Frutillas sin suelo, ¿cómo?

Con más de 300 hectáreas plantadas, Coronda, provincia de Santa Fe, Argentina, es una de las principales regiones del país que se dedica a la producción de frutillas, junto con Arroyo Leyes y Santa Rosa de Calchines con 40 hectáreas.

No obstante, el crecimiento inmobiliario sobre tierras productivas y la suspensión del bromuro de metilo como método de desinfección de suelos, se convirtieron en un problema al que los productores de frutillas debieron encontrar soluciones.

En ese proceso, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), en el marco del proyecto Tierra Sana, ensayó y desarrolló innovaciones tecnológicas que permitan optimizar el uso del espacio físico y disminuir la aplicación de agroquímicos.

El INTA Coronda, encabezado por la la Ing. María del Huerto Sordo, lleva adelante un ensayo productivo de frutillas en sustrato, desde el año 2017: “Estamos trabajando con producción en semi-hidroponia. A diferencia de la hidroponia, que promueve el cultivo sobre agua, en este sistema los plantines se desarrollan en un sustrato alternativo a la tierra y reciben aportes nutricionales a través del riego con aplicación de fertilizantes. El objetivo es duplicar la densidad de plantación, utilizando diferentes niveles de altura y disminuyendo la distancia entre plantas” afirmó la especialista.

Esta tecnología permite incrementar la producción y los rendimientos por unidad de superficie mediante la disminución de la distancia entre plantas (15 centímetros en vez de los 30 convencionales) y la implantación a diferentes niveles de altura.

Además, al utilizar un sustrato prácticamente inerte y estar alejada del suelo, la planta tiene menos incidencia de enfermedades disminuyendo la aplicación de agroquímicos, bajando el costo de producción y haciendo más sustentable ambientalmente el sistema. Otra de las ventajas de estar en altura es que optimiza el tiempo de recolección y mejora las condiciones laborales de los cosecheros.

“La semi-hidroponia disminuye el uso de agroquímicos. Al perder el contacto con el suelo, la planta baja su carga de patógenos e insectos. Al no requerir desinfección de suelos -una práctica habitual en el cultivo- estamos eliminando el uso de bromuro de metilo y sus derivados, que son los productos químicos más contaminantes. Además, mejora las condiciones de trabajo de los cosechadores ya que la persona no necesita agacharse para trabajar en el deshojado, limpieza de plantas y cosecha, mejorando, a su vez, el tiempo de cosecha” explicó Sordo.

En referencia a lo económico, comentó que la principal desventaja es la inversión inicial, que es el doble de la de un sistema convencional.

Para que su implementación sea viable, entonces, se deben encontrar alternativas que mejoren el rendimiento. “En nuestro caso particular, se conservaron las plantas y el sustrato para un segundo año de producción. Esta decisión requirió cuidados en verano (conservación bajo media sombra) y podas. En la actual campaña, las plantas conservaron su potencial productivo en calidad y cantidad, con rindes de entre 30 y 35 toneladas por hectárea” afirmó.

Pese a los contratiempos económicos, Sordo aseguró que “los productores tienen interés por estos sistemas porque perciben que a futuro será la tecnología que les va a permitir producir en los bordes urbanos donde las dimensiones de los lotes es pequeña”.

Suspensión del bromuro de metilo y el proyecto Tierra Sana

La Argentina adhiere al Protocolo de Montreal y al Convenio de Viena, por lo que se compromete a reducir el uso de las sustancias que agotan la capa de ozono, como el bromuro de metilo.

Se trata de un gas ampliamente usado en el sector agrícola en tratamientos de control de plagas y desinfección de suelos o sustratos, pero que agota el ozono impactando negativamente en la capa de ozono estratosférica, la cual es esencial para todas las formas de vida en la tierra.

El Tierra Sana nació como un proyecto para la búsqueda de alternativas, y es llevado adelante por el trabajo en conjunto entre la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI) y el INTA, en las principales zonas productivas de frutillas, hortalizas y flores ornamentales.

Analía Puerta, coordinadora nacional del proyecto, explicó que “el cultivo sin suelo surge como una novedosa alternativa técnica y ambiental. Desde el proyecto acompañamos al productor en el proceso de reconversión. Con los años hemos logrado una sustitución del Bromuro de Metilo en un 90 % con diversas alternativas, según los cultivos y las regiones”.

El proyecto está estructurado en una coordinación nacional con equipos técnicos regionales, con sede operativa en las agencias de extensión y experimentales del INTA ubicados en el AMBA, Mar del Plata, Santa Fe, Bella Vista (Corrientes), Famaillá (Tucumán), Yuto (Salta/Jujuy), Cruz del Eje (Córdoba) y La Consulta (San Juan).

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