Frutas imperfectas… ¿las compras?

En España, se tiran 7,7 millones de toneladas de alimentos cada año. Una cifra que representa el 14% del desperdicio de toda Europa y sitúa al país como la séptima nación europea que más comida despilfarra. Ante estos datos no son pocos los que han intentado luchar contra ello. Desde una madre de Gerona, Cristina Romero, que, en 2016, llevó al Congreso de los Diputados más de 220.000 firmas para solicitar un cambio legislativo con el objetivo de poder aprovechar los excedentes de los comedores escolares (la ley dice que la comida que ya está elaborada no se puede donar) hasta el Senado que acaba de acordar crear el Observatorio del Desperdicio Alimentario en un plazo máximo de seis meses.

Y es que según las cifras publicadas en la página web del ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, el consumidor es responsable del 42% de la comida que acaba en el contenedor; la fase de fabricación, del 39%; la restauración, del 14% y la distribución, del 5%. Ante esta estadística y priorizando el concienciar sobre el desperdicio alimentario en los hogares, otros también han decidido poner el foco de atención en todos aquellos alimentos que tan solo por su apariencia estética son descartados antes de llegar al supermercado.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la mayoría de las pérdidas que se producen en la fase de fabricación se deben a cánones estéticos que nada tienen que ver con la calidad. Así, muchas frutas y verduras no se llegan a comercializar por estar deformadas o por tener un tamaño menor al estandarizado. Por eso, ahora, con la creación del Observatorio del Desperdicio Alimentario se pretende plantear si estos alimentos podrían venderse con algún tipo de rebaja fiscal con el objetivo de dar salida a aquellos productos que tienen las mismas propiedades nutricionales pero que no tienen unas cualidades estéticas tan perfectas.

“Mientras tengan los mismos parámetros en términos de calidad del producto nos parece bien que estos alimentos ‘feos’ no se desechen”. Así, de contundente se ha mostrado tanto el sector de la agricultura como el de la industria alimentaria.

Primeras experiencias

Asimismo, los consumidores también se han mostrado favorables ante esta iniciativa en otras ocasiones. Por ejemplo, una cadena de alimentación vasca ha realizado tres campañas en las que coloca en sus expositores estos alimentos de apariencia ‘fea’, pero que ofrecen el mismo sabor y propiedades nutricionales.

También, han surgido iniciativas como la realizada en la plaza del Pilar de Zaragoza, cuando comieron 5.000 personas con alimentos que habían sido desechados.

Asimismo, un supermercado estadounidense Giant Eagle ha dado un paso más en esto de aprovechar la comida ‘fea’ y de forma continuada sus expositores contarán con estas frutas y verduras imperfectas en apariencia, pero de calidad intachable. Y a pesar de los posibles vaticinios, la compañía asegura que los clientes están empezando a decantarse por estos productos, al darse cuenta que mantienen las mismas propiedades nutricionales. Eso sí, reconocen que están motivados también por el hecho de que estos productos tienen descuentos de entre el 20 y el 25%.

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