La revolución del agro: agricultura de precisión y sustentable

España es el país europeo que más pesticidas consume en la agricultura. Es por ello que se debe comenzar a pensar en alternativas, como la agricultura de precisión, que permitan terminar con la dependencia de los agroquímicos.

España es el país europeo que más pesticidas consume en la agricultura, por delante de Francia, Italia y Alemania. En 2016, según las últimas cifras disponibles, se registraron ventas por 77.000 toneladas de fitosanitarios, equivalentes a 1,65 kilos por persona. Mientras que en países como Dinamarca se han implementado medidas concretas para reducir la dependencia de agroquímicos, en España, estas políticas brillan por su ausencia. A pesar de la insistencia de organizaciones como Ecologistas en Acción que llaman a reducir el uso de pesticidas en un 50% para 2023, la administración española aún mira para otro lado. Aunque no podrá continuar haciéndolo por mucho tiempo más.

El impacto de la contaminación derivada de las prácticas agrícolas insostenibles ha alcanzado una gran visibilidad en los últimos años. Gracias a numerosas campañas, se ha logrado concientizar sobre los efectos nocivos de productos fitosanitarios para la salud humana. Aunque aún faltan medidas que obliguen al sector a transformarse. En España, la mayoría de los casi 900 mil agricultores registrados sigue haciendo un uso intensivo de estos productos. El glifosato, el herbicida más utilizado a nivel mundial, todavía tiene un gran protagonismo y en España, aún existen cientos de productos a base de este herbicida, que cuentan con la autorización oficial. Lo cual resulta preocupante teniendo en cuenta la abrumadora evidencia que prueba la toxicidad de este producto. Una de las más contundentes pruebas, ha sido la clasificación por parte de la Organización Mundial de la Salud, que en 2015 marcó al glifosato como “probablemente cancerígeno”. Lo que, sin duda, significó un golpe para un modelo de agricultura basado en el uso intensivo de agroquímicos, que además se jacta de ser el único modelo viable para alcanzar los niveles de producción necesarios para cumplir con las demandas de la población mundial.

En este contexto, mientras algunos aún se enfocan en la veracidad o no de los estudios que prueban las graves consecuencias para la salud y el medio ambiente que producen los agroquímicos, otros se enfocan en la agricultura del futuro. Con drones, Inteligencia Artificial, robots y sensores, ha comenzado una nueva revolución del agro que promete poner fin a las controversias que envuelven al sector. Algunos hablan de agricultura de ciencia ficción, pero en verdad, el concepto es mucho más simple y ya está siendo puesto en práctica. Lejos de la complejidad que parece envolver a las nuevas tecnologías, este nuevo modelo del agro se basa en la precisión.

La agricultura de precisión, como se conoce a este nuevo modelo, ya tiene un gran protagonismo y se presenta no como una alternativa, sino como el modelo de producción agrícola del futuro. Y no por nada se ha ganado esa fama. La agricultura de precisión se caracteriza por su capacidad para reducir los impactos negativos de la actividad agrícola en el medio ambiente. A través de la incorporación de nuevas tecnologías como el Internet de las Cosas y el Big Data, y de la utilización de drones y sensores, la agricultura de precisión permite realizar un control personalizado de los cultivos y anticiparse así, a cualquier problema que pueda surgir.

En ese sentido, la agricultura de precisión llega para darle más rigor a las prácticas, en un sector que muchas veces depende de factores impredecibles. Este nuevo modelo incentiva la planificación y facilita la toma de decisiones, lo que permite realizar un manejo eficiente del uso de insumos como los agroquímicos. Lo que, a su vez, supone un aumento de la rentabilidad, ya que permite reducir el riesgo económico en la toma de decisiones.

En el marco del debate sobre la utilización de agroquímicos, la agricultura de precisión se consolida como una postura intermedia. Entendiendo que hay una necesidad urgente de reducir el consumo de estos productos, la agricultura de precisión plantea un nuevo escenario en el que los sensores son protagonistas absolutos.

La incorporación de sensores permite recolectar información sumamente útil sobre el estado de los cultivos. Los sensores ofrecen también un seguimiento en tiempo real sobre el desarrollo y crecimiento de los cultivos y alertan en caso de que se registre un cambio brusco. Además, aportan datos en tiempo real que pueden ser consultados desde cualquier parte, gracias a una app para móviles. Un punto fundamental, ya que posibilita la identificación de enfermedades antes de que sea demasiado tarde. Pero más allá de estos beneficios, los sensores también permiten identificar las malezas con una rapidez y una precisión única. De esta manera, se logra identificar con exactitud, la dosis de fertilización necesaria y por ende, realizar aplicaciones precisas, evitando así un uso desmedido de agroquímicos.

Está claro que al modelo actual de agricultura le quedan las horas contadas. La Unión Europea ya le puso fecha de vencimiento al glifosato en 2022, obligando a los productores a repensar su negocio. Por su parte, Francia se ha comprometido a disminuir gradualmente su utilización. En España, todavía se esperan medidas concretas para el desarrollo de los nuevos modelos como el de la precisión, para poder garantizar prácticas agrícolas productivas y sostenibles.

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