Cuba y el ambio climático en el agro

Autoridades cubanas diseñan estrategias para mitigar los efectos del cambio climático los cuales se sienten en la isla con particular crudeza en el sector agrícola.

De acuerdo con expertos cubanos, esos efectos provocan en la isla una disminución de las áreas de cultivos por inundaciones, sequías, acidificación, salinización o erosión de los suelos, lo que impacta de manera directa sobre la producción.

Al respecto, el director del Instituto de Investigaciones de Viandas Tropicales, Sergio Rodríguez, apuntó que para Cuba lo urgente son los embates de los huracanes por el estrago que ocasionan a la agricultura.

Además se reportan variaciones inesperadas en los periodos de siembra y cosecha, alteraciones en la dinámica de plagas y enfermedades, y extinción de especies animales y vegetales.

También representan un problema la presencia de sequías prolongadas y frecuentes, el severo déficit de lluvias, el avance de paisajes secos de la zona oriental hacia la occidental, así como el incremento en la violencia de fenómenos como los huracanes.

“Tenemos que seguir diseñando estrategias para evitar o mitigar el impacto de estos eventos meteorológicos. Diversificar la producción con aquellos cultivos más tolerantes es la forma de hacerlo”, explicó el también diputado cubano.

De acuerdo con Rodríguez, el 76 por ciento de las áreas cultivables cubanas tienen suelos pocos productivos, a lo que se suma la tendencia a la elevación de las temperaturas, que tienen cada vez menos diferencia entre el día y la noche.

Cultivos como el arroz, la papa, el tabaco, más la crianza de cerdos, se consideran como los renglones productivos que mayor preocupación despiertan entre los productores y campesinos cubanos debido al aumento de las temperaturas.

“Por cada grado centígrado que aumente la temperatura, disminuyen en un diez por ciento los rendimientos”, señaló Rodríguez, quien destacó la aplicación de la ciencia para sentar las bases de un buen desarrollo agrícola.

El especialista abogó por rescatar técnicas como las cortinas rompe vientos, el intercalado de los cultivos y los postes vivos.

“Hay plantas útiles para la alimentación humana que cumplirían la misma función, como el árbol de tamarindo. Hay que buscar alternativas, porque lo que no puede suceder es que cada vez que pase un ciclón por nuestros campos, nos quedemos sin plátanos”, advirtió.

Asimismo, el experto insistió en tener una agroindustria fortalecida y diversificada, que responda a las características de cada municipio y que garantice la sostenibilidad de los productos en periodos donde no resulta posible obtenerlos frescos.

El ministerio de la Agricultura elaboró una serie de acciones estratégicas que se incorporaron al Plan de Estado para el Enfrentamiento al Cambio Climático, conocido como “Tarea Vida”, coordinado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.

El principal objetivo del programa es presentar un programa integral con los pasos a desarrollar para prevenir y enfrentar los peligros y vulnerabilidades a corto, mediano, largo y muy largo plazos.

Un diagnóstico de la actividad agropecuaria y forestal en los 73 municipios priorizados en la “Tarea Vida”, determinó trabajar en una primera etapa en el área comprendida entre la franja costera y el límite inferior de la curva de intrusión salina, donde se originarán las mayores afectaciones.

En Cuba, el fondo agrícola abarca seis millones 600.000 hectáreas, de las cuales 3 millones 61.000 corresponden a esos 73 municipios y de ellas, 2 millones 207.000 están en el área delimitada por la curva de infiltración salina.

A ese problema se suman la obsolescencia tecnológica del equipamiento de riego instalado o la mala gestión de las tierras con disponibilidad de agua.

Según el experto, los efectos del cambio climático deben dejar en América Latina y el Caribe daños anuales por alrededor de 100.000 millones de dólares hacia el 2050, considerando la disminución en los rendimientos agrícolas, inundaciones y sequías.

FUENTE

Deja un comentario