El compostaje

Hacer su propio compost es uno de los mejores medios para reducir los volúmenes de basura orgánica, preparando un excelente abono para los cultivos o para el jardín.

En cultivos leñosos es normal, pero no generalizado, triturar la leña procedente de la poda para dejarla en el sitio, restituyendo así al suelo la mayor parte de los elementos minerales extraídos por las plantas. Esta práctica de la trituración, con o sin incorporación, se práctica también en muchos cultivos anuales.

Pero algunas situaciones pueden exigir que esta trituración no se haga. Es el caso de algunas enfermedades, o de las exigencias d algunos tipos de mecanización (como par ejemplo la recolección de las almendras). También hay agricultores que simplemente no quieren hacerlo o que no disponen de los equipos necesarios.

En esas condiciones, la práctica más usual es de sacar la leña de la parcela con un rastrillo grande enganchado a un tractor, y de quemarla.

En una técnica barata y rápida, pero la quema es un contrasentido agronómico, energético, nutricional, medioambiental, e incluso económico, al menos en las zonas de climas templados. Es que los beneficios de los aportes de materia orgánica son numerosos. Quemar de manera sistemática esta fuente de restitución acelera el empobrecimiento del suelo agrícola y obliga el agricultor a comprar cantidades de fertilizantes muy superiores a lo que necesitaría con la restitución de esta materia orgánica.

En las situaciones en las que la trituración de los restos vegetales en el sitio no se hace, la mejor solución es el compostaje. Los restos se agrupan en un área libre, triturados de manera basta, organizados en montones, mojados y movidos periódicamente.

El procedimiento es sencillo, económico, pero requiere cierta organización y rigor. El compostaje en montones pasa por una fase termófila, durante la cual la temperatura en el corazón del montón puede alcanzar 70ºC durante unos días, produciendo un efecto esterilizador por eliminación de la casi totalidad de hongos, bacterias e insectos. Incluso procedente de plantas enfermas, los restos vegetales compostados se transforman en una fuente sana y económica de materia orgánica, o sea de fertilizante orgánico para los cultivos.

En algunas regiones, existen grupos o empresas especializados en la recuperación de los restos estrictamente vegetales (especialmente de origen urbano) para llevarlos hasta las fincas donde los agricultores se convierten en sus dueños y hacen su compostaje para uso propio.

Los centros de tratamiento de residuos urbanos ven reducir los volúmenes a tratar, los agricultores consiguen un volumen de restos vegetales que no son capaces de producir en sus fincas, y fabrican su propio fertilizante orgánico.

De hecho, tengo un amigo y antiguo compañero asesor que se ha especializado en esta actividad, creando la sociedad Terre et Compost (Tierra y Compost).

Si el compostaje es de calidad y los restos vegetales de calidad suficiente, el compost conseguido puede incluso obtener la acreditación para agricultura ecológica (pero esto depende principalmente de la legislación nacional).

El compostaje es una técnica muy antigua, sencilla, económica y ecológica para disponer de una materia orgánica de alta calidad en la finca.

 

“El compostaje doméstico: pasión, voluntad y conocimientos técnicos requeridos.

El compostaje es un dominio fascinante que se practica a gran, a media y a pequeña escala y que se dirige  tanto a los industriales, a los productores agrícolas que a los jardineros aficionados. Total, a todos los que se interesan por el medioambiente, a la agricultura o a la horticultura.

Si la agricultura urbana suscita un interés creciente, el compostaje domestico sigue formando parte de las herramientas al alcance del horticultor urbano, desde mucho tiempo como un modo de producción de una materia viva (el compost), y más recientemente, en una perspectiva medioambiental, como un modo de gestión ecológica para algunos residuos que genera en casa.

De este modo, el transporte de esas materias orgánicas y todos los inconvenientes y los impactos que conlleva quedan minimizados. Empleando el compost en casa, devolvemos al suelo la materia orgánica y los elementos nutritivos esenciales para el crecimiento de las plantas. A pesar de esos nobles objetivos, hace falta pasión hortícola, convicciones medioambientales, una pizca de voluntad, y un mínimo de tiempo y de conocimientos técnicos para hacer del compostaje domestico una aventura duradera.

El compostaje, ¿qué es?

A menudo se alega que el compostaje es un proceso natural. A pesar de las similitudes que se aprecian entre el compostaje en pila y los procesos de descomposición observados en la naturaleza, no se puede evitar constatar que el apilamiento sobre varios pies de espesor de materias orgánicas de fuentes diversas sobre una superficie reducida o en un recinto cerrado no se produce en la naturaleza.

El compostaje debería pues ser visto como un proceso que se controla y que se distingue de un montón en el campo o de un apilamiento de residuos orgánicos que dejamos descomponerse y que termina, con los meses y los años, transformándose en una materia que se parece a una tierra negra.

En los libros especializados como las normas y las guías, el compostaje es sinónimo de “proceso dirigido de bio-oxidación de un sustrato orgánico sólido incluyendo una fase termófila”. Esta definición sugiere el mantenimiento de condiciones aerobias en el seno de la masa y el alcance de temperaturas termófilas (que corresponde a Tº > 45ºC) en el conjunto de la masa. Esta noción de alcance de temperaturas elevadas es importante, especialmente para el compostaje a gran escala, ya que permite conseguir un efecto de higienización. Gracias a las temperaturas elevadas, el proceso de compostaje permite reducir el nivel de microorganismos patógenos y la destrucción de semillas de malas hierbas, reduciendo por lo tanto los riesgos de contaminación y de diseminación. El término compost debería indicar, con toda lógica, el producto procedente del compostaje, es decir una materia estabilizada, higienizada y desodorizada que es benéfica al crecimiento de los vegetales.

¿Debemos deducir que el compost procedente de un compostaje domestico sin elevación de temperatura no es de calidad? ¡En absoluto! Siguiendo las reglas del arte, llegamos a producir un compost de buena calidad; aún hace falta, al igual que para la fabricación casera de vinos y cervezas, tomar la pena de aprender, ya que existe un límite a poder conciliar facilidad y calidad cuando los procesos involucrados son complejos.

El compostaje a pequeña escala

El compostaje a distintas escalas y el empleo de compost han sido objeto de numerosos libros y publicaciones. Aquí [en Quebec], el reciente libro intitulado “Le compost: Pourquoi? Comment?” (El compost: ¿Por qué? ¿Cómo?) del agrónomo Lili Michaud aborda el tema de manera clara y detallada y es una mina de informaciones útiles, incluso esenciales, para quien se interesa especialmente en el compostaje doméstico. Es inútil pues retomar aquí informaciones ampliamente tratadas.

Sea cual sea la escala a la que se hace el compostaje, los procesos que implican los microorganismos son los mismos y el objetivo de la compostadora es la satisfacción de las exigencias de los microorganismos para que el trabajo quede adecuadamente realizado. Si a los microorganismos no les importa el tamaño de las operaciones, necesitan un buen entorno (humedad, oxígeno) y alimentos (carbono, nitrógeno) para hacer su trabajo y sobrevivir en la jungla microbiana.

La elección de residuos de calidad es crucial y es una verdad aún más importante en ausencia de temperaturas elevadas. Este modo de transformación “frío” exige un mínimo d vigilancia. Por ejemplo, las materias que pueden llevar agentes patógenos (excrementos animales, plantas enfermas) y las plantas consideradas como malas hierbas (de rizoma o de semilla) se deben evitar.

Además, y siempre por motivos de calidad, las materias que pueden tener un contenido de metales o compuestos no biológicamente degradables (por ejemplo residuos de pesticidas, cenizas de madera tratada, materias plásticas), o materias que generan olores desagradables (para ti o para los vecinos) como el pescado, las carnes o los crustáceos también se deben evitar en operaciones a pequeña escala. Y finalmente, algunas materias pueden ser integradas al compostaje, pero en pequeñas cantidades (cáscara de huevo, césped fresco húmedo, cenizas).

El compost es sobre todo una enmienda orgánica para los suelos y se emplea primero como una fuente de materia orgánica que, por su descomposición en el suelo, aporta los elementos nutritivos esenciales para el crecimiento de las plantas. La calidad del compost es un problema complejo, tanto por la multitud de los parámetros a tomar en consideración como por la complejidad de los procesos implicados, de la fabricación del compost hasta su empleo.

Un canoso profesor decía a un joven agrónomo: “Que sepas que hace falta más que un simple termómetro para hacer compostaje”. Me toca ahora decir: “Hace falta más que un simple pH-metro para evaluar la calidad del compost”.

Concentración de materia orgánica, humus, capacidad de retención de agua, relación C/N, nitrógenos, fosforo, potasio, micro-elementos, pH, madurez, elementos trazas metálicos y agentes patógenos solo son algunos ejemplos de la terminología asociada a la noción de calidad de un compost.

Esos parámetros son importantes para los cuyo trabajo es asegurar un buen crecimiento de los vegetales preservando la calidad de los suelos y del medioambiente.

¡Bienvenidos en el terreno de los agrónomos!

FUENTE

Comentario

  1. Me encanto el articulo ya qur nosotros somos generadores de humus ..y compostear es una de nuestras prioridades para tener una muy buena calidad..saludos..
    todo.verde@live.com

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