Biotecnología: el futuro es hoy

¿Qué es la producción sostenible? De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas, el consumo y la producción sostenible consisten en fomentar el uso eficiente de los recursos y la energía, la construcción de infraestructuras que no dañen el medio ambiente, la mejora del acceso a los servicios básicos y la creación de empleos ecológicos, justamente remunerados y con buenas condiciones laborales.

Todo ello se traduce en una mejor calidad de vida para todos y, además, ayuda a lograr planes generales de desarrollo, que rebajen costos económicos, ambientales y sociales, que aumenten la competitividad y que reduzcan la pobreza.

Ahora, ¿cómo se involucra la agricultura en la producción sostenible? Sencillo: de la mano de la biotecnología.

Agricultura sostenible: los tres ejes

El MC. Álvaro H. Montoya, CEO de IMARCOBIO, señala que la producción sostenible está basada en tres ejes: económico, social y ambiental.

Cada uno de estos ejes necesita herramientas para funcionar y para medirse, desde la conceptualización de la biotecnología como tal, ésta es una herramienta para descubrir y optimizar procesos y bioprocesos. “Entonces, en términos de sostenibilidad es una herramienta para los tres ejes, de tal forma que en la biotecnología estamos desarrollando productos que son amigables con el medio ambiente y también con esos mismos productos nosotros podemos medir el impacto en los componentes sociales y económicos”, dice.

Agrega que es por eso que la biotecnología como herramienta para la sostenibilidad funciona para los tres ejes.

Álvaro es, además, desarrollador en biotecnología y producción sostenible; desde 2009 ha trabajado en la producción sostenible agrícola, principalmente en hortalizas. Como consultor, ha desarrollado proyectos de investigación e inversión en producción de agentes de biocontrol, biofertilizantes, energías renovables, micropropagación, suplementos alimenticios, entre otros. En temas de inocuidad alimentaria se desempeñó como Program Manager Agriculture para NSF International.

Biotecnología en México

Pero ¿qué tan avanzados estamos en México en el tema de agrobiotecnología? Montoya recuerda que hace un par de años se realizó un estudio sobre el mercado actual de los agrobiológicos en México.

Este estudio señaló que entre 1997 y 2017 en México la infraestructura de productores comercializadores de productos biotecnológicos creció en un 26%, el cual es bastante significativo. Y de ello, el 39% son empresas nacionales, esto de acuerdo con el extinto ProMéxico.

Eso se traduce en que ya existen en México 68 plantas pequeñas y medianas de capital nacional que producen agentes de biocontrol (bioplaguicidas, biofungicidas).

En términos económicos, eso representa que en México en este 2019 alcanzó un valor de cerca de 150 millones de dólares.

“Esto es el estimado de lo que ya ha habido, pero se está buscando y se está viendo que está creciendo año con año, pues la implementación de los agroproductos de este tipo en México ha ido creciendo conforme van pasando los años”, comenta el CEO de IMARCOBIO.

Hace diez años, continúa, yo solía escuchar que la biotecnología era el futuro del mundo en todas las industrias en general, pero en particular en la nuestra. Y efectivamente, en muchas industrias creo que ese “futuro” es el presente, ya no es ese “futuro” de hace diez años, es lo que estamos viendo ahorita.

La investigación como modelo de negocio

Las cifras están ahí y existen, sin embargo, eso no basta para darle aún más impulso a la biotecnología en la agricultura mexicana, Álvaro Montoya es contundente: es importantísimo que las compañías cuenten actualmente con un departamento para seguir investigando y desarrollando esta tecnología.

“Tener departamentos de investigación en las empresas es ciertamente costoso y eso nos lleva a una negativa inmediata de parte de muchas empresas, pero en la última década ha adquirido fuerza y valor. En este momento hay que saber medir las consecuencias y perder la ‘competitividad’ (y con esto me refiero a procesos productivos, capacidad financiera, la imagen de la marca), todo ello nos dirige a un camino mucho más costoso que la misma investigación”, abunda.

¿Por qué es importante la investigación aplicada en las empresas? Montoya responde de manera simple: porque nos permite estar preparados para crecer, para adaptarnos a los cambios del mercado, ser más competitivos y eficientes, incluso contra nuestra misma empresa. “Es por ello que hay mucho valor una vez que la investigación desarrollada de una empresa se aplica y lo empiezas a ver hacia el mercado”, afirma.

El CEO de IMARCOBIO refiere que si hablamos de la ciencia o la investigación como un modelo de negocio al darle un valor económico podemos analizar lo siguiente:

“Se estima que la inversión en México en biotecnología agrícola es de 22 millones de dólares, entonces con el valor del mercado que se comenta que es de 150 millones de dólares, es 6.8 veces más grande que su inversión. Entonces, si aterrizamos estos números a algo más entendible, por decirlo así, sabemos que por cada dólar invertido podemos recuperar hasta 5.8 dólares, y este es un valor real, es un valor de un modelo de negocio”.

“Son números muy interesantes. Hay que entender y saber que la investigación científica aplicada en la industria agrícola lleva tiempo y riesgos, al igual que cualquier inversión, pero ya se mide y ya se le da un valor”, sostiene.

Montoya agrega que en las áreas de investigación de muchas empresas se buscan básicamente dos objetivos: uno es la innovación y el otro es el desarrollo tecnológico. En la innovación estamos desarrollando ideas, es ver qué podemos hacer con lo que existe o tratar de inventar algo y eso es lo más “largo”, por decirle así. Y la parte de desarrollo tecnológico es mucho más puntual, “ya existe esto, cómo lo hago mejor”.

Departamentos de investigación

Basándose en esas dos directrices, Montoya expresa que cualquier empresa puede tener su laboratorio o departamento de investigación; “y aterrizándole a los números anteriores sabemos que va a terminar en un beneficio económico para la empresa, pero nunca hay que perder de vista eso: ¿cuál es el objetivo de tener investigación?”.

Comenta que también se debe de pensar un poco en la parte tecnológica en la investigación, en buscar quizás consultores especializados, centros de investigación serios, leer casos de éxito; es decir, informarnos un poco más. “Sin embargo, mi consejo para cuando yo he participado en el desarrollo de departamentos de investigación en empresas es eso: tener objetivos muy claros. ‘Este departamento de investigación va a ser para desarrollar esto y sobre eso se construye’, lo demás ya va sobre la marcha”, añade.

“Cada vez veo más agrónomos con conocimientos en biotecnología y más biotecnólogos con conocimientos de agronomía. Eso a mí me dice que ya estamos en los campos, ya estamos en las agrícolas, ya estamos en donde se crecen las plantas. El cambio hacia el modelo de producción agrícola sostenible se está llevando ahorita con esas personas, se está haciendo cuando un productor decide aplicar un microorganismo al suelo, ahí nos acabamos de hacer una empresa más sostenible, acabamos de dar un pequeño paso”, enfatiza.

Yo creo, agrega, que hacia allá vamos y no es algo que sea una visión a futuro, es lo que ya se está construyendo en este momento, es la realidad de la mayoría de las agrícolas en México.

Involucramiento de todos los actores

El experto comenta que la agrobiotecnología nos está conduciendo a lograr el balance entre la búsqueda de los altos rendimientos, lo que durante muchos años era el objetivo de las agrícolas. Pero la agrobiotecnología nos está ayudando además de eso a ser más eficientes con el uso de los recursos naturales, humanos y económicos, “entonces ya estamos en el camino y vamos avanzando muy bien”.

“Y México es punta de lanza en el desarrollo de agrobiotecnología, eso es lo que quizás nos falta difundir, nos falta que todos lo sepan, porque lo que yo veo en las agrícolas es que los productores sienten que son los únicos que le está metiendo un ‘bicho’ al campo, pero cuando esas personas se encuentran con alguien más que lo está haciendo se da ese networking, se da esa transferencia de información y es cuando esto se empieza a construir y sentir como algo más real”, menciona.

Para mí es imperativo, destaca, es sumamente necesario que los que estamos metidos en la agricultura, los que estamos tratando de hacer agricultura sostenible nos juntemos donde sea, que tengamos nuestros espacios para expresar nuestros logros y nuestros errores porque de eso se trata la agricultura, de encontrar las formas más eficientes de producir y México aún no ha logrado tener esos espacios.

Y finaliza enfatizando en la gran importancia actualmente de una comunicación profunda entre todos los actores de la agrobiotecnolgía. “Están quizás muy sectorizados, muy regionalizados, cada cierto tiempo un grupo intenta hacer un pequeño evento en un municipio o un valle, pero no hemos logrado esa comunicación real de esos grupos de transferencia de información. Pero, repito, esto es imperativo, es algo que tenemos que hacer. Ya tenemos el empuje, ya tenemos el conocimiento, ya tenemos años haciéndolo, ahora sólo nos falta compartirlo entre nosotros”.

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