Desde el medioambiente hasta el bolsillo

La agricultura ha sido, es y será una actividad económica clave tanto para países desarrollados como para aquellos en vías de desarrollo. Dado su importante rol en el bienestar de las personas, cualquier desafío que enfrente suscita un motivo de preocupación político, académico, público y privado. Cuando se identifican estos desafíos en el mediano y largo plazo, generalmente se agrupan en dos categorías: aquellos desafíos socioeconómicos relacionados al aumento de la población, el aumento de ingreso de las personas y el cambio de sus hábitos alimenticios, y un segundo grupo relacionado con factores medioambientales como el cambio climático o la presión sobre los recursos naturales. Entre estos últimos, el cambio climático representa uno de los principales desafíos para la agricultura en los próximos años. Las altas concentraciones de gases efecto invernadero (GEI) generarán una cadena de impactos que en primera instancia afectarán directamente a variables climáticas como temperatura, precipitaciones o la frecuencia e intensidad de eventos climáticos extremos. Estos cambios, a su vez, tendrán una influencia directa en los rendimientos de los cultivos y los balances hídricos, entre otros importantes componentes de los sistemas agrícolas. Adicionalmente, esta cadena de impactos generará diversas respuestas socioeconómicas, a nivel local, nacional y global.

A nivel predial (o de explotación), estas respuestas se traducen en diferentes decisiones relacionadas a la producción, el manejo, o medidas de adaptación de la explotación al cambio climático. Estas decisiones influyen en el impacto económico final del cambio climático y, a su vez, son influenciadas por el progreso tecnológico, la implementación de políticas, el desarrollo del mercado y la disponibilidad de información. A nivel nacional, el cambio climático puede inducir cambios en recursos necesarios para la actividad, tales como la disponibilidad de agua para riego, o cambios en la cantidad y calidad de la producción. Las respuestas a estos cambios estarán determinadas por la capacidad adaptativa de sus agricultores y las estrategias nacionales de adaptación que, si son correctamente implementadas, pueden fortalecer las respuestas autónomas a nivel predial. A nivel global, el comercio internacional vincula a todos los países y sus sectores agrarios. El cambio climático influirá sobre la evolución de los mercados agroalimentarios en el mediano y largo plazo, afectando la oferta y demanda de insumos, productos y bienes agrícolas. Esto último tendrá consecuencias no sólo sobre los precios de los alimentos, sino también sobre la seguridad alimentaria de los países, que, a su vez, generarán distintas respuestas a nivel regional.

Como vemos, la evaluación de los impactos económicos del cambio climático en la agricultura puede presentar altos niveles de complejidad. Una forma de simplificar esta evaluación es abarcando la problemática desde diferentes escalas de análisis, lo que permite desentrañar las distintas respuestas socioeconómicas desencadenadas por un shock climático a nivel global, nacional o local.

Una evaluación a diferentes escalas permite generar información científica, que puede ser utilizada para la generación de políticas públicas o estrategias de adaptación macro y micro que mejoren la resiliencia del sector agrario al cambio climático. Diversas instituciones e investigadores de todo el mundo han dirigido sus estudios en esta dirección, especialmente a nivel global y regional. Asimismo, en Chile y Latinoamérica seguimos en esta misma dirección, aunque con algunos años de rezago en comparación con otras regiones, sobre todo en la evaluación económica de los impactos del cambio climático en la agricultura a nivel local.

IMPACTO EN LOS MERCADOS GLOBALES

A partir de la década de los 90 surgen los primeros esfuerzos por dilucidar los efectos del cambio climático en la producción y los precios de los alimentos a nivel global. En la última década, el número de estudios de este tipo ha aumentado considerablemente. Aunque, sus resultados no son de fácil comparación debido a las diferentes metodologías utilizadas y sus supuestos subyacentes, la mayoría coincide en que los cambios en la productividad debido al cambio climático, generarán importantes presiones a los mercados agroalimentarios en los próximos años.

El quinto informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), compila y analiza los últimos estudios relacionados al tema hasta el año 2014. En base a estos, concluye que es muy probable que los cambios en la temperatura y la precipitación, sin considerar los efectos del CO2, conduzcan a un aumento en los precios de los alimentos para 2050, con incrementos estimados que van del 3% al 84%. Cuando se toma en cuenta el efecto de un aumento en la concentración de CO2 en los cultivos (sin considerar el impacto de otros gases, como ozono, o los cambios en los comportamientos de plagas y enfermedades), los impactos en precios presentan mayores grados de incertidumbre y pueden ser variados para el 2050 (disminuyendo en un 30% o aumentando hasta en un 45%). Estudios recientes realizados en conjunto con investigadores de la Escuela de Agronomía de Universidad Mayor, la Universidad Politécnica de Madrid y los Institutos de Prospectiva Tecnológica (IPTS) y Medioambiente y Sustentabilidad (IES) del Centro de Investigación Conjunta de la Unión Europea (JRC), revelan resultados similares a los comunicados por el quinto informe del IPCC. Un aumento en los rendimientos de los cultivos lleva a un impacto positivo en la oferta, lo cual será contrarrestado por una disminución en los precios de los cultivos, dando lugar a ajustes interregionales en la producción, el consumo y el comercio. De manera similar, una disminución de los rendimientos de los cultivos y, por lo tanto, en la productividad, elevará los precios de estos.

Esta interconexión entre los efectos de producción y precio, que resume los efectos simulados sobre la producción agrícola global y el precio de ocho cultivos de gran relevancia global. Esta figura compara la situación de seis escenarios diferentes de cambio climático con un escenario base de referencia en el año 2030. Cuando se considera el aumento en la concentración de CO2 los efectos sobre los rendimientos son positivos a nivel mundial para la mayoría de los cultivos. Sin efectos de CO2, en cambio, se espera que la producción mundial de cultivos disminuya (moderadamente), a excepción de la soya, para la cual encontramos resultados mixtos. La magnitud del efecto de fertilización de carbono aparece, por lo tanto, como el factor clave que influye en la dirección de los efectos. Asimismo, es importante mencionar que los resultados también varían significativamente entre los modelos climáticos, en especial cuando se tiene en cuenta la fertilización con CO2.

Los efectos de los precios varían según los escenarios y también entre cultivos. Centrándose en estos últimos, el rango de variación de precios es mayor para las oleaginosas que para los cereales. Según los escenarios, la producción mundial de cultivos aumenta de 0,1 a 2,2% en los escenarios que dan cuenta de los efectos del CO2 y se acompañan de una disminución global de los precios en el rango de 2 a 18,2%. Asimismo, en los escenarios que supongan que no hay efectos de CO2, la producción mundial de cultivos disminuye de 0,2 a 1,3%, con incrementos de precios globales en el rango de 3,5 a 9,8%. Una explicación de las diferentes magnitudes en la reacción de precios en comparación con la producción es la baja elasticidad precio-demanda (sensibilidad de la demanda respecto al precio) para el grupo analizado de productos agrícolas.

INCERTIDUMBRE Y RESPUESTAS

Tanto la literatura como la lectura de los resultados presentados anteriormente muestran los altos niveles de incertidumbre ligados a las proyecciones climáticas, su efecto en la productividad agrícola y los ajustes de mercado. Es importante ser conscientes de que la incertidumbre es intrínseca en las evaluaciones económicas del cambio climático. No obstante, esto no debe ser excusa para no prepararnos y desarrollar estrategias de adaptación adecuadas. Asimismo, es importante reconocer que las respuestas socioeconómicas pueden ser heterogéneas dependiendo de las características de quienes enfrenten estos shocks como también la interrelación entre los diferentes factores que entran al juego. Es en este último punto que los análisis a escala global no logran capturar la heterogeneidad de los agentes involucrados ni las respuestas biofísicas que dependen de las características locales. Ante esto, surge la necesidad de buscar escalas de análisis más desagregadas que explícitamente consideren las decisiones que se pueden tomar a nivel regional, de cuenca o incluso de explotación frente a un impacto del cambio climático.

IMPACTO A NIVEL SUBNACIONAL

Cuando se analizan los impactos económicos del cambio climático a niveles desagregados, tanto los datos necesarios como los resultados obtenidos varían respecto a los análisis globales. En cuanto a los datos, estos poseen un alto nivel de detalle. Las respuestas biofísicas de cultivos o el comportamiento de caudales en cuencas dependerán de las características geográficas y agroclimáticas específicas del área de estudio. Asimismo, las características socioeconómicas y productivas del sector deben ser recogidas (generalmente a través de encuestas o censos) para poder simular las probables respuestas socioeconómicas ante un impacto climático. Respecto a los resultados, estos ya no se centran en los efectos que podría tener el cambio climático en los precios y mercados de productos agroalimentarios; de hecho, agricultores y explotaciones agrarias actúan como precio-aceptantes. En estos casos, los resultados reflejan impactos en variables como los ingresos de los agricultores, el empleo o la asignación de los recursos y cultivos de una explotación, cuenca o región.

Aunque en menor número que los análisis globales de impacto económico del cambio climático en la agricultura, existen varios ejemplos de estudios a escala subnacional en diversas partes del mundo. Varios ejemplos se han realizado en Europa o en algunos países de África. En Chile, se han realizado algunos análisis a nivel regional y de cuenca, desagregando resultados incluso a nivel comunal y de hogar agrícola.

Una particularidad de la agricultura nacional que adhiere un desafío a los análisis de este tipo es la heterogeneidad de explotaciones existentes. Por una parte, hay una gama amplia de tamaños de explotaciones con disímiles distribuciones de superficie agrícola. Aquellos agricultores con superficies menores a 20 hectáreas representan cerca del 73% del total de los agricultores a nivel nacional; sin embargo, en su conjunto no poseen más allá del 4% de la superficie agrícola. En el otro extremo, si bien aquellos agricultores con explotaciones sobre las 100 hectáreas sólo representan un 8% del total nacional, estos concentran un 89% de la superficie agrícola nacional.

Además, dentro del conjunto de agricultores de menos de 20 hectáreas un alto porcentaje representa a un segmento de agricultura de subsistencia, mientras que aquellas explotaciones de carácter comercial no sólo son disímiles en cuanto a tamaño sino también en aspectos de manejo, cultivos, tecnologías, etc. Esta heterogeneidad hace necesario, antes de simular cualquier efecto económico del cambio climático, desarrollar una tipología de explotaciones que por sus diferentes características tanto productiva como socioeconómicas, responderán de manera distinta a probables shocks biofísicos producidos por el cambio climático.

EN LA HETEROGENEIDAD DE LA ZONA CENTRAL

Un estudio reciente desarrollado por investigadores de las Escuelas de Agronomía de la Universidad Mayor y la Universidad Católica del Norte, del departamento de Economía Agraria de la Universidad Politécnica de Madrid y de la Escuela de Negocios de la Universidad del Desarrollo, toma en cuenta cada uno de estos desafíos. Se analizó el impacto del cambio climático a nivel de hogar en la zona Central del país, caracterizada por su alta heterogeneidad (desde grandes empresas agrícolas exportadoras a agricultura familiar de subsistencia).

A partir de una encuesta realizada entre los años 2011 y 2012, se recogen diferentes variables productivas y socioeconómicas de explotaciones agrícolas localizadas en la zona antes mencionadas. En base a esta información se obtuvieron cuatro grupos de explotaciones y hogares agrícolas, donde cada subgrupo posee características productivas y socioeconómicas similares. Esto permitió evaluar, a través de modelos económicos, cuáles son las probables respuestas de cada subgrupo a tres escenarios de cambio climático, relacionados a una disminución de rendimientos, una baja en la disponibilidad de agua para riego y un tercer escenario que considera como medida de adaptación un aumento en la eficiencia de riego.

Los resultados agregados muestran el impacto que tendría, por una parte, una disminución de los rendimientos de los cultivos, y por otra el mismo escenario anterior sumado a una disminución de agua disponible para riego en el ingreso y empleo regional. Asimismo, se evaluó cómo una medida de adaptación (aumento de la eficiencia de riego) contrarresta los impactos negativos en las mismas variables.

Los mayores impactos surgen cuando se consideran ambos shocks en conjunto (rendimiento y disponibilidad de agua). También se observa el impacto, a nivel agregado, que puede tener una medida de adaptación en la mejora de la eficiencia de riego a nivel regional, sobre todo mitigando el impacto negativo sobre el empleo.

A nivel desagregado, se observa que quienes más sufrirían impactos negativos del cambio climático son los agricultores más pequeños y de menos recursos, caracterizados por poseer mayoritariamente cultivos de secano. También se pudo detectar diferentes respuestas de los subgrupos según sus características productivas. Por ejemplo, aquellos grupos caracterizados por la diversificación de cultivos se mostraban más resilientes a los impactos económicos negativos del cambio climático en comparación con aquellos focalizados en una producción de monocultivo. Asimismo, se pudo observar que, si bien la medida de adaptación evaluada es de gran importancia a nivel regional, su impacto mitigando los efectos negativos no se distribuye de manera equitativa, favoreciendo más a la agricultura de gran escala y de monocultivos bajo riego que a la pequeña agricultura y que aquella de mediana escala y con altos niveles de diversificación.

Como se mencionó, debido a los niveles de incertidumbre y los supuestos subyacentes de estas simulaciones, los resultados presentados deben ser evaluados con cautela a la hora de tomar decisiones de política pública para enfrentar el cambio climático. Sin embargo, estos representan valiosa información, que, complementada con otros estudios y metodologías, debe ser puesta en la mesa de quienes planifiquen estrategias de adaptación para el sector agrícola nacional.

TOMA DE DECISIONES FRENTE A INCERTIDUMBRE INHERENTE

Es importante ser conscientes de la incertidumbre inherente de la economía del cambio climático. Las simulaciones de impacto de cambio climático requieren de complejos modelos que integran información de diferentes disciplinas o de una cadena de modelos (climáticos, biofísicos y económicos) cuyos resultados alimentan al subsiguiente modelo, determinando así los efectos biofísicos y luego económicos. Todos estos modelos poseen supuestos que determinan sus resultados y, a medida que avanzamos en esta cadena, también aumentan los niveles de incertidumbre.

¿Esto implica que no se deban tomar decisiones de cómo enfrentar esta situación? Absolutamente no. Los resultados de evaluaciones de impacto biofísicos y económicos son información relevante para poder caracterizar esta incertidumbre, teniendo de esta manera información inicial para la toma de decisiones.

A nivel global, la comunidad científica es consciente de los altos niveles de incertidumbre que implican estas simulaciones de impacto. A partir de esto, han surgido importantes proyectos cuya participación engloba a universidades, gobiernos, privados y ONGs, tales como el proyecto de Intercomparación y Mejoramiento de modelos Agrícolas (AgMIP), focalizado en mejorar el estado de la simulación agrícola y agroeconómica y comprender los impactos climáticos en el sector a escala global y regional. Si bien algunas instituciones académicas ya son parte de este conglomerado (como la PUC), es fundamental que otras instituciones relacionadas al sector, especialmente públicas y privadas, se interioricen con este tipo de proyectos y participen de esto en la medida de lo posible.

En Chile, se ha avanzado mucho en los diferentes eslabones que componen la cadena para la evaluación de impactos del cambio climático en la agricultura. Existen diversos estudios a nivel nacional de simulaciones climáticas como también evaluaciones respecto a los efectos del cambio climático en sistemas hidrológicos y efectos sobre el rendimiento de cultivos. Sin embargo, aún estamos rezagados en cuanto a la comparación de las metodologías utilizadas. La planificación e implementación de medidas de adaptación sectoriales, basada en evaluaciones de impacto que derivan de uno o dos modelos hidrológicos o de cultivo puede llevar a estrategias erradas si no se comparan con resultados de otros modelos con parametrizaciones diferentes. Asimismo, existen pocos estudios en Chile que evalúen los impactos económicos del cambio climático. La incorporación de estos a nivel local puede ser fundamental a la hora de evaluar los costos y beneficios de futuras estrategias de adaptación en la agricultura.

BAJO NIVEL DE INFORMACIÓN

Otra importante brecha es la falta de información actualizada o la inexistencia de bases de datos con información contable agrícola. La evaluación económica del cambio climático requiere del uso intensivo de datos productivos, económicos y sociales de los agricultores del país. Sin embargo, esta información no se encuentra actualmente disponible. La entrega del Censo Nacional Agropecuario actualizado se ha postergado para el año 2020, lo que no sólo afecta la evaluación de los impactos, sino también la evaluación de políticas sectoriales que pueden apuntar a problemáticas que no se condicen con la realidad del sector. Asimismo, evaluaciones económicas del impacto de políticas sectoriales, shocks climáticos, o estrategias de adaptación en los ingresos de las explotaciones agrarias son desarrolladas en otras regiones gracias a la disponibilidad de información contable agrícola. Este tipo de información mejora significativamente la explicación y predicción de varios niveles de viabilidad de las explotaciones agrícolas. Un ejemplo de esto es la Red de Información Contable Agrícola (FADN) de la Comunidad Europea, la cual ha sido fundamental para comprender la estructura de la renta agrícola y el impacto de la política en los diferentes sectores agrarios. En Chile, ni siquiera hay asomo de que este tipo de estadísticas sean prioritarias para el sector.

Escrito por: Francisco Fernández, Académico Escuela de Agronomía Universidad Mayor.

Roberto Ponce, Académico Escuela de Negocios Universidad del Desarrollo.

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