La latencia de las semillas, una propiedad que impide la germinación, ya existía hace 360 millones de años

Un equipo internacional de científicos, coordinado por un investigador de la U. de Granada, descubrió que la latencia de las semillas (una propiedad que impide la germinación en condiciones no favorables) era una característica ya presente en las primeras semillas, hace 360 ​​millones de años.

La latencia de las semillas es un fenómeno que ha intrigado a los naturalistas durante décadas, ya que condiciona la dinámica de la vegetación natural y los ciclos agrícolas. Existen varios tipos de inactividad, y algunos de ellos están modulados por las condiciones ambientales de manera más sutil que otros.

En un artículo publicado en la revista New Phytologist, estos científicos han estudiado la evolución de la latencia en semillas utilizando un grupo de datos único. Esto incluyó las características de la latencia en más de 14,000 especies. Es el resultado del trabajo de Carol y Jerry Baskin, coautores de esta publicación, que han estado estudiando la latencia desde los años 60.

Los análisis realizados por este equipo de investigadores han establecido que la latencia es tan antigua como las semillas en sí mismas. En otras palabras, la más antigua entre todas las semillas ya tenía latencia. “De todos los tipos posibles de inactividad, el más antiguo ya presentaba ajustes muy sofisticados a las condiciones ambientales”, según el coordinador de este proyecto, Rafael Rubio de Casas, investigador del Departamento de Medio Ambiente de la Universidad de Granada, y el único español. Participa en esta investigación.

Produciendo nuevas especies.

Los resultados de este proyecto indican que las plantas sin latencia tienden a ser menos capaces de diversificarse, es decir, a producir nuevas especies. “Esto puede deberse al hecho de que la inactividad facilita que la germinación solo se produzca en el momento óptimo, a pesar de los cambios en el medio ambiente, ya sea debido a fenómenos meteorológicos, o bien debido a que las semillas alcanzan una nueva ubicación después de la dispersión. “Este ajuste del ciclo de la planta al nuevo entorno puede reducir la probabilidad de que una especie en particular se extinga”, señaló Rubio de Casas.

La inactividad no implica simplemente que las semillas no germinen cuando hace demasiado calor o demasiado frío, ya que en esas condiciones es el propio entorno el que impide la germinación. “Lo que hace la inactividad es asegurarse de que las semillas no germinen incluso cuando las condiciones son favorables, lo que impide la germinación después de una tormenta de verano, o durante algunos días cálidos en invierno”, agregó el investigador de la U. de Granada.

Sin embargo, no todas las plantas tienen semillas latentes. En realidad, muchas especies de plantas simplemente germinan en el momento en que sus semillas están expuestas a condiciones favorables. Además, parece que las plantas pueden adquirir y perder la latencia de sus semillas de una manera relativamente rápida como resultado de la selección natural.

“Por ejemplo, en el caso de las plantas cultivadas, la latencia es una de las primeras características que parecen haberse perdido durante el proceso de domesticación, y por esta razón, la fecha de siembra es un parámetro tan importante en la agricultura”, según Rubio de Casas.
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