El mundo salvando a los plátanos

Hace 12 años, a comienzos de 2007, me tocó hacerme una pregunta en mi blog bastante preocupante (al menos para mí, que adoro los plátanos) ¿nos quedaríamos sin las dulces bananas dentro de 10 años?

En aquel artículo, explicaba que todos los plátanos (en España usamos este término para referirnos a la variedad Cavendish, principalmente cultivada en Canarias, al que diferenciamos de las “bananas”, más grandes y amargas que se preparan fritas, por ejemplo) provienen esencialmente de la misma planta, ya que todas las bananeras que se explotan hoy son copias clónicas.

En efecto, hasta a mediados de la década de 1950, el plátano más consumido en el mundo era el así llamado Gros Michel, del que dicen que era más dulce y sabroso que el Cavendish que hoy encontramos en nuestros mercados. Desafortunadamente, una variedad de hongo responsable de la enfermedad de Panamá acabó con los cultivos del Gros Michel a nivel global.

Por fortuna, las empresas tenían un plan b, la variedad Cavendish, que era resistente al hongo que acabó con el Gros Michel; esa es la razón por la que hoy se cultiva esta variedad en todo el planeta. Desafortunadamente una nueva variedad de aquel hongo, al que llaman TR4 (o si queréis poneros más técnicos Fusarium oxysporum raza 4 tropical) lleva años amenazando a las cosechas de Cavendish. De ahí mi artículo de 2007 en el que hablaba de la temible posibilidad de que este hongo alcanzara Latinoamérica, la región del mundo que más plátanos produce.

El TR4 se descubrió por primera vez en Taiwán a mediados de la década de 1980. A pesar de los esfuerzos, includos los que suponen quemar el cultivo para evitar su propagación, este hongo ha demostrado ser un enemigo muy duro. Baste decir que aunque se destruya la plantación completa, el hongo puede reposar en estado latente en el suelo durante décadas, por lo cual ese terreno no puede volver a emplearse para cultivar bananas.

Como os decía, lo que más temíamos ya ha sucedido. El pasado mes de agosto, laboratorios fitosanitarios detectaron trazas de TR4 en plantaciones de Colombia. De momento es el único país de la región en el que se ha detectado, y a pesar de que el gobierno declaró el estad de emergencia y destruyó la cosecha, probablemente es solo cuestión de tiempo que alcance otros países de la región, como Ecuador, en el que se producen buena parte de los plátanos consumidos en los Estados Unidos y Europa.

La amenaza es seria. No se pueden poner plazos, pero probablemente en unos pocos años la variedad Cavendish sucumba, como antes le sucedió a la Gros Michel. A pesar de que se conocen alrededor de 1000 variedades de bananera, la Cavendish es única ya que crece rápidamente y puede transportase a lo largo de grandes distancias sin que se eche a perder. Además, tiene el tamaño, aspecto y sabor que todo consumidor asocia hoy en día con un plátano.

¿Qué hacer entonces ante su inevitable desaparición futura? Los científicos lo tienen claro, hay que parar al TR4 creando variedades que puedan combatirlo. Sin embargo hay un problema, nadie sabe si los consumidores aceptarán esa futura versión (probablemente transgénica) de banana, pese a que su consumo será indudablemente seguro.

En Fast Company acaban de publicar un extenso artículo centrado en dos esfuerzos científicos encaminados a que el plátano continúe presente en nuestros supermercados. Cada uno de ellos sigue estrategias diferentes, uno llevado a cabo en Reino Unido, trata de dotar a la variedad Cavendish de una herramienta que la haga capaz de desactivar los genes del TR4. El otro enfoque científico, que nos llega desde Australia, pretende aprovechar un gen descubierto en una variedad salvaje de bananera, que la hace inmune a la enfermedad de Panama raza 4 tropical, insertándola en el ADN de la variedad Cavendish.

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