Conoce el “Jardín de Nemo”

Un equipo de buzos italianos está cultivando albahaca, tomates y fresas. Hace cinco años, Sergio Gamberini, un buzo profesional y jardinero aficionado de Liguria, una región costera en el noroeste de Italia, paseaba con agricultores locales. “Empecé a preguntarme si los cultivos podrían crecer en el océano”, dice. “Tuve esta visión sobre un huerto dentro de un globo transparente lleno de aire”.

Sus amigos fueron escépticos. Pero Gamberini, un ingeniero químico que dirige un negocio de equipos de buceo, estaba decidido a demostrar que su idea podría funcionar. Dos días después, se puso su equipo de buceo y, a 22 pies bajo el nivel del mar, colocó un globo de plástico lleno con una pequeña maceta de tierra y semillas de albahaca en el lecho marino. Después de unos días, brotaron pequeñas hojas de albahaca.

Al año siguiente, Gamberini, un autoproclamado “explorador de todos los océanos”, dedicó parte del presupuesto de su negocio familiar, Ocean Reef, para financiar la primera granja submarina totalmente funcional. Fue una cuestión de curiosidad personal: “Quiero averiguar si la agricultura submarina puede convertirse en una alternativa adecuada durante mi vida”, dice. También espera que si la agricultura subacuática despega, será él quien tenga la tecnología patentada.

Hoy, su proyecto, llamado “Nemo’s Garden”, cuenta con seis invernaderos submarinos que albergan unas 700 plantas, entre las que se incluyen albahaca, tomates, fresas, aloe vera, menta, mejorana y regaliz.

El viaje de lo que muchos vieron como un “experimento extraño” a una granja submarina a gran escala no fue fácil. De acuerdo con las leyes ambientales italianas, es ilegal realizar cambios permanentes en el fondo marino. Entonces, el primer desafío fue crear invernaderos submarinos removibles.

“Al principio diseñamos semi-esferas hechas de cloruro de polivinilo (PVC), un material termoplástico común, que era muy ligero y podía eliminarse fácilmente”, dice el Gerente de proyectos de Nemo’s Garden, Gianni Fontanesi. Pero después de la primera tormenta de invierno, cuando las olas entre nueve y trece pies arrancaron dos de las estructuras submarinas, el equipo optó por una estrategia diferente. “Ahora usamos plexiglás rígido con esqueleto de acero interno y externo”, explica Fontanesi, agregando que encontrar el diseño correcto para evitar el daño de la tormenta ha sido el mayor desafío hasta la fecha. Las semiesferas tienen seis pies de ancho y tres pies de alto y están unidas al lecho marino con 28 tornillos (extraíbles). Según Fontanesi, este diseño garantiza la estabilidad al tiempo que permite una oscilación suficiente para evitar los restos cuando las olas golpean.

Luego, el equipo tuvo que descubrir la ciencia de la agricultura subacuática. La mayoría de la luz es proporcionada por la luz solar natural. “Obtenemos un 70% de luz solar en comparación con los niveles de superficie”, explica Fontanesi. Durante los meses de invierno o días nublados, la luz artificial de las lámparas LED colocadas dentro de las esferas complementa la luz natural. Esta electricidad proviene de paneles solares y una pequeña turbina eólica en tierra, que se alimenta a los invernaderos, junto con agua para riego, a través de un sistema de tubos en forma de doble hélice.

Por ahora, el proyecto requiere agua dulce de la tierra. Pero, como explica Gamberini, el objetivo a largo plazo de Nemo es aprovechar el proceso de desalinización natural que tiene lugar en los invernaderos.

Esto tomaría ventaja del hecho de que los invernaderos no están completamente sellados. El fondo tiene una brecha, utilizada por los buzos para acceder a las plantas, que permite el ingreso de agua del océano. Esto no significa que toda la biosfera se inunde. Al igual que en una botella sumergida bajo el agua, el agua llena solo parte de las estructuras. La presión del aire lo mantiene a raya, dejando la parte superior seca.

Cuando el agua de mar entra en contacto con el aire caliente del invernadero, se evapora, perdiendo su componente salado. Esta agua “desalinizada naturalmente” eventualmente se condensa en las paredes del invernadero en gotitas que pueden ser recolectadas y, después de agregar minerales, se usan para el riego.

Gamberini y Fontanesi pueden monitorear la temperatura, la composición del aire y el uso de energía desde la sede central del proyecto en Génova, la principal ciudad de Liguria. Pero la agricultura se hace visitando los invernaderos en persona. Hasta la fecha, Fontanesi ha registrado casi un millar de “inmersiones agrícolas”. Dice que se siente como estar en un acuario al revés. “Eres el pez mirando al mundo exterior”.

Algunos activistas ambientales han expresado su preocupación acerca de que el Jardín de Nemo interrumpa el ecosistema del océano circundante. Pero Fontanesi dice que, por ahora, no hay evidencia de impacto negativo. “Hace unos meses, uno de nuestros buceadores descubrió un gran calamar haciendo un nido junto a una de las tuberías de energía”, dice. “Parece que los peces y otros animales están encontrando una forma de coexistir con nuestra granja”.

Para promover el proyecto, el equipo permite que cualquier buzo certificado venga y verifique el sitio. “Mucha gente local inicialmente se mostró escéptica acerca de mi extraña idea”, dice Gamberini. “Pero ahora la gente se está dando cuenta de que funciona, y ayuda a poner a Noli en el mapa turístico”.

Septiembre es probablemente el mejor momento para visitarlo. Fue entonces cuando tuvo lugar la “fiesta de la cosecha” de Nemo. “Nos reunimos con familiares y amigos y celebramos el final del verano con comida cocinada con plantas bajo el agua”, explica Fontanesi. Uno de los aspectos gastronómicos más destacados es el pesto, la salsa de pasta icónica de Liguria, que se prepara con albahaca bajo el agua. “Muchas personas nos preguntan si podemos distinguir la diferencia del pesto normal”, dice Fontanesi. “No soy un experto en albahaca, pero para mí sabe exactamente lo mismo”.

Hasta ahora, el descubrimiento más sorprendente se refiere a la química de las plantas bajo el agua. Las plantas que crecen a 22 pies bajo el nivel del mar enfrentan el doble de la presión atmosférica en comparación con sus contrapartes terrestres. Esto, según Fontanesi, ha llevado a una distribución diferente de los elementos químicos.

FUENTE

Comentario

  1. FRANCISCO JAVIER PENUNURI MOLINA

    MUCHAS GRACIAS POR SU VALIOSA COLABORACIÓN DE SUS ARTÍCULOS DEL SECTOR AGROPECUARIO.
    MUCHO ÉXITO Y FELICIDADES

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