¿Cuál es el coste anual mundial por la degradación de la tierra?

El International Food Policy Research Institute (IFPRI) ha presentado recientemente el informe Economics of Land Degradation and Improvement – A Global Assessment for Sustainable Development (Economía de la degradación y mejora de la tierra, una evaluación global para el desarrollo sostenible). Entre las conclusiones principales del documento, destaca que el coste global por la degradación de la tierra debido al cambio en el uso del suelo y la cubierta vegetal y a la merma de la superficie cultivable y de la productividad agrícola se estima en 300 000 millones de dólares (unos 283 000 millones de euros).

De media, la inversión de 1 $ en la restauración de tierras degradadas supone un retorno de 5 $, lo que representa un gran incentivo para la toma de medidas contra la degradación del suelo.

La degradación del suelo se extiende a aproximadamente un 30 % del total la superficie terrestre mundial y cerca de 3000 millones de personas viven actualmente en tierras degradadas. El coste anual mundial de la degradación de la tierra por el cambio en el uso del suelo y la cubierta vegetal y prácticas de gestión del suelo sobre tierras de cultivo estáticas y zonas de pastoreo que degradan el suelo se eleva a unos 300 000 M$ (alrededor de 283 000 M€). De este total, el África Subsahariana representa la mayor proporción (22 %) del coste total mundial de la degradación del suelo.

Solo alrededor del 46 % del coste de la degradación de la tierra por el cambio en el uso del suelo y la cubierta vegetal —un 78 % de los 300 000 M$ mencionados— es consecuencia de los usuarios del suelo, mientras que el 54 % restante se debe a los consumidores de los servicios de los ecosistemas agrícolas.

Los suelos fértiles son un elemento esencial para la existencia humana en la Tierra. En este sentido, la degradación de los suelos y la tierra plantea retos importantes para el bienestar y la seguridad alimentaria. Además, los suelos proporcionan no solo alimentos, fibras y numerosos tipos de biomasa que usamos, sino que también ofrecen una amplia gama de servicios de los ecosistemas esenciales como el secuestro de carbono, la purificación del agua y otros valores estéticos y culturales.

Por desgracia, durante el Antropoceno, es decir, desde que el hombre habita la Tierra, la degradación de los ecosistemas naturales, incluyendo la tierra y los suelos, ha ido en aumento progresivo, lo que plantea grandes desafíos para alcanzar el desarrollo sostenible y la reducción de la pobreza. La degradación de los ecosistemas pone sobre la mesa enormes desafíos ambientales da lugar a la pérdida de productividad de la tierra, lo que a su vez conduce a la conversión de biomas de alto valor —como los bosques— a biomas de bajo valor, especialmente en países de bajos ingresos, donde la mayoría de la población rural pobre depende en gran medida de los recursos naturales.

Las carencias resultantes son a menudo exacerbadas por la prohibición y desposesión de las personas del acceso a la tierra y los suelos fértiles. Por lo tanto, la gestión sostenible del suelo y la gobernanza responsable de la tierra tienen un gran potencial para ser una

de las piedras angulares de la consecución de los objetivos de desarrollo sostenible (ODS).

En concreto, la gestión sostenible de la tierra contribuye al logro de varios de los ODS como la neutralidad de la degradación del suelo y una agenda ambiciosa en materia climática y de biodiversidad.

Economía de la degradación y mejora de la tierra, una evaluación global para el desarrollo sostenible proporciona valiosos conocimientos e información, tanto en el plano mundial como en el regional y el nacional, sobre el costes de la degradación de la tierra y los beneficios de la adopción de medidas contra su degradación.

Una ventaja clave de este libro es que va más allá de los valores convencionales del mercado que tienen solo en cuenta la pérdida de productos agrícolas y ganaderos como consecuencia de la degradación de la tierra. Este documento también captura las grandes pérdidas registradas de servicios de los ecosistemas terrestres.

En concreto, a lo largo del informe se muestran 12 estudios de caso nacionales cuidadosamente seleccionados que ofrecen información muy valiosa sobre el coste de la degradación de la tierra en diversos contextos locales en función de la evaluación de las comunidades locales, los conductores de la degradación del suelo y estrategias susceptibles de ser implementadas para realizar una gestión sostenible de la tierra.

Los investigadores responsables de la elaboración del documento defienden que las inversiones para hacer frente a la degradación de la tierra tienen beneficios económicos significativos. Además, subrayan que, en paralelo con las inversiones, también se debe abordar la cuestión de la adopción de prácticas y políticas que conduzcan a una gestión sostenible de la tierra.

Según los expertos, para llevar a cabo la restauración de la tierra, tenemos que entender primeros a qué obstáculos nos enfrentamos dentro del contexto social, económico y político. Los resultados de este estudio demuestran que se necesita una atención especial al pago de incentivos locales tangibles para la adopción de medidas contra la degradación de la tierra. Esto requiere asegurar los derechos sobre la tierra, mejorar los servicios de extensión y el empoderamiento de las comunidades locales en la gestión de sus recursos naturales.

Asimismo, la identificación de vías de implementación a través de procesos en los que participen las múltiples partes interesadas es de gran relevancia.

«El coste de tomar medidas contra la degradación de la tierra es mucho menor que de la inacción y los rendimientos en la adopción de medidas son elevados», destacan los autores del informe. De media, la inversión de 1 $ en la restauración de tierras degradadas supone un retorno de 5 $, lo que representa un gran incentivo para la toma de medidas contra la degradación del suelo.

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