Cereales: una solución perenne

Cereales: una solución perenne

Los cereales anuales alimentan al mundo, pero crean problemas perennes. Algunos creen que necesitamos una solución perenne.

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Los seres humanos hicimos una elección involuntaria pero fatídica hace 10 000 años, cuando empezamos a cultivar plantas silvestres: elegimos cultivos anuales. Todos los cereales que alimentan a miles de millones de personas en la actualidad -trigo, arroz, maíz, etcétera- proceden de cultivos anuales que brotan de semillas, producen nuevas semillas y mueren cada año.

“Todo el mundo es en su mayoría de plantas perennes”, señala Edward Buckler, genetista del Departamento de Agricultura de EUA , quien estudia el maíz en la Universidad Cornell. “Entonces, ¿por qué domesticamos los cultivos anuales?”. No porque fueran mejores, explica, sino porque los agricultores del Neolítico los mejoraron rápidamente; por ejemplo, alargaron las semillas, al volver a sembrar las de las plantas que crecían bien, año tras año.

Las plantas perennes no se beneficiaron de ese tipo de genética selectiva porque no necesitan plantarse de nuevo. Su ventaja natural se volvió una desventaja. Se convirtieron en la senda ignorada. Hoy, un entusiasta equipo de científicos ha regresado a esa bifurcación en el camino: tratan de cultivar trigo, arroz y otros cereales perennes.

Wes Jackson, cofundador y presidente del Instituto de la Tierra, en Salina, Kansas, ha promovido la idea durante décadas. Nunca ha tenido mucho dinero. Pero los fitogenetistas en Salina y otros lugares ya están cruzando cereales modernos con parientes perennes silvestres; también tratan de domesticar las plantas silvestres en forma directa.

De cualquier modo, el objetivo es que los cultivos aprovechen la principal ventaja de las plantas perennes -el sistema de raíces espesas y profundas que las alimenta para que retoñen cada primavera y las hace tan resistentes y eficientes para aprovechar los recursos- sin sacrificar mucho la producción de cereales que milenios de selección han reproducido en las plantas anuales.

Pagamos un precio excesivo por nuestra dependencia a producciones altas y raíces poco profundas, comenta el edafólogo -y nuevo explorador de National Geographic- Jerry Glover, del Instituto de la Tierra. Como los cultivos de raíz anual en su mayoría aprovechan solo la superficie del suelo, esa capa se agota, obligando a los agricultores a depender de grandes cantidades de fertilizantes para mantener una producción alta.

A menudo menos de la mitad del fertilizante utilizado en la región norcentral de EUA es absorbido por los cultivos; gran parte de este se va hacia el Golfo de México, donde fertiliza las algas que causan una extensa zona muerta alrededor de la desembocadura del Misisipi.

Las plantas anuales también estimulan el uso abundante de pesticidas o el labrado de la tierra porque hacen que el suelo quede sin vegetación gran parte del año. Eso permite que las malas hierbas lo invadan. Sobre todo, dejar la tierra descubierta tras la cosecha y ararla en la temporada de siembra erosiona el suelo.

La técnica de plantar sin labrado y otras prácticas conservacionistas han reducido la tasa de pérdida de suelo en EUA en más de 40 % desde los años ochenta, pero aún es de unas 1 700 millones de toneladas al año. A nivel mundial, un cálculo puso la tasa de erosión del suelo de campos arados en 10 a 100 veces la tasa de producción del suelo.

“A menos que esta enfermedad se controle, la raza humana se marchitará como cualquier otro cultivo”, escribió Jackson hace 30 años. Como el crecimiento demográfico fuerza a los agricultores de países pobres a cultivar en pendientes empinadas, susceptibles a la erosión, la “enfermedad” amenaza con empeorar.

Los cereales perennes ayudarían con todos estos problemas. Mantendrían el suelo cubierto, reduciendo la erosión y la necesidad de pesticidas; sus raíces profundas estabilizarían el suelo y harían a los cereales más adecuados para las tierras marginadas.

“Las plantas perennes capturan agua y nutrientes a 3 o 3.6 metros de profundidad en el suelo, 11 meses del año”, dice Glover. Las raíces profundas y la cubierta vegetal también conservarían los fertilizantes, reduciendo el costo para el agricultor y el medio ambiente.

El híbrido perenne trigo-pasto de trigo que crece en el Instituto de la Tierra ya puede convertirse en harina. La producción es muy baja para competir con la producción anual en Kansas, pero tal vez no en Nepal, que tiene pendiente más pronunciadas y un clima más riguroso, y donde un investigador ya prueba híbridos perennes en parcelas pequeñas.

Quizá estamos a décadas de distancia para ver campos de cereales perennes, pero el surgimiento de la secuenciación barata del ADN permite que los fitogenetistas trabajen más rápido que antes. Buckler cree que con una parte pequeña de los miles de millones que cada año se gastan en la investigación del maíz podría crearse uno perenne que pueda probarse en el campo en apenas 10 años. “Debemos tener la oportunidad de revolucionar la agricultura”, concluye.

AUTOR: Robert Kunzig

FUENTE: ngenespanol.com

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