Cultivos anuales o permanentes: Necesidad de un equilibrio

Cultivos anuales o permanentes: Necesidad de un equilibrio

«El agricultor es libre de orientar sus tierras hacia los cultivos que mejor considere pero, ¿es buena la desviación masiva que se está produciendo actualmente en favor de los permanentes?»

Estamos asistiendo a una reducción paulatina, constante de la disponibilidad de superficie de siembra para cultivos herbáceos anuales, consecuencia de que muchos agricultores, en su derecho, deciden destinar sus tierras a cultivos permanentes, lo que comporta un cambio radical en la orientación de su estrategia productiva.

Es una renuncia a la flexibilidad o elasticidad que proporciona la posibilidad de elegir anualmente diferentes cultivos en función de oportunidades de mercado o de especialización y optar por un cultivo que de manera rígida, una vez plantado o establecido, obliga a mantenerlo durante varios años sin posibilidad de maniobra según las condiciones de mercado o cualquier otra circunstancia.

Se imaginarán que me estoy refiriendo, a las hasta hoy, miles de nuevas hectáreas que se están poniendo de olivar intensivo o súper intensivo, de almendro y otros cultivos, en superficies que tradicionalmente se han venido utilizando para cultivos anuales en regadío como algodón, maíz, tomate de industria, remolacha, etc.

El caso de la remolacha

No es un fenómeno nuevo ni mucho menos, las azucareras más antiguas de España estaban en Granada, se fundaron a principios de mil novecientos El Carmen , La Vega y San Isidro, y desaparecieron en la década de los ochenta consecuencia de la sustitución de las tierras que producían remolacha por cultivos permanentes, fundamentalmente chopos y frutales.

El agricultor es libre de orientar sus tierras hacia los cultivos que mejor considere pero, ¿es buena la desviación masiva que se está produciendo actualmente en favor de los permanentes? El sector olivarero no está contento con los precios del aceite, entre otras cosas porque los niveles productivos de las campañas son continuamente altos, reforzados por la entrada en producción de las nuevas plantaciones. Sin embargo se siguen poniendo nuevas hectáreas.

Sería conveniente que todos, administraciones, agricultores y sus representantes, industriales, etc., hiciéramos una reflexión conjunta con el objetivo de poner sobre la mesa y analizar esta situación que empieza a producir desequilibrios. Lo que parece claro es que no podemos ni debemos mantener una postura de observador estático.

El sector algodonero

Me referiré en la segunda parte de este artículo de opinión al sector algodonero en el que esta preocupación ya existió y vuelve de nuevo. En efecto, la falta de materia prima hizo necesario un plan de reestructuración industrial. Consecuencia del mismo, de treinta desmotadoras se pasó a las ocho existentes en la actualidad. De esta manera se reestableció parcialmente el equilibrio producción algodonera/capacidad industrial. Hoy existen riesgos de que el equilibrio conseguido se altere si no hacemos algo.

Este es un sector dinámico que huye del conformismo, de posiciones victimistas y desde luego de las situaciones estáticas a las que antes me refería, y ha propuesto a la Secretaría General de la Consejería de Agricultura, en base a la colaboración pública privada, la realización de un estudio conjunto en la búsqueda de un incremento de la superficie potencial de siembra, eliminando o cambiando los períodos de referencia establecidos hace casi veinte años para poder sembrar o ir variando los umbrales de rotación del cultivo, etc.

Al mismo tiempo, es necesario hacer un análisis del sistema implantado en Grecia, principal país productor de la Unión Europea, sobre los rendimientos mínimos exigibles para poder percibir la ayuda específica y aumentar el nivel de profesionalización y especialización. No sé si con esto se alcanzarán las soluciones buscadas pero, sin duda, es la actitud que cualquier sector debe tener en la búsqueda de las mismas.

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