El puesto de frutas y verduras que desafía a la honestidad

Funciona en San José bajo un particular sistema de autoservicio en el que la confianza entre cliente y vendedor es clave.

“Deposite aquí su dinero. Gracias por su compra. Gracias por su ‘Honestidad'”. El mensaje, pintado en un cartel dentro de un quiosco de frutas y verduras sobre la ruta 11 a la salida de Ecilda Paullier, en San José, marca una consigna de compra y venta probablemente única en Uruguay, o al menos muy particular.

El puesto “Honestidad” funciona con un sistema de auténtico auto servicio. El cliente que va al kiosco se encuentra con una serie de frutas y verduras orgánicas empaquetadas en bolsas de nylon. Cada bolsa tiene una inscripción que indica el nombre del producto y su precio. El cliente elije lo que quiere, luego saca la cuenta de cuánto debe según lo que se lleva y deposita el dinero en una alcancía asegurada con dos candados. En el proceso no intercede ningún vendedor.

Washington César Neto es dueño fundador del emprendimiento que ya lleva un año y cuatro meses funcionando. El hombre de 35 años, oriundo de Rocha pero radicado en San José, comenzó a trabajar en un campo como peón y en diciembre de 2015, en un terreno inutilizado dentro de la propiedad, empezaron a crecer zapallitos.

También, algunos limoneros que había en un jardín al fondo de la casa de su patrón comenzaron a dar más fruta de la que podían consumir en el establecimiento. Incluso más de la que podían regalar a algunos vecinos, como solían hacer. En seguida la primera idea fue vender la mercadería a supermercados y verdulerías de la zona, pero la producción excedió la demanda de Ecilda Paullier y un conocido le sugirió poner un puesto que “se atendiera solo” porque lo había visto funcionar en otras partes del mundo.

Con algunas maderas y un cartel que identificaba el lugar como un puesto de frutas y verduras, Neto montó un humilde kiosco en el que ofrecía zapallitos, limones y huevos orgánicos. La idea, que en un principio parecía estar destinada al fracaso, caló entre los vecinos de la localidad y durante diciembre el negocio se mantuvo con éxito y agotó la cosecha.

“Con cada nueva venta me entusiasmaba cada vez más, porque la gente respondía bien. Fue ahí que me di cuenta que valía la pena producir algo más”, dijo Neto a El Observador. Fue en ese momento que su primo, Edgardo Velásquez, se sumó al proyecto y comenzaron a plantar otras variedades: acelga, remolacha, morrón, calabaza, rúcula, albahaca, espinaca, tomate, pomelos, ciruelas, melones, uvas y más. Todo orgánico porque según Neto es algo que los clientes le pedían y que él decidió respetar como parte de la confianza en la que se basa su negocio.

Más que clientes, amigos

En Honestidad con $ 200 se puede comprar un atado de acelga, un kilo de tomates, un atado de rúcula, media docena de huevos, un melón, un atado de albahaca y medio calabacín. En un supermercado de Montevideo y con el mismo dinero solo es posible acceder al atado de acelga, al kilo de tomates y a la media docena de huevos.

“Mi intención con estos precios es que la gente lleve la mercadería y no que la compare por el precio, lo ideal es vender en abundancia, que en vez de vender un atado de acelga a $ 40, vender 10 a $ 20”, explicó Neto. Y agregó: “Quiero ayudar un poco. Hay gente que siente Honestidad como una ayuda; familias que precisan esos precios”.Por día, el kiosco vende entre $ 500 y $ 700 de mercadería.

En "Honestidad" el consumidor deposita el dinero en una alcancía.
En “Honestidad” el consumidor deposita el dinero en una alcancía.

Naturalmente, Honestidad no ha estado libre de robos y abusos por parte de algunos clientes, aunque Neto aseguró que han sido “muy pocas experiencias desagradables”, las ha habido. Una vez le rompieron la alcancía en donde las personas suelen depositar el dinero de las compras. En otra ocasión, durante una noche de invierno, un grupo de delincuentes se llevaron el puesto completo. “Robaron hasta las banderas rotas, eso fue un acto de maldad y no de necesidad, motivo por el cual algunos vecinos suelen llevarse cosas”, recordó el productor.

Los robos más comunes son aquellos en los que algún cliente carga con más productos de los que paga. A Neto, estas situaciones no suelen preocuparle. “La actuación recae en la persona que roba, no en nosotros. Intentamos que no nos afecte, porque al otro día tenemos que levantarnos para seguir trabajando. Si dejamos tres melones y a una persona la parece bien pagar uno y llevarse los tres, ahí está la vida de esa persona”, dijo. Y aseguró entre risas: “Cuando tenemos un mal momento tratamos de plantar dos plantas más para recuperarnos.”

‘Honestidad’ en el mundo

En varios países europeos, sobre todo en Inglaterra y Estados Unidos, existe un sistema de recolección de frutas y verduras que funciona con un método similar al de Honestidad. Este procedimiento convierte a los consumidores de frutas y verduras no solo en clientes si no también jornaleros.

Cada día, a las personas se les permite el acceso a huertas, granjas e invernaderos en los que productores plantes diferentes frutas y verduras de manera orgánica. Allí, los visitantes recorren el lugar y van cosechando los productos que quieren y los colocan en una canasta. En la entrada hay carteles que indican los precios y las personas, al final de su recorrida, dejan el dinero de lo que llevan.

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