Bioeconomía sin agua

“Bioeconomía es un término nuevo, pero no su concepto, que no es más que el sector de transformación de activos biológicos, es decir, el sector agroforestal de toda la vida”, explica Francesc Reguant, director del Observatori d’Economia Agroalimentària del Col·legi d’Economistes de Catalunya. Por su parte, Antoni Trasobares, director general del Consorci Centre de Ciència i Tecnologia Fo­restal de Catalunya (CTFC), la define como “el conjunto de productos biológicos y renovables que se transforman en bienes y servicios”.

La clave de la bioeconomía y del por qué despierta tanto interés en la actualidad hay que buscarla en las palabras biológico y renovable, ambas necesarias para un mundo sin residuos ni emisiones contaminantes. “Es imprescindible para la descarbonización de la economía y para la gestión del conjunto del territorio y de sus recursos naturales”, advierte Trasobares.

La lucha contra el cambio climático hacen de la bioeconomía una oportunidad empresarial

Engloba a sectores tan importantes como la agricultura, la silvicultura, la pesca, la alimentación, la bioenergía y todos aquellos productos con base biológica. Las nuevas tecnologías y la necesidad de luchar contra el cambio climático hacen de la bioeconomía una importante oportunidad empresarial. Los expertos consultados destacan especialmente el gran potencial por explotar de los bosques. “Estos últimos años no los hemos tenido en cuenta para nada. Han sido un mal negocio. Pero está empezando a cambiar”, afirma el portavoz del Col·legi d’Economistes.

Sin embargo, la amenaza de la escasez de agua pone en peligro el devenir de la bioeconomía. “El agua es esencial. Sin ella no hay producción biológica y, por tanto, no hay bioeconomía”, alerta Reguant. El cambio climático potencia la aparición o desarrollo de sequías, que suponen que durante un tiempo prolongado no haya lluvia, por lo que causa escasez de agua tanto para el consumo humano como para los cultivos o la industria. En España, hasta el 80% del territorio está en peligro de convertirse en desierto a lo largo de este siglo, según cálculos del Ministerio de Medio Ambiente.

En 2050 habrá 9.700 millones de personas en el mundo, según la ONU

Todo ello no sólo pone en peligro el papel de la bioeconomía en su transición hacia un nuevo modelo descarbonizado, sino también la fábrica de alimentos que es este sector económico. Paralelamente, la población mundial no deja de aumentar: las Naciones Unidas estiman que en el 2050 la humanidad alcanzará los 9.700 millones de personas. Es decir, cada día hay 200.000 bocas más en el mundo.

Más allá de frenar el cambio climático, “es crucial ser más eficientes en la gestión del agua”, afirma el director general del CTFC. Reguant apunta también la importancia de “reciclarla, porque el agua no se gasta sino que se ensucia, así como de compartirla con criterios racionales”.

El otro gran reto de la bioeconomía es la gestión de los bosques. “Para que puedan ser uno de los actores principales de esta nueva economía, hay que trabajar para encontrar productos de mayor valor añadido para que su gestión sea más rentable en términos económicos”, explica Trasobares. El director general del CTFC pone como ejemplo la madera, que en lugar de ser usada para palés podría ser utilizada como elemento constructivo, un producto de mayor valor añadido y muy en línea con otro concepto de moda, la economía circular, que es aquella que trata de minimizar la extracción de nuevos recursos así como la generación de residuos.

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