Cómo puede la agricultura adaptarse al cambio climático a través de la tecnología

El calentamiento global es una realidad cada vez más evidente, lo que no está tan claro es cómo cambiar para ayudar a hacer frente a este fenómeno de una forma efectiva y rápida. Agranimo es una iniciativa ruso-chilena que encontró lo que parecía inalcanzable, una fórmula que racionaliza los cultivos a través del monitoreo en tiempo real.

Es la música del agua, fresca y abundante, propia de otros tiempos. Desde 1912 que el barco de la Fuente Alemana surca un mar imaginario en el Parque Forestal. Pero estamos en 2019 y éste se ha transformado en un río de agua desperdiciada en medio de la sequía que avanza en las ciudades del país y también en el campo.

Es aquí donde las consecuencias del cambio climático se sienten más fuerte que nunca, con una megasequía que ya lleva 10 años con un déficit de precipitaciones de un 30 por ciento entre Coquimbo y La Araucanía. Como en Isla de Maipo, donde a pesar de todo aún se resisten a los cambios.

Siempre se ha tenido la vista antigua. El que partió regador sigue siendo regador y por eso es difícil darle otro cargo“, comenta Camilo Hernández encargado de Viña Terramater

Sin embargo, la adaptación es urgente. Y los desafíos no son sólo laborales, sino que para todo el sector agrícola

“El paradigma igual ya cambió en los últimos años y ya no se busca maximizar la producción solamente, sino también hacerlo de la mejor manera posible, hacerlo lo más eficiente, y ahí es donde tecnología apoya. A que si tú por ejemplo con los litros de agua, tienes una eficiencia de que de diez litros regados solamente tres van a llegar a la planta, tú eres capaz de, con tecnología, llevar eso a nueve“, dice Adolfo Donoso, director científico en Agranimo

¿Cómo lograrlo? Para ayudar a responder a esa pregunta nació Agránimo. Una startup ruso-chilena dedicada a racionalizar la agricultura a través del monitoreo en tiempo real de los factores que inciden en los cultivos.

La tecnología que hemos desarrollado consta de dos partes. Por una parte es una sonda de humedad de un metro, que tiene cuatro niveles de medición del suelo. Y lo que se hace es que se hace, con un barreno, un agujero de un metro. Eso queda instalado, y es capaz de comunicarse, cuando hay internet, a todo lo que es la plataforma, de la nube, a través de esta pequeña estación, que también funciona como caja negra, y como sensores climáticos. Esta información climática es la que nos permite hacer todo lo que son las alertas, alarmas, y desarrollo con inteligencia artificial. Mientras que el sensor es lo que nos permite tener un estado hídrico del huerto”, explica Donoso.

Actualmente, Agránimo presta servicios en Chile a más de 30 productores de manzanas, cerezas, paltas, nogales, avellanas, arándanos y olivos. Y participa fuera del país en centros de investigación en Puerto Rico, Alemania y Rusia. Sus creadores comenzaron preocupados por lograr un riego más eficiente, pero han ampliado su trabajo a lo que llaman análisis microclimático.

El trabajo del agricultor es ver cómo cambia el clima, el medioambiente y hacer algo para dar mejores condiciones a la planta, cualquier forma de hacer que la planta crezca y tener mejores resultados”, sostiene Nikita Gulin, cofundador de Agranimo.

Y las proyecciones de esta aplicación no se limitan al trabajo en terreno. Ahora se plantean ampliar sus servicios a los distribuidores de productos agrícolas, es decir, eventualmente, a todo el mundo. La idea es que quien compra desde el exterior sepa qué producto puede esperar.

Cada supermercado en China, en Alemania, en cualquier parte del mundo que compra, tiene que preocuparse también por el microclima de un campo que está en Maule, por ejemplo. Por esto nos dimos cuenta que con este análisis podemos compartir esta emergencia microclimática con todos los participantes de la cadena y de esta manera repartir un poco el costo de todo el sistema. Porque cada uno saca el valor de esto y el costo también tiene que ser compartido. No sólo el agricultor paga, sino que toda la cadena paga: la empresa logísitica, el supermercado, la importadora, exportadora, todos los participantes. Esa es nuestra visión para la industria de la fruta, en general”, asegura Gulin.

Son muchos los planes y poco el tiempo que queda. La emergencia climática avanza y cada vez más escenas como éstas serán sólo el recuerdo de tiempos en que aún se podía desperdiciar.

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Comentario

  1. Sergio Ramírez

    Excelente. Me gustaría profundizar el tema y ofrecerlo en mi zona de trabajo . En Mendoza, Argentina.

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