La agricultura también será ‘smart’

Una profunda revolución tecnológica está llegando al campo para hacer que las explotaciones agrícolas sean más productivas, rentables y sostenibles. 

Vivir del campo resulta hoy en día muy complicado en cualquier parte del mundo, y España no es una excepción: los cultivos son cada vez menos rentables, los costes de producción aumentan y en muchos casos los precios apenas han variado desde hace décadas. Además, la media de edad de los agricultores es muy alta y el número de propietarios jóvenes no para de disminuir. Por otra parte, la población cada vez demanda una mayor cantidad y variedad de productos agrícolas. El sector agrícola mundial, de hecho, tiene el reto de alimentar a más de 9.000 millones de personas en 2050. Ante esta situación, la salida hacia adelante del sector primario apunta claramente a la smartización, que, a través de nuevas tecnologías específicas, lo dotará de una visión más empresarial, haciéndolo más atractivo para las próximas generaciones, además de aportar propuestas de valor a la sociedad.

Muchas de las decisiones que toma el agricultor estarán automatizadas con nuevas tecnologías y algoritmos predictivos

Si bien es cierto que en los últimos años los agricultores españoles han realizado importantes esfuerzos por modernizar sus explotaciones y hacerlas más sostenibles y eficientes, la llegada de la agricultura inteligente o de precisión es lo que de verdad marcará un antes y un después: la revolución tecnológica que está en pleno proceso de implantación transformará drásticamente el modo y el tiempo empleado en realizar todo tipo de tareas, y en tomar decisiones, a través de avances extraordinarios, como la maquinaria que funciona sin personas, nuevos modelos predictivos, la automatización de la producción, la teledetección… La clave está, sobre todo, en los sensores, unos pequeños dispositivos conectados en red a través de enlaces inalámbricos que pueden observar, medir y controlar el mundo físico y transmitir esa valiosa información —por ejemplo, la temperatura, la radiación solar, la humedad del suelo o la pluviometría— a un servidor, y que, a su vez, el agricultor recibe por mail, SMS, en forma de alerta en su móvil… Asimismo, se está generalizando el uso de drones, satélites y diversas herramientas de gestión de la información. El objetivo de todo ello es monitorizar en tiempo real los parámetros que sean de interés para el seguimiento de un cultivo, y que ayudarán, por ejemplo, a la optimización en el uso del agua y los nutrientes, o a la predicción y el control de las plagas.

Agricultores digitalizados.

Como consecuencia de aplicar la tecnología de última generación disponible en el mercado al mundo rural, en los próximos años asistiremos a una importante disminución de la mano de obra necesaria para la producción agraria, con la consecuente reducción de costes y la obtención de mayores beneficios. Y es que el usuario tendrá la posibilidad incluso de controlar a distancia su explotación agrícola —una especie de domótica aplicada al campo—, interactuando mediante automatismos y de forma inalámbrica sobre algunos elementos existentes en sus campos o invernaderos, como la apertura o el cierre de válvulas. Por tanto, la digitalización en la producción agrícola permite la toma de decisiones en remoto y que estas se implementen de forma automática. En este contexto de cambio de modelo productivo orientado a convertirse en un proceso industrial digitalizado, será necesaria una mano de obra preparada y altamente tecnificada.

Otro gran desafío urgente de presente y futuro consiste en el desarrollo de nuevos cultivos y técnicas que contribuyan a convertir a las explotaciones agrarias en empresas solventes y sostenibles a largo plazo, desde el punto de vista social, económico y medioambiental. En este apartado, cobrarán un protagonismo decisivo las energías renovables, la reutilización del agua y la reducción del consumo y las emisiones.

Agua y cultivos inteligentes.

Teniendo en cuenta que entre el 70% y el 75% del agua que se consume se destina a la agricultura, este sector tiene la inmensa responsabilidad social de decidir cómo utiliza ese recurso. Por ello, resulta imprescindible impulsar una gestión más eficiente, que se apoye en la tecnología, el conocimiento y la innovación.

España es un referente mundial en la optimización del riego. Destaca por erigirse en el segundo país en número de hectáreas con riego por goteo —por detrás de EE. UU.— y por ocupar el segundo puesto en porcentaje de esta tipología de riego respecto a otros sistemas, sólo superado por Israel. En este sentido, hay que poner en valor la suma de esfuerzos de la Administración y los agricultores para modernizar las infraestructuras de los regadíos y aumentar su eficiencia: las inversiones —cerca de 5.000 millones de euros en los últimos 12 años— han permitido lograr cerca de un 12% de ahorro de agua, según cifras del Ministerio de Agricultura. Progresivamente se han ido introduciendo muchas mejoras en la informatización, el control, la gestión… Pero, no obstante, quedan todavía muchos aspectos por mejorar. Sobre todo, falta progresar en la vía de la automatización, extendiendo sistemas de riego inteligentes que sean capaces de aplicar el agua que precisen los cultivos siguiendo las pautas dictadas por el agricultor, pero trabajando de forma autónoma, con el fin de optimizar el uso de este recurso limitado y también la energía.

Las inversiones en los campos españoles -5.000 millones de euros- han permitido ahorrar en 12 años un 12% de agua

De todos modos, se trataría no sólo de aprovechar mejor el agua y de reducir el consumo energético y el daño ambiental, sino también de maximizar y rentabilizar la producción, así como el uso de los fertilizantes. Por eso, la tecnología se focaliza cada vez más en buscar la forma de asignar la cantidad exacta de agua y abono necesaria en cada zona, y también en saber las necesidades específicas que tiene cada planta. Para este proceso se requiere un análisis con herramientas de gestión de la información, a partir de los datos recogidos por sensores, drones y satélites. Estos innovadores métodos smart ayudan a los agricultores a tomar decisiones más acertadas y a profesionalizar su planificación del riego, que hasta ahora se basaba más en su experiencia y conocimiento del comportamiento del agua en el suelo que en datos técnicos.

La agricultura, protagonista del COP22
La 22 edición de la Conferencia Anual del Cambio Climático –del 7 al 18 de noviembre en Marrakech (Marruecos)– pone el énfasis en una Triple A: África, adaptación y agricultura. El agua, además, ocupa un papel central en la agenda del encuentro, auspiciado por las Naciones Unidas y en el que participan representantes de 196 estados, la Unión Europea, ONG, autoridades locales y representantes de la sociedad civil y el mundo empresarial, con el fin de tomar decisiones conjuntas para limitar los efectos del calentamiento global. El principal desafío del COP22 consiste en concretar acciones para la puesta en práctica de los diferentes ejes definidos en el Acuerdo de París, en particular los relativos a la adaptación, la transparencia, la transferencia de tecnología, la mitigación y el fortalecimiento de las capacidades.

SUEZ participará en algunos debates que continúan la reflexión sobre la recuperación del agua iniciada en París, con el fin de generar soluciones globales y locales, y sensibilizar al público acerca de la necesidad urgente de preservar los recursos hídricos, en particular en el continente africano.

Tecnología punta para ganar eficiencia

La visión de SUEZ –en calidad de compañía que ofrece apoyo y soluciones tecnológicas al agricultor– abarca toda la cadena de valor: desde la captación y las fuentes de suministro o la gestión y el mantenimiento de las infraestructuras hidráulicas o los servicios en parcela al agricultor, hasta la gestión y la aplicación de lodos agrícolas procedentes de recuperación y el tratamiento de residuos agroindustriales mediante procesos de codigestión y compostaje. El gran objetivo es ganar eficiencia en la gestión global de cada comunidad de regantes, planificando un correcto mantenimiento de las instalaciones. De este modo se consigue disminuir en gran medida la incidencia de roturas, fugas y averías, aumentar la producción y minimizar los costes de explotación –en especial los eléctricos– y ofrecer un servicio de alto valor añadido con la implementación de nuevas tecnologías y ayudando a que su uso se integre de forma natural en el trabajo diario. Por ejemplo, SUEZ dispone de tecnología minihidráulica, que permite aprovechar los saltos de agua para generar una energía limpia a coste cero y que los regantes pueden destinar a otros usos.

Otro punto relevante es el progreso que se está consiguiendo gracias al desarrollo de tecnologías solventes para la producción de recursos hídricos de alta calidad a partir de la reutilización del agua: hoy están disponibles tratamientos técnicamente probados o procesos de purificación capaces de recuperar y regenerar agua residual de casi cualquier calidad que se desee. Sin duda, hoy en día no se trata únicamente de una posibilidad, sino de una necesidad para los agricultores, y buena parte de la solución para avanzar hacia un modelo más sostenible.

Para extender todas estas mejoras en el campo lo antes posible y apreciar los resultados de los esfuerzos realizados, resulta imprescindible dar continuidad a las inversiones en infraestructuras, avanzando hacia una gestión profesionalizada y tecnificada que pueda sacar el máximo rendimiento de las nuevas y altamente tecnificadas instalaciones.

FUENTE

3 Comentarios

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  3. Un claro ejemplo de agricultura smart es http://www.fitocontrol.com

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