Elicitores: una defensa preventiva para una agricultura moderna

El sector agrícola se enfrenta a multitud de retos, entre los que se encuentran la mitigación y adaptación al cambio climático, la sostenibilidad y el hecho de tener que alimentar a una población mundial que crece exponencialmente. Todo ello con una serie de limitantes, como el hecho de disponer cada vez menos tierras arables y, en lo que se refiere a la sanidad vegetal, con menos herramientas para el cuidado de sus cultivos.

Desde Bruselas la legislación es cada vez más restrictiva en el uso de este tipo de productos, según argumentan, en pos de la seguridad de los ciudadanos de la Unión. Esta situación hace que el abanico de herramientas para luchar contra plagas y enfermedades sean cada vez más limitadas.

Es más, recientemente la Asociación Empresarial para la Protección de las Plantas (AEPLA) presentaba los resultados del Informe Low Yield llevado a cabo por la consultora Steward Redqueen a instancias de European Crop Protection (ECPA) en el que se afirma que “la tendencia comunitaria de legislar teniendo en cuenta la peligrosidad de los productos, obviando los beneficios que un correcto uso de los mismos puede ofrecer a nuestra sociedad, puede provocar que 75 de las 400 sustancias activas actualmente disponibles para proteger los cultivos europeos sean prohibidas“.

A ello se suma el hecho de que algunas cadenas de distribución exigen límites máximos de residuos (LMR) por debajo de lo que marca la normativa, supuestamente, por demanda de sus consumidores. “Nos exigen una serie de criterios que nada tienen que ver con los que se supone que tienen que salvaguardar la salud de los productores a la hora de aplicar los fitosanitarios y de los consumidores a la hora de consumir los productos.

Ahora ya no solo tenemos que cumplir la normativa cambiante de la administración, sino que además debemos asumir aquellas demandas que, sobre todo a la hora de exportar, cada cadena quiera aplicar”, destacaba el responsable estatal del sector de frutas y hortalizas de la organización agraria COAG, Andrés Góngora, en un encuentro en torno a la sanidad vegetal celebrado en Madrid. En ese mismo encuentro, el responsable de cadena agroalimentaria de la Asociación Española de Distribuidores de Autoservicio y Supermercados (ASEDAS), Felipe Medina, matizaba: “Lo primero que nos debemos plantear es cómo se han elaborado los sistemas de certificación que hoy por hoy tienen que cumplir las producciones. Estos sistemas en muchas ocasiones se han creado por intereses comerciales de las propias certificadoras y ninguna de ellas era española. Llegamos tarde siendo el principal país productor y exportador de frutas y hortalizas de la Unión Europea y que los sistemas de certificación nos hayan venido impuestos de fuera es un problema que al final terminamos acusando todos”.

En cualquier caso, esta situación ha empujado a los productores a buscar en muchos casos, manejos alternativos del cultivo para afrontar diversos problemas con plagas. Buen ejemplo de ello es la lucha biológica que, a la postre, se ha mostrado tan eficaz en producciones bajo invernadero que ha supuesto que el 100% de la producción de pimiento de Almería se cultive utilizando técnicas de control biológico. Sin embargo, las enfermedades merecen otro tratamiento: “Mientras que en el control de plagas podemos contar el número de mosca blanca, trips… que hay en un invernadero, en el caso de los patógenos no podemos contar el número de esporas que tenemos o qué virus se nos va a presentar, no podemos adelantarnos al posible problema que podemos tener”. Lo dice Milagrosa Santos, catedrática de la Universidad de Almería que trabaja en su departamento de producción vegetal y cuyas líneas de investigación giran en torno a hongos como el mildiu y el oídio. Es ella quien nos habla de las distintas líneas abiertas a la hora de hacer frente a las enfermedades fúngicas sin tener que echar mano exclusivamente de productos que dejan un LMR que “tan poco gusta” a las cadenas de distribución mediante soluciones que tienen un funcionamiento totalmente distinto al de los productos de choque. Es el caso de los elicitores.

¿Elici… qué?

La filosofía de los productos que contienen materias activas elicitoras es sencilla: poner a las plantas en alerta antes de que entre el patógeno, activando los mecanismos propios de la planta que la hacen resistente a hongos como mildiu y oidio. “Lo que se pretende es que, a través de productos que incluyen un elicitor, cualquier planta que no es resistente a enfermedades lo sea.

Por otro lado, el agricultor debe entender que no es una materia activa explosiva sino que es un producto de carácter preventivo, por lo que el técnico o el agricultor deben aprender a manejarlos de un modo distinto al fitosanitario común”, destaca Milagrosa Santos, que trabaja día a día tratando de inocular hongos en sus ensayos para poder trabajar sobre ellos.

Algunas casas comerciales ya conocen las ventajas que ofrecen este tipo de productos. Es el caso de Adama con su producto Kayak, cuya composición es Laminarin (una materia activa elicitora que induce los mecanismos de autodefensa de los cultivos) exento de LMR y que puede ser utilizado tanto en cultivos ecológicos como aquellos cuyo destino final sea la alimentación infantil: “El producto simula el ataque de la enfermedad para que la planta active su capacidad reactiva al patógeno antes de que éste aparezca.

“La planta cree que recibe el ataque de un hongo y activa sus herramientas de defensa“, recalca Jesús Encinas, Jefe de Producto de Adama Agriculture España. Todo ello en cultivos como lechuga, tomate, pimiento, berenjena, pepino, judías verdes, calabacín o uva de mesa.

Los productos con materias activas elicitoras tienen carácter preventivo, por lo que hay que aprender a manejarlos: “Las resistencias no son específicas, por lo que a veces el agricultor no obtiene lo que espera. Es decir, aplicamos un producto esperando hacer frente a Botrytis pero no hace frente a Botrytis pero sí sirve para otro hongo o incluso para que la planta se ponga a punto por si viene una virosis”, afirma Milagrosa Santos, que apunta hacia una agricultura en la que se combinen distintas soluciones conjuntas para hacer frente a un problema, evitando así la generación de resistencias.

Todo ello debe estar acompañado de un buen manejo del cultivo, pues a veces es el propio agricultor quien provoca las enfermedades sin saberlo. Con todo esto se trata de conseguir una agricultura cada vez más sostenible y que responda tanto a la demanda de la sociedad como a los retos del planeta.

Para más información visita Adama.com

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