Las bondades ocultas de los bosques

Según el Instituto Sinchi, los bosques, en especial los amazónicos, brindan servicios ecosistémicos de abastecimiento, regulación y culturales. Son cruciales para mitigar el calentamiento global, controlar la erosión, darle fertilidad al suelo y hacer control biológico, pero solo los asocian con la extracción de madera.

Para nadie es un secreto que la deforestación está acabando con el principal tesoro verde que habita en el territorio nacional: el bosque. Sus principales tentáculos, como el acaparamiento y especulación de tierras, la ganadería extensiva, los cultivos ilícitos y la minería ilegal, están empecinados en ponerle punto final a este ecosistema, y a su vez a la fauna y flora que allí habita. La motosierra resuena con fuerza en los territorios boscosos y aún no encuentra un fuerte rival que la silencie.

En los últimos cinco años, la Amazonia colombiana, parte del denominado pulmón del planeta, perdió más de 412.000 hectáreas de bosque por culpa de esta actividad cargada de ilegalidad. En 2017 concentró 65 por ciento de la deforestación de todo el país, 144.000 hectáreas, cifra que al parecer registró un nuevo tope en 2018: algunos estiman que estuvo cercana a las 200.000 hectáreas.

La hecatombe que padece el bosque es un crimen de lesa naturaleza que atenta contra la biodiversidad planetaria. En solo una hectárea de bosque natural pueden habitar hasta 14.000 árboles de al menos 60 especies diferentes, de donde no es aprovechado ni siquiera un metro cúbico de madera. Cada árbol tiene como mínimo 50 relaciones ecológicas con insectos, aves, mamíferos, microorganismos, suelo y agua, las cuales terminan calcinadas por la quema que viene después de la tala.

Foto: FDCS

Colombia aún no dimensiona lo que hay detrás de la caída de un árbol centenario en medio de la Amazonia, y aún desconoce los beneficios y bondades que prestan los bosques. Muchos piensan que lo único que pueden brindar son bloques de madera para elaboración de muebles o vigas, por lo cual pocos protestan o hacen manifestaciones cuando son reveladas las imágenes de parches de más de mil hectáreas con árboles caídos y quemados.

Según el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (Sinchi), los bosques, en especial los amazónicos, prestan servicios ecosistémicos de abastecimiento, regulación y culturales. Brindan alimento, materias primas, agua dulce potable, medicinas naturales y patrimonio genético. Hasta alimentos, productos de belleza, resinas y esencias pueden salir de ellos.

Desde 2007, el Sinchi ha estudiado cerca de 30 especies amazónicas que permiten obtener ingredientes naturales, pigmentos, grasas y aceites para elaborar productos de cosmética, nutrición, fármacos y alimentos como bebidas energizantes y granolas. Entre ese listado está el camu camu, canangucha, ñame morado, copaiba, milpesos, andiroba, asaí, chambira, achiote, copoazú, lulo amazónico y arazá. Por ejemplo, los frutos de la palma de moriche sirven para alimentar al ganado.

Entre tanto, 53 municipios de la Amazonia cuentan con bosques con especies maderables que podrían representar ganancias para sus habitantes por medio de un uso sostenible, como el macano (para hacer vigas de viviendas), cuyubí o ahumado (corrales y cercas), abarco (carrocería de camiones), cedro (ebanistería y muebles) y cachicamo (construcción).

“Pero ni siquiera ese potencial para sacar madera es aprovechado. Todo lo contrario, en la Amazonia, todo el bosque es quemado para ocupar terrenos, cultivar o criar ganado, y la madera que logra sobrevivir y termina pudriéndose. De un árbol de gran porte pueden salir hasta ocho bloques de madera, cada uno de 10 metros. Pero en Colombia no tenemos desarrollada esa cultura forestal”, apuntó Jaime Barrera, ingeniero agrónomo del Sinchi.

El experto indicó que el país desaprovecha su inmenso potencial para la producción forestal. “La Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (Upra) indicó que hay cerca de 25 millones de hectáreas con aptitud forestal, pero en la realidad no más de 500.000 hectáreas son aprovechadas. Por esta razón, el sector forestal aporta sólo 1 por ciento del PIB agropecuario”.

Para Barrera, esto tiene sus raíces en la falta de un servicio forestal. “Hasta ahora trabajamos en una política nacional para poder proyectar la actividad en el mercado mundial, por medio del Conpes de crecimiento verde”.

Mitigan el calentamiento

Regular es una palabra que describe a la perfección los servicios del bosque amazónico. Barrera informó que estos ecosistemas regulan el clima, purifican el aire, controlan la erosión, dan fertilidad al suelo, hacen control biológico, participan en la polinización y mantienen el hábitat de especies singulares. También retienen 65,7 por ciento del agua

 

“La Amazonia regula el clima mundial. La transpiración de los árboles generan déficits de presión en el ambiente que arrastran la humedad desde el océano Atlántico, generando así ríos de agua o humedad. Las masas de bosque retienen estos ríos y luego los descargan en los Andes. Chingaza le debe la mitad de su líquido a los ríos de agua que vienen del Atlántico y que retienen los bosques amazónicos”.

Los bosques son los únicos que pueden absorber dióxido de carbono, uno de los gases de efecto invernadero que detonan el calentamiento global. A su vez regulan los cauces de los ríos, quebradas y nacederos, las raíces de los árboles amarran los suelos para frenar la erosión y son el hogar de las abejas, cada vez más escasas.

Foto: FDCS

“La mitigación del calentamiento global también radica en el buen uso del bosque. Una hectárea de bosque denso amazónico contiene 106 toneladas de carbono fijado, que son en promedio 250 toneladas de dióxido de carbono. Al ser talados los árboles, estas toneladas son liberadas a la atmósfera, generando más contaminación”, dijo Barrera.

Es decir que, en las más de 144 mil hectáreas deforestadas en la Amazonia en 2017, fueron liberadas en promedio 36 millones de toneladas de este gas de efecto invernadero.

“En Colombia, la deforestación contribuye más al calentamiento global que las emisiones de la industria”, advirtió Barrera. “Los bonos de carbono y la posibilidad de generar pago por compensación, es decir que le paguen al campesino por conservar los bosques, son las mejores opciones para la zona”.

No a las vacas

Al ignorar las bondades de los bosques y las actividades que podrían realizarse por medio de actividades sostenibles, la ganadería extensiva está mandando la parada en la Amazonia. En los últimos años, el Sinchi evidenció pastizales de hasta 900 hectáreas, algo que va en contra de la vocación de sus suelos. “Son terrenos en formación, con una capa arable o de materia orgánica de no más de 10 centímetros, inferior a las de la Sabana de Bogotá y Valle del Cauca, con más de metro y medio y muchos nutrientes”, indicó el ingeniero.

Al meterle ganado a los territorios de la Amazonia, los suelos aceleran su degradación por la compactación y presión del pisoteo de las vacas, y como no hay capa arable que los proteja, quedan desnudos. Cuando vienen las lluvias, los ríos y quebradas reciben todo este material arrastrado, y aparece la colmatación en los cuerpos de agua. Además, el pasto brachiaria, una especie invasora, coloniza los nichos ecológicos y no permite que otras especies compitan por el alimento.

Darle vida a un terreno agonizante por el ganado es un proceso costoso y largo. Barrera considera que restaurar una sola hectárea demora 30 años y requiere de mínimo $20 millones. “Existen 13 formas distintas de restauración. Una de ellas es la activa, que consiste en sembrar lo que ya había. Para eso hay estudiar el bosque, buscar las semillas y ver cómo pueden propagarse. Por ejemplo, hay semillas que necesitan pasar por el tracto de algún animal para ser viables”.

En una hectárea de bosque hay alrededor de 180 especies de plantas. Con la deforestación, esa cantidad queda reducida a su máxima expresión: una sola especie, el pasto. “Perder los árboles ya es grave. Pero mucho más es acabar con toda la biodiversidad que depende del bosque”.

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