lote. No encontrarse al momento de sembrar con una maleza que no sabíamos que estaba”.

Dando cuenta de su trabajo en la zona de San Francisco, en el noreste cordobés, Cortés puso en cifras los beneficios que tiene la combinación de soja, maíz y trigo: mostró los datos de ensayos realizados tanto a campo como en laboratorios, que muestran una reducción de entre 45 y 50 por ciento de los nacimientos para dos malezas de las más propagadas en el país: Echinocloa y Amaranthus.

“El cultivo de cobertura baja la temperatura del suelo y les quita luz a las malezas. Es decir, necesitan más días para comenzar a crecer. Si a la reducción de los nacimientos por la cobertura, le sumamos un pre emergente acorde a la maleza, prácticamente podremos eliminarla”, manifestó Cortes.

En relación al manejo de herbicidas, recordó la necesidad de sectorizar los lotes al momento de las aplicaciones de pre emergentes, en función de la maleza detectada o el cultivo que se vaya a sembrar. Esto es fundamental para eludir el error que llevó a esta expansión del problema: la aplicación de siempre el mismo principio activo, que elimina sólo los individuos susceptibles y permiten que se reproduzcan sólo los tolerantes y resistentes.

En cuanto a los post emergentes, mencionó como un aspecto muy importante la evaluación de las incompatibilidades que puede haber entre los graminicidas y los pre emergentes, que pueden reducir la eficacia de las aplicaciones.

Langosta: visión integral

Otra de las amenazas analizadas fue la langosta, temática abordado por el Dr. Mario Poot Pech, del Comité Estatal de Sanidad Vegetal de Yucatán (CESVY) México, considerado el mayor especialista americano en esta plaga milenaria. Basado en sus numerosas tesis doctorales sobre esta problemática, expuso sobre el ciclo biológico, medidas de detección y manejo de la plaga y su control. “La dificultad de su control radica en el éxito que ha tenido la especie en adaptarse a las diferentes condiciones ambientales y a altas capacidades migratorias”, advirtió Poot Pech.

Comentó que es el único insecto con capacidad de cambio de fases, lo que quiere decir que puede cambiar de una fase “solitario” a una fase “gregaria”, donde pasa de vivir en forma aislada a vivir agrupado con un estado intermedio llamado “trancisus”. Este cambio de fases implica cambios en el color de los individuos, pasando de verde a rojos con manchas negras y sus hábitos de movimiento pasan de movilizarse mediante saltos cuando está en solitario a volar cuando está en fase gregaria.

Doctor Mario Poot Pesch, especialista en langostas del Comité Estatal de Sanidad Vegetal de Yucatán, México.

Doctor Mario Poot Pesch, especialista en langostas del Comité Estatal de Sanidad Vegetal de Yucatán, México.

Pueden desplazarse hasta cincuenta kilómetros diarios y en grupo pueden llegar a consumir hasta seis toneladas de materia verde diarias, siendo el consumo individual de dos gramos por día en el momento de mayor consumo. Una hembra es capaz de generar hasta dos mil cuatrocientos individuos en la segunda generación y es aquí donde radica la importancia de los controles preventivos y en las primeras etapas de su desarrollo. Todo lo antes mencionado sumado a que es una plaga agrícola – forestal – ganadera y urbana, le da a la langosta una capacidad de supervivencia única.

Poot Pech comentó que, desde el punto de vista de uso de insumos químicos, el fipronil era el principio activo de mayor contundencia en el control de la plaga, pero que últimamente se han desarrollado métodos de control biológico a partir de esparcir esporas de Metharhizuim acridium y Bauveria bassiana en mezcla con aceites vegetales para evitar la deshidratación de la espora y favorecer su adherencia a plantas e insectos. Esta tecnología permite reducir el número de adultos en forma importante, llegando a una efectividad cercana al 95% de control luego de 7 a 10 días de aplicado. La gran ventaja es que una vez que los microorganismos colonizan al individuo, este reduce su ingesta y su movimiento, reduciendo daños y migraciones, de forma tal de controlar la plaga en forma amigable con el ambiente y las personas, concluyò el profesional.

Agroquímicos y post verdad

No faltó el abordaje de los mitos y verdades del uso de fitosanitarios en la producción agropecuaria y su impacto en el medio ambiente. Semana a semana, se conocen nuevos casos de polémicas que surgen en pueblos y ciudades por la utilización de agroquímicos en zonas periurbanas y el temor de que puedan afectar la salud de los pobladores.

Para el ingeniero agrónomo Guillermo March, una de las voces más experimentadas sobre estos temas en Córdoba, uno de los problemas es que “en la era de la post-verdad, el conocimiento científico tiene menor influencia en la opinión pública que la información mediática”. En ese sentido, desmitificó muchas falencias que se asignan a los fitosanitarios con categoría de verdades, cuando no lo son. “Los efectos negativos de los agroquímicos son a veces minimizados o a veces magnificados, manipulando muchas veces la información e incluso ignorando los aportes de la ciencia, en ambos casos. Confrontar información y conocimiento nos ayudará a comprender que mucho es relativo al tiempo y al espacio de su ocurrencia, que nada es definitivo, y que todo se puede mejorar”, resumió el especialista.

El ingeniero agrónomo Guillermo March disertó sobre Agroquímicos, Sociedad y Ambiente.

El ingeniero agrónomo Guillermo March disertó sobre Agroquímicos, Sociedad y Ambiente.

Entre la lluvia de datos que mostró en el curso, March remarcó que no se evalúa cuál es el costo que tendría para los consumidores una eliminación del uso de agroquímicos. Al respecto, citó un estudio elaborado en Estados Unidos que calculó pérdidas de hasta 80 por ciento en la producción de maní y hasta 55 por ciento en arroz, en caso de cultivos extensivos; y de 100 por ciento y 90 por ciento, en manzanas y uvas, respectivamente, para cultivos intensivos; si no se frenaran los ataques de insectos con agroquímicos.

Con una menor oferta de alimentos, los precios aumentarían: “El más perjudicado sería el consumidor”, sintetizó March. En Europa, por ejemplo, calcularon que disminuir el uso de agroquímicos en el trigo, haría perder 4.600 millones de euros de producción para 2020.

March concluyó que “en este complejo escenario al que concurren múltiples intereses económicos, sociales, ambientales e incluso ideológicos, la sustentabilidad de los sistemas agrícolas es un proceso de aprendizaje, en el cual el enfoque sistémico es clavereduce la crisis ambiental y posibilita producción suficiente para una población en crecimiento”.

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