En Canadá y Bangladesh avalan dos tipos de alimentos transgénicos para consumo humano

En el país norteamericano aprobaron un evento sobre salmón. En la nación de mayoría musulmana, un tipo de arroz más nutritivo, con más contenido de vitamina A.

En los útimos días sucedieron un par de hechos muy importantes que tienen que ver con el debate sobre transgénicos, instalado a partir del reclamo para que el gobierno libere el evento HB4 en trigo, de tolerancia a la sequía. Se instaló la idea de que el gobierno no lo aprueba porque “el mundo no quiere transgénicos en los alimentos de consumo directo por parte de los humanos”.

Bueno, Canadá aprobó el salmón transgénico, cuya característica es acortar a la mitad la velocidad de crecimiento. Y Bangladesh autorizó finalmente el “arroz dorado”, una variedad modificada genéticamente para aumentar el contenido de vitamina A, y de esa manera mejorar la nutrición de los pueblos en los que el arroz es un alimento básico.

El caso de Canadá es emblemático, porque se trata del primer transgénico en el reino animal. No solo es de consumo humano directo, sino que no ofrece ninguna característica que favorezca al consumidor, más allá de que su precio será menor ya que el costo de producción baja drásticamente. También tendrá menor impacto ambiental, toda vez que el primer principio de la ecología es la eficiencia en el uso de los recursos. Este salmón comerá menos y hará un mejor uso de las instalaciones, al disminuir el tiempo de ocupación. Por supuesto, se establece que solo podrá producirse en piletas, para evitar el riesgo de escapes y cruzamientos con salmones salvajes en el mar y los cursos de agua.

En el caso del arroz dorado, hay otro detalle no menor. Se ha esgrimido el argumento de que los musulmanes no quieren transgénicos, y esa es una de las razones para trabar el HB4 en trigo. Pues bien: Bangladesh tiene un 90% de la población musulmana. Ellos ya habían autorizado la plantación de una berenjena transgénica, con resistencia al tizón, que diezma los cultivos de este alimento básico en la nación asiática, con 170 millones de habitantes.

Estos dos hechos alimentan la idea de que vale la pena insistir, con argumentos de base científica, para lograr la caída de las trabas. Es lo que hicieron los canadienses del salmón, y lo que lograron las fuerzas vivas de Bangladesh para contar con un alimento básico mejorado.

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