Inteligencia militar en el agro

En Israel es común que los perfiles más sobresalientes de las unidades de inteligencia militar aprovechen su experiencia para crear compañías emergentes.

SeeTree es un ejemplo de esto: Israel Talpaz, su jefe ejecutivo y cofundador, optó por aplicar sus conocimientos de inteligencia a huertos comerciales. El resultado es que la empresa crece tan rápido como la hierba mala.

En el país hay más de 450 empresas de tecnología agrícola pero Talpaz se centró en los árboles porque, a diferencia de los cultivos de campo, requieren cuidado y monitoreo durante todo el año. Y los agricultores siempre están buscando soluciones para vencer sus enfermedades y aumentar el rendimiento.

Así, comenzó a investigar y consultó a profesores de agricultura israelíes sobre qué tipo de árbol se beneficiaría más de su red de inteligencia. La respuesta fue unánime: los cítricos. Además le comentaron que una enfermedad bacteriana llamada huanglongbing (HLB) devastó la industria de los cítricos en Florida (EU) durante la última década, convirtiéndose, según fuentes del mismo Estado, en la mayor amenaza a la que se ha enfrentado la industria cítrica de Florida”. Es cierto, la producción cayó en picada en los últimos años.

En California, la enfermedad aún no ha infectado huertos comerciales pero los agricultores están muy preocupados y por ello recibieron a SeeTree con los brazos abiertos tras su cauteloso lanzamiento en septiembre de 2017.

«En menos de un año, llegamos a ser un servicio que algunas personas en California lo llaman viral. Y todo gracias al boca a boca», comentó el cofundador y presidente de SeeTree, Barak Hachamov. Y añadió: «No hay un sólo vendedor entre los 40 empleados de la compañía y, sin embargo, tenemos clientes muy importantes».

El sistema no sólo detecta el HLB de manera temprana sino que también recopila y analiza la inteligencia en cada árbol en un periodo determinado de tiempo. Para esto utiliza drones avanzados, sensores y aprendizaje automático, además de personal humano sobre el terreno. Todo este conjunto les permite a los agricultores identificar áreas de preocupación y optimizar el cuidado individual. SeeTree cobra una tarifa mensual basada en el área cultivada.

Para crear un “registro médico” de cada árbol se tienen en cuenta diferentes variables. También se proporcionan índices de producción de árboles individuales. En huertos comerciales con cientos de miles de unidades, este nivel micro de inteligencia no tiene precedentes.

“Para cada árbol creamos una puntuación que representa su estado de salud. Estos puntos son representados en diferentes colores para que funcione como un mapa visual de cada unidad. Cuando usa nuestra aplicación móvil, el agricultor camina entra los árboles y puede ver a aquellos que hemos resaltado como débiles», explicó Hachamov.

Al equipo de SeeTree le gusta llamar a su interfaz móvil «el Waze de los árboles» . Y es un apodo apropiado ya que que uno de sus inversores es justamente Uri Levine, uno de los fundador del gigante mundial de GPS para tránsito.

Convertir a cada uno de los árboles en una entidad digital hace posible, por primera vez, que los agricultores se centren en unidades específicas en función de su estado de salud y rendimiento de la fruta.

Para financiarse, SeeTree contó con fondos de empresas como Hanaco Ventures, Canaan Partners Israel, iAngels y Mindset.

La compañía emergente con sede en Tel Aviv se asoció con grandes clientes corporativos de todo el mundo y abrió sucursales en California y Brasil. Hachamov explicó que algunas de las herramientas tecnológicas de SeeTree fueron desarrolladas por compañías israelíes.

A pesar de que ha comenzado con cautela, SeeTree se expande y mucho. El siguiente grupo de «clientes» son los almendros de California. «Soñamos con liderar el mundo de las redes de inteligencia para cualquier tipo de árbol en cualquier lugar del mundo», manifestó Hachamov, que aseguró que el sistema podría funcionar en prácticamente cualquier clima donde existan huertos comerciales.

Para el ejecutivo, los árboles son un mercado más pequeño que los cultivos en campo abierto pero tienen un alto valor. “Un árbol vive entre 30 y 40 años y, si se pierde uno, su reemplazo tardará cinco años en alcanzar al mismo nivel de producción de fruta. Es un desafío muy diferente al de los cultivos de campo de temporada porque los daños pueden ocurrir en cualquier momento del año”, describió.

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