Cómo renacer con la agroecología

Cuando Andrés Pérez Posada emprendió el proyecto de su finca El Renacer, en las afueras de la ciudad de Camagüey, muchos pudieron dudar de su cordura, al dejar su trabajo de hotelero para enfrentarse a 10.5 hectáreas donde el marabú campeaba como dueño casi absoluto del terreno.

La tierra heredada de sus abuelos y permutada por otro enclave en la circunvalación de la urbe, representó un reto para el nuevo campesino, quien desde los inicios buscó la innovación para un mejor aprovechamiento de su patrimonio, mientras rompía esquemas tradicionalistas que frenaban el potencial productivo.

El “acuartonamiento” y siembra de alimento animal, sin tener aún ni una vaca, fue la primera medida arriesgada del empírico ganadero, quien hasta pasados tres años de duro bregar no vio las primeras ganancias de su arriesgada apuesta por un futuro dedicado a la agricultura.

Mucho ha llovido desde entonces, y lo que en 2008 pareciera un paraje donde ya no volvería a crecer nada, hoy es un referente a nivel nacional de lo que las buenas prácticas agroecológicas pueden lograr en materia de sostenibilidad en la producción de alimentos y aprovechamiento de los recursos.

A inicios de junio, El Renacer se declaró como la primera finca escuela en Cuba dentro del proyecto internacional Bases Ambientales para la Sostenibilidad Alimentaria Local (BASAL), el cual implementa desde 2013 y que ha contribuido considerablemente al éxito del colectivo en esa estancia.

El proyecto BASAL tiene como objetivo contribuir al desarrollo socioeconómico y ambiental de Cuba, al apoyar la adaptación al cambio climático en el sector agropecuario local. Está liderado por instituciones cubanas, y respaldado por entidades internacionales de Naciones Unidas y la Unión Europea.

Durante su implementación ha favorecido la modelación de buenas prácticas a escala local para una producción agroalimentaria sostenible, potenciando métodos como el silvopastoreo, las fuentes renovables de energía, el uso racional del agua y la conservación de los suelos, entre otros.

Ha aportado herramientas para la capacitación de todos los involucrados en la producción de alimentos, para la toma de decisiones y la integración de otros actores económicos fuera del sector agropecuario, y para la inclusión del enfoque de género en esos procesos.

Renacer a favor del medioambiente

La experiencia de El Renacer demuestra cómo se puede tomar de la tierra lo que el hombre necesita, pero sin romper su equilibrio, impactando lo menos posible sobre el medioambiente, y multiplicando los conocimientos hacia otros que puedan aprovecharlos.

“El primer paso fue el diagnóstico de nuestras principales vulnerabilidades, e identificar una estrategia que nos permitiera trabajar sobre estas y superarlas”, explicó Andrés Pérez, el propietario de la finca.

“Inicialmente hicimos mucho énfasis en la capacitación del personal, pues si este no se siente comprometido, además, con conocimientos sólidos sobre las tecnologías que se van a implementar, estas no se pueden emplear entonces en función del desarrollo”, acotó el campesino.

Varias son las soluciones novedosas en materia agroecológica que se impulsaron en El Renacer a partir de los resultados del proyecto BASAL, enfocadas hacia el aprovechamiento del agua, del recurso suelo, de las energías renovables, de los cultivos en picos de temporada y de los abonos orgánicos.

Con una masa regular de 12 cabezas de ganado, que se incrementa hasta 50 cuando emprenden la ceba de búfalos, el sistema racional de pastoreo es una de las medidas fundamentales aplicadas en la finca, con cercas eléctricas que resultan un 60 por ciento más baratas que las tradicionales.

“También eliminamos el foco contaminante de los residuales porcinos mediante un biodigestor, aplicamos sistemas de riego por goteo y aspersión, empleamos molino de viento para la extracción de agua, fomentamos la lombricultura para la fertilización, y montamos una minindustria”, refirió Pérez.

Para el propietario de El Renacer, las ventajas de la sostenibilidad ambiental en la producción alimentaria resultan vitales no solo en la práctica habitual sino también en tiempos de crisis, pues se han creado las condiciones para enfrentarlas con mayor autonomía y mejor gestión de los recursos.

La sostenibilidad agroalimentaria desde la ciencia

Reducir vulnerabilidades ante el cambio climático y lograr la sostenibilidad alimentaria local han sido los grandes objetivos de BASAL desde sus inicios, para lo cual ha favorecido la generación de herramientas para todo el sistema de la agricultura.

Según informó Juan Mario Martínez Suárez, director del proyecto en Cuba, a los ocho municipios donde comenzó la iniciativa en 2013, se le suman otros 25, pues las entidades auspiciadoras decidieron extender la aplicación hasta 2020.

BASAL, en los territorios implicados, ha contribuido a la gestión de los modelos de ordenamiento ambiental, a la incorporación de equipamiento para la agricultura de conservación, al fortalecimiento de los centros científicos, a la diversificación productiva y al mejoramiento de suelos, entre otros beneficios.

Con los desafíos del cambio climático en Cuba, donde períodos de sequía, lluvias intensas, huracanes y altas temperaturas se superponen a lo largo del tiempo y se intensifican, las buenas prácticas establecidas por el proyecto constituyen alternativas creativas listas para su generalización.

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Comentario

  1. agr.óscar castro s.

    La mayor promotora del cambio climático no es la agricultura, ni los fertilizantes ni los agroquímicos, la industria que alimenta sus equipos de trabajo con combustibles contaminantes, la fabricación de vehículos usando combustibles fósiles, los mismos ambientalistas los usan. La basura, los plásticos, los residuos de las industrias van a los ríos. La deforestación negocio interminable de la madera, para complacer los desvelos de los que más tienen, en el Asia, África, la Amazonía ¿Quién actúa contra ellos?. Además, cambio climático ha existido desde que este planeta apareció en el firmamento y lo seguirá haciendo porque es un proceso natural, el clima cambia a través de las 24 horas del día. El uso de fertilizantes y agroquímicos es indispensables, estos no son lo contaminantes, es el hombre el contaminador número uno, que los adquiere y los utiliza sin el menor conocimiento de ellos, muchas veces no cuenta con la asesoría profesional para utilizarlos. Los mares envueltos en un “mar” de plásticos, responsables…solo uno el hombre.

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