Ahora trigo en estanterías

Ahora trigo en estanterías

La escasez de alimento es un problema acuciante a nivel global. Cada vez la población es mayor, la necesidad de alimentarla no para de crecer y además el cambio climático y la sobreexplotación del suelo amenaza nuestras posibilidades para nutrir a todas las poblaciones. La Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) hablaba ya en 2011 de una fecha límite, 2050, en la que podríamos quedarnos sin alimentos para todo el planeta. Pero ¿y si existiesen soluciones alternativas para producir más alimentos con menos recursos? Eso es justo lo que se plantea conseguir con las granjas verticales.

Un nuevo estudio realizado por investigadores estadounidenses y publicado en la revista científica ‘PNAS‘ explica cómo una planta como el trigo (el cultivo alimentario más importante del mundo) podría producirse de forma mucho más eficiente, multiplicando por hasta 600 el rendimiento, en una pequeña granja vertical que en varias hectáreas de terreno. Unos resultados muy llamativos, pero entonces, ¿la solución para los problemas de alimentación está en estanterías cultivadas y cuidadas en naves? Bueno, no es tan sencillo, aunque, según los expertos, estas instalaciones que empiezan a ganar cada vez más seguidores a nivel global podrían suponer un gran cambio en el mundo de la agricultura.

Por si nunca habías oído hablar de estas instalaciones, se trata de un nuevo tipo de cultivo que ha empezado a crecer en los últimos años y que cada vez gana más adeptos a nivel global. Las razones por las que muchos emprendedores e inversores (entre ellos incluso Jeff Bezos o Softbank) se lanzan a probar con estas plantaciones son varias, pero básicamente este tipo de cultivo se centra en varias claves: consumo de menos espacio, pesticidas agua y nutrientes, aparición de menos plagas y mayor rendimiento del cultivo. Todo ello en un lugar cerrado y que puede estar cerca de las ciudades.

Para conseguir que funcione, utilizan, en su mayoría, un tipo de cultivo llamado hidropónico (no necesita del suelo para crecer) y entornos controlados con luz artificial en espacios cerrados. Y como se muestran en estudios como el mencionado, todo apunta a que la idea, al menos en lo que a eficiencia se refiere, puede funcionar.

“El objetivo de estas plantaciones es crear entornos mucho más eficientes y con menos impacto ambiental que la agricultura tradicional. Lo actual no es sostenible y aquí se intenta cambiar eso. Todo el agua que usan las plantas en granjas verticales se recicla para volver a usarse, no se lanzan nitratos que contaminen el suelo o el mar, no se necesita tierra (ellos plantan las semillas en esponjas de coco) y se optimiza muchísimo más el cultivo con la luz artificial”, explica en conversación con Teknautas Carlos Gómez, uno de los fundadores de Groots, una de las ‘startups’ españolas que más apuestan por este tipo de plantaciones. Originarios de Barcelona construyen a unos 15 minutos de la Ciudad Condal un gran espacio lleno de torres con plantas como albahaca, coles, tomates…

Según cuenta Gómez lo de las granjas verticales es todavía una idea bastante verde que está madurando con los años, pero tiene claro que puede ser una alternativa clara a la agricultura tradicional. “No sé si será una revolución como algunos mencionan, pero está claro que es una alternativa clara para intentar hacer sostenible una industria que está generando muchos problemas y que todo apunta a que con los años va a empeorar”, apunta. Ellos, por ejemplo, apuestan por un tipo de granjas verticales algo diferente a las del estudio de ‘PNAS’, ya que utilizan torres en vez de estanterías de hasta 2,5 metros. “Son más eficientes en el riego, permiten más rendimiento y ayudan a evitar plagas y otros problemas que si traen las estanterías”, asegura.

Groots lleva poco tiempo en marcha (desde 2018 están ideando su producto) e intentan hacerse un hueco optimizando estos espacios y dando salidas más económicas, pero alrededor del planeta ya hay varias grandes empresas que apuestan por la idea. La estadounidense Plenty, por ejemplo, asegura que puede producir cosechas 530 veces mayores que un campo tradicional y cuenta con una fuerte inversión (unos 200 millones de dólares) de Amazon, SoftBank o el consejero delegado de Alphabet.

Si funciona tan bien y hay tanta inversión interesada, ¿por qué no se generalizan? Según Gómez, y el propio estudio de ‘PNAS’, hay dos motivos: la rentabilidad con altos costes operativos y el problema para llegar a cultivos como el citado trigo, entre otros.

¿Revolución sin rentabilidad?

“La verdad es que me ha sorprendido ver que el estudio se centraba en el trigo sobre todo porque estas granjas, de momento, no están preparadas para este tipo de plantas. Y además para rentabilizar un cultivo así necesitas algo gigantesco porque no deja de ser un negocio de volumen, tienes que competir con los tradicionales y para competir con el trigo hay que generar mucho”, apunta Gómez. Para él, el mayor problema a corto y medio plazo y que hace muy complicado convertir esto de las granjas verticales en una auténtica ‘revolución’ de la agricultura es la rentabilidad. “Los costes operativos y la mano de obra siguen siendo bastante más caros que en la agricultura tradicional”.

Eso mismo destacan en el estudio que, aunque deja clara la mejora en el rendimiento de un cultivo sobre el otro dejan claro que será muy difícil verlo implantado porque la diferencia en los costes hace imposible rentabilizar el trigo cultivado en estanterías. “El trigo cultivado en interiores utilizaría menos tierra que el cultivado en el campo, sería independiente del clima, reutilizaría la mayor parte del agua, excluiría las plagas y enfermedades y no tendría pérdidas de nutrientes para el medio ambiente. Sin embargo, dados los altos costos de energía para la iluminación artificial y los costos de capital, es poco probable que sea económicamente competitivo con los precios actuales del mercado”.

Un punto clave que aleja esta idea de la revolución (pues como el trigo otros cultivos importantísimos como el maíz o el arroz), pero de todos modos no echa por tierra esta alternativa para otros cultivos, según Gómez. “Nosotros ya podemos vender algunos productos por debajo del precio de las plantaciones tradicionales y hay casos como la albahaca por ejemplo que podemos optimizar sobre el exterior pues podemos darles más horas de luz que fuera no conseguirían. Lo que sí es cierto, y en esto somos claros, para la situación actual necesitas plantaciones concretas de las que puedas sacar bastantes ganancias para ser rentables. Nosotros tenemos de todo, incluso plantas aromáticas pensadas para tiendas o restaurantes que quieran colocar hasta su propia granja vertical”.

Según este ingeniero y empresario barcelonés, una de estas plantaciones de unos 400 metros cuadrados podría salir por unos 300.000 euros y para rentabilizarlo hay que hacer muchos números. Justo en eso se están especializando y dicen ser, a día de hoy, rentables. “Hay gente como Plenty que tira mucho de inversión con la idea de automatizar y robotizar procesos y ser finalmente rentables minimizando costes al máximo, pero nosotros creemos que hay que pensarlo de abajo arriba: primero conseguir que crear estos entornos más baratos y luego optimizar procesos”. Para ello utilizan diferentes luces LED dependiendo de la planta, las torres tienen una medida justa para no necesitar maquinaria para la vigilancia y control o apuestan por construcción en impresión 3D.

“No sé si llegará a ser una revolución pero estas granjas pueden ser una alternativa muy buena para la agricultura, eso está claro. Falta, eso sí, que en países como el nuestro se conozca más para poder seguir progresando. En otros como EEUU ya la cosa ha crecido mucho, aquí ni siquiera te dan el etiquetado ‘eco’ si tus plantas no están en contacto directo con la tierra, da igual que consumas menos recursos y uses menos pesticidas”, termina Gómez.

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