Innovaciones científicas que buscan adaptar la biodiversidad de los cultivos a los impactos del cambio climático

Nuevas técnicas para la producción de papas nativas, proliferación de bosque nativo entre los viñedos, además de formatos creativos para la producción y venta de mariscos, son parte de proyectos de investigación que buscan conservar las especies alimenticias del país, tanto en la tierra como en el mar.

El cambio climático es un fenómeno que está trastocando todas las formas culturales que como humanidad hemos construido hasta el día de hoy.

Según las investigaciones científicas, como las del comité científico asesor de la ONU, conocido como IPCC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático), los efectos del aumento de la temperatura media de la tierra pueden traer no sólo intensas tormentas, aumento del nivel del mar o sequías en distintas regiones del planeta, sino también impactos en distintos ecosistemas y a la biodiversidad.

Los recursos alimenticios no están exentos a estos impactos y, en Chile, que ha sido definido como un país altamente vulnerable al cambio climático, ya han salido a la luz investigaciones que buscan que nuestros cultivos puedan adaptarse a estos efectos, como el aumento de la temperatura, sequías y acidificación de los océanos.

Papas nativas mejoradas

Gracias a la polinización que realizan las abejas, un proyecto agrícola inédito se está realizando en los campos de Valdivia. Se trata de un programa de fortalecimiento de las papas nativas del sur, caracterizadas por sus diversos colores y formas sinuosas, para darle cualidades propias de los tubérculos comerciales, más grandes y lisas, que se venden en ferias y supermercados.

Se trata de un cruzamiento del material genético de las papas convencionales que, a través de una polinización dirigida con abejas, llevan hasta las plantas de las papas nativas. De esta forma se pueden obtener nuevas líneas mejoradas del tubérculo.

Este proyecto, denominado “Línea mejorada de papas nativas”, se está realizando la Universidad Austral, en un proyecto dirigido por las expertas en Ciencias Agropecuarias, Carolina Lizana y Anita Behn.

LÍNEAS DE PAPAS NATIVAS DE COLORES MEJORADAS GENÉTICAMENTE. FOTO: U. AUSTRAL.

“Las papas nativas tienen un material genético que les permite enfrentar de mejor forma los impactos del cambio climático, ya que sus plantas son más resistentes a la sequía y a las altas temperaturas. Pero tienen un rendimiento menos productivo y formas con ‘ojos’ negros profundos, que las hacen menos atractivas que las papas convencionales”, explica Lizana.

Si las nuevas líneas de papas nativas son estables y de buen rendimiento pueden ser inscritas en el SAG como nuevas variedades comercializables.

Y agrega: “esta cruza de material genético podrá generar nuevas variedades mejor adaptadas al cambio climático, a un valor más alcanzable para los consumidores y también con mejores beneficios nutricionales, ya que estas papas de colores contienen fenoles y antocianinas que las papas convencionales no tienen”.

Esta investigación está en curso, pero si las nuevas líneas de papas nativas que se están generando resultan ser estables y de buen rendimiento pueden ser inscritas en el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) como nuevas variedades de papas comercializables.

Ecosistema en las viñas

Cada día más, las grandes extensiones cultivadas con vides de la zona central del país se han visto ‘invadidas’ por manchones de bosque nativo que, en algunos casos, incluso rodean las viñas. Es una nueva forma de plantación de las parras para producción de vinos, que la industria está comenzando a utilizar para mantener la salud de las vides en un contexto de cambio climático.

Y donde la conservación del bosque nativo y los ecosistemas del lugar juegan un rol fundamental.

IMAGEN DE UNA DE LAS VIÑAS DEL PROGRAMA VINO, CAMBIO CLIMÁTICO Y BIODIVERSIDAD. FOTO: OLGA BARBOSA.

“Los bosques nativos, matorrales y esclerófilos como el litre y el quillay, entregan varios servicios ecosistémicos a las vid. Son una fuente de provisión de agua, ya que absorben el agua de lluvia y luego la libera lentamente durante el año, porque es un tipo de vegetación adaptada a clima mediterráneo, con varios meses sin precipitaciones”, explica Olga Barbosa, directora del Programa Vino, Cambio Climático y Biodiversidad, que lleva adelante el Instituto de Ecología y Biodivesidad, a través de financiamiento Conicyt.

Tanto vid como bosque se convierten en un solo ecosistema, que alberga aves, insectos y microorganismos que son beneficiosos para la salud de la uva.

Barbosa agrega, además, que “el bosque nativo ayuda a la estabilización del microclima alrededor de los viñedos, ya que a través de la fotosíntesis transpiran, y ese vapor, que básicamente es energía, disminuye la temperatura. Lo que es muy importante frente a eventos de temperaturas extremas”.

De esta forma, explica, tanto vid como bosque se convierten en un solo ecosistema, que alberga aves, insectos y microorganismos que son beneficiosos para la salud de la uva, ya que compite con pestes y enfermedades que atacan las parras.

PARTE DE LA BIODIVERSIDAD DE UNO DE LOS VIÑEDOS QUE TRABAJA CON EL PROGRAMA VINO, CAMBIO CLIMÁTICO Y BIODIVERSIDAD. FOTO: U. AUSTRAL.

Este proyecto comenzó a implementarse hace una década y actualmente son cerca de 37 mil hectáreas de bosque y matorral endémico están siendo conservados de forma voluntaria por una veintena de productores de vinos, bajo el alero de este programa.

“Conservar la biodiversidad y la naturaleza en los viñedos le confiere mayor resiliencia frente al cambio climático, algo esencial para la adaptación del sistema productivo”, sentencia la investigadora.

Opciones para los moluscos

El último informe que dio a conocer en septiembre el IPCC puso en alerta el daño que están experimentando los océanos por el aumento del dióxido de carbono (CO2) que absorbe. Este y otros contaminantes derivados de los combustibles fósiles, está aumentando su acidez, y con ello, trastocando los ecosistemas, afectando especies marinas e incluso impactando en la actividad pesquera de todo el planeta.

Las costas de Chile no están exentas a estos fenómenos. Incluso, investigaciones científicas proyectan que, de aquí a fin de siglo, los moluscos podrían perder algunas características físicas, principalmente en el aspecto de sus conchas.

“Todos los moluscos con esqueleto calcáreo se verán afectados producto de la acidificación de los océanos. Por ejemplo, hemos estudiado que en el caso de los choritos podrían cambiar el color de sus conchas y su textura, además de perder algunas propiedades nutricionales como sus ácidos grasos y Omega3, que son atributos altamente valorados por los consumidores”, explica el investigador asociado del Núcleo Milenio MUSELS, Nelson Lagos.

En este centro de investigación de ecosistemas socio-biológicos marinos, se estudian los impactos del cambio climático en las diversas especies marinas, y en el caso de los moluscos, en algunos productos alimenticios que se cultivan como los locos, almejas y ostiones.

CULTIVOS DE CHORITOS EN EL MARCO DEL PROYECTO MUSELS. FOTO: FERNANDA OYARZÚN, INVESTIGADORA ASOCIADA DE LA U. LAGOS.

Además, se evalúan opciones para que los productores comiencen a incorporar algunas prácticas que permitan a sus productos adaptarse a las exigencias del mercado.

“Los cambios que produce la acidificación no sólo afectan la fisiología de estas especies, sino también los atributos del mercado. Por eso hemos evaluado metodológicamente algunas opciones para la acuicultura, como incorporar a los choritos en una salsa. También hemos sugerido que se puedan utilizar otros recursos como el chorito maltón, típico del sur de Chile, pero que hoy no se cultiva. Si bien su apariencia es menos atractiva para los consumidores, son más resistentes la acidificación”, sostiene Lagos.

Productores acuícolas pueden incorporar prácticas que permitan a sus productos adaptarse a las exigencias del mercado frente al cambio climático.

Asimismo, el biólogo marino explica que para fortalecer la adaptación al cambio climático de las especies marinas es necesario crear en el país un banco de semillas para cultivos, con un laboratorio que sea capaz de producirlas y, además, incorporar mejores prácticas ambientales en la industria acuícola.

“La capacidad de los cultivos debe ser acorde a la capacidad del medioambiente para que esta industria sea sostenible a largo plazo”, remata.

PARTE DE LA PRODUCCIÓN DE CHORITOS EN ESTUDIO DEL NÚCLEO MILENIO MUSELS. FOTO: MUSELS.

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