El reto de la agricultura en “el país de las piedras”

Junto con la falta de agua de riego, otro enemigo que acecha a los agricultores armenios es el granizo.

Con apenas el 10 por ciento de su superficie cultivable, Armenia busca en su tierra tesoros agrícolas que pueda exportar, como los frutos secos y las hierbas para infusiones de la remota Gerhard, donde la UE financia un proyecto que da trabajo, sobre todo, a mujeres.

Los propios armenios llaman a su patria “el país de las piedras”, pues la mayor parte de su territorio son mesetas de altas montañas, frías y secas, cubiertas de piedras volcánicas. La escasez de agua y suelo fértil siempre han sido una de las principales preocupaciones de los agricultores del país, que depende enormemente de las importaciones para alimentarse ya que solo cubre el 60% de sus necesidades de comida. Según la FAO, el sector agrícola armenio representa casi el 20 % de su PIB y el 40% de su fuerza laboral, pero se trata de una agricultura de subsistencia, con poco acceso a los mercados, recursos limitados y un débil potencial de crecimiento. La mayoría de la tierra pertenece a cooperativas (45%) o al Estado (30%) y muy poca está en manos privadas.

Vista de las instalaciones del grupo Ritart, una de las nuevas cooperativas agrícolas que han surgido a partir del Programa de Vecindad para la Agricultura y el Desarrollo Rural (ENPARD).– Vista de las instalaciones del grupo Ritart, una de las nuevas cooperativas agrícolas que han surgido a partir del Programa de Vecindad para la Agricultura y el Desarrollo Rural (ENPARD). –

En 2015, la UE lanzó el Programa de Vecindad para la Agricultura y el Desarrollo Rural (ENPARD), dotado con 25 millones de euros, y cuyo objetivo durante tres años es apoyar el establecimiento de nuevas cooperativas agrícolas, modernizar y aumentar el valor añadido de las explotaciones y desarrollar estrategias de mercado para esos cultivos. El proyecto hizo germinar nuevos frutos de optimismo entre los agricultores: hasta la fecha ha ayudado a seis cooperativas, como la que el grupo Ritart tiene en el municipio de Geghard (a unos 30 kilómetros de Ereván), en Kotayk, una provincia con unos índices de pobreza del 40 %. Una delegación del Parlamento europeo visitó estos días la región, conocida por sus ricas cosechas de albaricoque y uva, pero que sufre desde hace tiempo un prolongado declive económico.

Tras conocer la cooperativa, dedicada al cultivo y producción de frutos secos y hierbas para tisanas, el eurodiputado letón Andrejs Mamikins se mostró “orgulloso” de un proyecto que crea “nuevos puestos de trabajo, nuevos mercados” y desarrolla la economía de la zona. Es “un proyecto único que no he visto antes ni en Georgia, ni en Tayikistán ni en ninguna otra parte”, dijo a Efe. El negocio fue fundado hace cinco años por la armenia Rita Martirosián que, gracias a sus conocimientos fitoterapéuticos, pudo convertir su hobby de recolección de hierbas medicinales para la familia en un proyecto que acabaría atrayendo la atención de la UE. El proyecto cobra especial importancia dado que sus principales beneficiarias son mujeres, entre las que la tasa de desempleo casi llega al 70%. Su fundadora sueña ahora con poder exportar a Europa. “Empecé completamente sola, primero recolectando un kilo, luego cinco, y así hasta que llegué a un punto cuando ya no podía hacerlo sin ayuda y la encontré en mi familia y en la UE”, relató a Efe. La empresaria subrayó que en un kilómetro cuadrado en Armenia se pueden encontrar un centenar de distintos tipos de hierbas. De las 3,500 que crecen en el país, unas 1,500 tienen propiedades curativas.

El proyecto “cumple con muchos criterios muy buenos, como traer puestos de trabajo a regiones algo remotas” utilizando “tesoros locales como las hierbas”, destacó a Efe la eurodiputada ecologista de Finlandia Heidi Hautala. Tras la reciente firma de un acuerdo de cooperación ampliada entre la UE y Armenia, “es aún más importante que antes poder exportar a los mercados europeos”, agregó, matizando la dificultad de cumplir con todos los estándares de seguridad alimentaria.

Junto con la falta de agua de riego, otro enemigo que acecha a los agricultores armenios es el granizo. Algunos años, las tormentas de pedrisco acaban con entre un cuarto y un tercio de las cosechas. Las pérdidas del 10%-12 % ya se han convertido en un mal inevitable. Para combatirlo, con apoyo del ENPARD se han puesto en marcha proyectos para la instalación de mallas protectoras contra el granizo y de sistemas de riego por goteo que permiten ahorrar hasta un 40 por ciento de agua.

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