La función del sodio y del cloruro en el cultivo de plantas

Típicamente, estos elementos son vistos como iones residuales innecesarios para las plantas. Esto puede ser cierto si sus niveles en la fuente de agua son altos; sin embargo, investigaciones señalan que en realidad las plantas los utilizan en pequeñas cantidades. No es necesario agregar sal de mesa al depósito del fertilizante; la mayor parte de las fuentes de agua contienen niveles suficientes de ambos elementos, por lo que su deficiencia es rara.

Función: el sodio no es un elemento esencial para las plantas, pero puede ser usado en pequeñas cantidades, al igual que los micronutrientes, como auxiliar para el metabolismo y la síntesis de clorofila. En algunas plantas, puede ser empleado como sustituto parcial de potasio y es útil en la apertura y el cierre de estomas, lo cual ayuda a regular el equilibrio interno de agua. El cloruro es necesario en pequeñas cantidades y coadyuva en el metabolismo de las plantas, la fotosíntesis, la ósmosis (movimiento de agua hacia dentro y fuera de las células de las plantas) y en el equilibrio iónico en el interior de sus células.

Deficiencia: los síntomas de deficiencia de sodio no son muy evidentes puesto que no se trata de un elemento esencial. La deficiencia de cloruro, puede presentarse si, de manera permanente, el sustrato contiene menos de 2 ppm de esta sal. Sus síntomas se presentan como manchas cloróticas acompañadas de puntos necrosados localizados entre las venas o en las orillas de las hojas más jóvenes. En casos avanzados, la deficiencia de cloruro puede provocar marchitamiento. Ambas deficiencias son raras, puesto que estas sales se encuentran en la mayoría de las fuentes de agua, así como en los fertilizantes (como impurezas).

Toxicidad: la toxicidad del sodio se presenta en forma de necrosis o quemaduras en las puntas y las orillas de las plantas, tal como ocurre en la toxicidad asociada con micronutrientes. La toxicidad del cloruro comienza por un amarilleamiento prematuro de las hojas y la cual conduce a la necrosis de las puntas o las orillas de las plantas de más edad; también produce bronceado. El geranio, la lechuga y la flor de Nochebuena son plantas sensibles a la toxicidad del cloruro; el clavel, la lengua de barba (Penstemon), el tomate y la verbena también lo son, aunque en menor grado.

Dado que tanto el sodio como el cloro pueden encontrarse en niveles altos, pero no tóxicos, en el sustrato de cultivo, pueden competir con los elementos benéficos para ser absorbidos por las raíces de las plantas. El sodio compite con el potasio, el calcio, el magnesio y el amonio; mientras que el cloro lo hace con el nitrato, el fosfato y el sulfato. Lógicamente, si los niveles de sodio o de cloro son altos y los de los demás elementos son bajos o normales, la planta no podrá diferenciar a unos de otros, sólo se limitará a absorber lo que se encuentre en el sustrato de cultivo. Como consecuencia de lo anterior, es posible que la planta no reciba los niveles suficientes de algún elemento benéfico, lo cual sería causa de la respectiva deficiencia (en el tejido).

La presencia de niveles altos, o incluso excesivos, de sodio o de cloruro en el sustrato de cultivo, muy probablemente se deba al agua: analícela. Los problemas pueden surgir si estos niveles exceden de 50 ppm en el caso del sodio y de 70 ppm en el caso del cloruro. Ante esta situación, es importante permitir que el agua salga por completo de cada contenedor cada vez que se irrigue (lixibiar), así se minimiza el riesgo de acumulaciones. Tampoco los niveles de fertilidad pueden caer por debajo de lo normal, ya que los iones residuales serían absorbidos en mayor proporción, comprometiendo el aprovechamiento de los elementos realmente importantes. Monitoree los niveles de sales en su sustrato por lo menos cada semana o cada quince días, pues se acumulan rápidamente. Si los niveles de sodio o de cloruro en el agua son superiores a 150 y 200 ppm respectivamente, su mejor alternativa será la ósmosis inversa.

Dónde encontrar sodio y cloruro: en la mayoría de las fuentes de agua se pueden encontrar en niveles adecuados. De lo contrario, pueden encontrarse pequeñas cantidades de sodio en fertilizantes, así como en ciertos pesticidas. El cloruro, por su parte, puede ser aportado por el fertilizante en forma de cloruro de calcio, cloruro de potasio, cloruro de amonio o cloruro de magnesio.

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