La agricultura amplifica los cambios estacionales del CO2 en la atmósfera

La agricultura amplifica los cambios estacionales del CO2 en la atmósfera

Los cultivos agrícolas desempeñan un papel importante en los cambios estacionales del dióxido de carbono en la atmósfera, según investigadores de las Universidades de Boston y Michigan. El aumento en la productividad del maíz y otros tres alimentos básicos ha modificado significativamente el ciclo anual de CO2 en la atmósfera en el Hemisferio Norte.

Los nuevos hallazgos, que se publican en ‘Nature’, revelan un matiz en el ciclo del carbono que podría ayudar a entender y predecir cómo la vegetación de la Tierra va a reaccionar conforme el planeta se calienta, puesto que la agricultura amplifica las fluctuaciones de dióxido de carbono que se producen cada año.

Las plantas absorben CO2 en primavera y verano, cuando florecen, y luego, lo liberan en otoño e invierno, al descomponerse, pero, según los autores, estos efectos estacionales son distintos de la tendencia general al alza en los niveles de CO2, el principal culpable del cambio climático.

Mientras que la agricultura contribuye a esa tendencia a elevar el CO2, los propios cambios estacionales no lo hacen. “Una imagen simple es que las plantas respiran. Se puede ver su impacto estacional en la curva de Keeling, el famoso gráfico que muestra los niveles de CO2 atmosféricos medidos desde una montaña en Hawai desde finales de 1950”, destaca Eric Kort, profesor asistente en el Departamento de Ciencias Atmosféricas, Oceánicas y del Espacio y un coautor del estudio.

La pendiente ascendente irregular del geoquímico Charles David Keeling demostró por primera vez que los seres humanos son responsables de los crecientes niveles de CO2 en la atmósfera. “A pesar de que ha estado aumentando continuamente, fluctúa hacia arriba y abajo un poco cada año, y eso es la respiración estacional de la biosfera”, detalla Kort.

Durante los últimos 50 años, las oscilaciones han sido cada vez más grandes sin que los científicos hayan entendido el motivo. Se cree que gran parte del cambio es causado porque el sistema natural reacciona ante un clima alterado, con modificaciones en la fotosíntesis, la respiración y la expansión de la vegetación leñosa como posibles contribuyentes.

En su mayor parte, eso es lo que está pasando, pero los nuevos hallazgos muestran que no es la historia complea. “Resulta que podemos explicar alrededor del 25 por ciento del aumento en las oscilaciones estacionales con las tierras de cultivo, que no son un sistema natural –destaca Kort–. Es una huella digital humana directa diferente”.

Kort cree que una manera de mirar la curva de Keeling es considerar la tendencia al alza como resultado de las aportaciones del consumo humano de combustible fósil y las fluctuaciones como el sistema natural. Sin embargo, este experto alerta de que los humanos también están cambiando esas oscilaciones, no sólo indirectamente, sino directamente a través de los cultivos.

Para llegar a sus conclusiones, los investigadores reunieron estadísticas globales de la producción de maíz, trigo, arroz y soja, que en conjunto representan alrededor del 64 por ciento de las calorías que se consumen en todo el mundo. Así, fueron capaces de estimar la cantidad de carbono que cada cultivo ha cogido y puesto en libertad a lo largo del tiempo.

Los científicos compararon el aumento del carbono intercambiado con las estimaciones del intercambio de carbono estacional en el Hemisferio Norte derivado de las observaciones atmosféricas y encontraron que la producción de estos cultivos en el Hemisferio Norte por encima de los trópicos, donde se realiza la mayor parte de la agricultura en el mundo, aumentó más de un 240 por ciento entre 1961 y 2008.

“El hecho de que una pequeña zona de esas tierras en realidad puede afectar a la composición de la atmósfera es una sorprendente huella digital de la actividad humana en el planeta”, sentencia Mark Friedl, profesor en el Departamento de la Tierra y del Medio Ambiente de la Universidad de Boston.

El estudio concluye con una mirada hacia el futuro, puesto que las proyecciones de población sugieren que la producción mundial de alimentos tendrá que ser casi el doble durante el próximo medio siglo, con aumentos en las tierras de cultivo y la productividad, “imponiendo una marca aún más fuerte de las actividades humanas”.

FUENTE: europapress.es

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