3 grandes mitos sobre la agricultura moderna

Uno de los más grandes mitos modernos sobre la agricultura es que la agricultura orgánica es inherentemente sostenible. Puede serlo, pero no necesariamente. No por nada la erosión del suelo de los campos arados libres de químicos, socavó al imperio romano y a otras sociedades ancestrales en el mundo. Otros mitos se interponen en nuestra capacidad de reconocer el potencial para restaurar los suelos degradados, para así alimentar al mundo usando menos agroquímicos.

Cuando me embarqué en un viaje de seis meses visitando campos alrededor del mundo e investigar para mi libro “Cultivando una Revolución: Traer a nuestro Suelo de vuelta a la Vida”, los innovadores agricultores que conocí me mostraron que las prácticas de cultivo regenerativas pueden restaurar los suelos agrícolas del mundo. Traducido por Agriculturers.com. Tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo, estos agricultores han restablecido rápidamente la fertilidad de sus suelos degradados, lo que les ha permitido mantener altos rendimientos utilizando mucho menos fertilizantes y pesticidas.

Sus experiencias, y los resultados que vi en sus campos en Dakota del Sur y Dakota del Norte, Ohio, Pensilvania, Ghana y Costa Rica, ofrecen evidencia convincente de que la clave para sostener una agricultura altamente productiva, reside en restablecer la salud y fertilidad de los suelos. Esta travesía me llevó también a cuestionar a tres pilares de la sabiduría popular sobre la agricultura agroquímica industrializada de hoy: que alimenta al mundo. Hay una manera más eficiente de producir alimentos y será necesaria para alimentar el futuro.

Mito 1: La agricultura de gran escala alimenta al mundo hoy

De acuerdo a un informe reciente de la FAO, las huertas familiares producen más de tres cuartos del alimento del mundo. La FAO estima que casi tres cuartos de todos los predios agrícolas del mundo tienen menos de una hectárea, o el tamaño típico de una cuadra de ciudad.

Tan sólo alrededor de un 1 por ciento de los estadounidenses son agricultores hoy. Aun así, la mayoría de los agricultores en el mundo trabajan la tierra para alimentarse a sí mismos y sus familias. Por lo que mientras que la agricultura industrializada convencional alimenta al mundo desarrollado, la mayoría de los agricultores labran pequeñas huertas familiares. Traducido por Agriculturers.com. Un informe del Grupo de Trabajo Ambiental del 2016, arrojó que casi el 90 por ciento de las exportaciones de los EE.UU. estaban destinadas a países desarrollados con poca gente con hambre.

Por supuesto, el mundo necesita de la agricultura comercial, a menos que todos queramos vivir y trabajar de nuestras propias huertas. Pero ¿son estos grandes predios agrícolas industriales el mejor, ni mucho menos, el único camino viable hacia el futuro? Esta pregunta nos lleva al segundo mito.

Mito 2: Los predios grandes son más eficientes

Muchos procesos industriales de alto volumen exhiben una eficiencia a gran escala que hace disminuir los insumos por unidad de producción. Mientras más artefactos produzcan, más eficiente se vuelve la fabricación de cada unidad. Pero la agricultura es diferente. Un estudio del Consejo de Investigación Nacional de 1989 concluyó que “sistemas alternativos de cultivo bien manejados, casi siempre utilizan menos químicos sintéticos, pesticidas, fertilizantes y antibióticos por unidad de producción que los predios agrícolas de producción industrial”.

Y aunque la mecanización permite reducir costos de producción y mano de obra en predios grandes, éstos no necesariamente producen más alimento. De acuerdo a un informe de un censo agrícola de 1992, los predios más pequeños y diversificados, producen más del doble de alimento por acre que los predios grandes.

Incluso el Banco Mundial avala a pequeños predios como una forma de incrementar el desempeño agrícola de países en vías de desarrollo, donde la seguridad alimentaria es un problema de primera necesidad. Mientras que los predios grandes son buenos en producir mucho de un cultivo en particular, como maíz o trigo, los predios pequeños y diversificados producen más cantidad y tipos de alimento por hectárea.

Mito 3: La agricultura convencional es necesaria para alimentar al mundo

Todos hemos oído la declaración de los proponentes de la agricultura convencional que la agricultura orgánica es una receta para la hambruna global debido a sus bajos rendimientos. La comparación más extensa realizada a la fecha, un meta-análisis del 2015 de 115 estudios, arrojó que la producción orgánica promediaba casi un 20 por ciento menos que los cultivos producidos convencionalmente, un hallazgo similar a los reportados en estudios anteriores.

Sin embargo, el estudio fue más allá y comparó los rendimientos de predios convencionales con predios orgánicos donde se realizaron rotaciones de cultivos y coberturas para restablecer la salud de los suelos. Estas técnicas redujeron la brecha de rendimiento en menos de un 10 por ciento.

Los autores concluyeron que la brecha auténtica podría ser mucho menor, ya que hallaron “evidencia de sesgo en las bases de datos hacia estudios que reportaban un mayor rendimiento de cultivos convencionales”. En otras palabras, el fundamento para asegurar que la agricultura orgánica no puede alimentar al mundo depende tanto de métodos de cultivo específicos como del tipo de predio.

Ten en cuenta además, que prácticamente un cuarto de todo el alimento producido alrededor del mundo nunca es consumido. Traducido por Agriculturers.com. Cada año en los Estados Unidos solamente, se desechan 133 mil millones de libras de alimento, más que suficiente para alimentar a casi 50 millones de ciudadanos que frecuentemente enfrentan al hambre. Por lo que a simple vista, la siempre citada brecha de rendimiento entre la agricultura convencional y la orgánica es menor que la cantidad de alimento que comúnmente desechamos.

Construyendo un suelo saludable

Las prácticas agrícolas convencionales que degradan la salud del suelo quebrantan la habilidad de la humanidad para continuar alimentando a todos en el largo plazo. Las prácticas regenerativas como aquellas utilizadas en los predios agrícolas y ranchos que visité, demuestran que podemos mejorar la fertilidad del suelo fácilmente tanto en predios grandes en los EE.UU. como en pequeñas huertas de subsistencia en los trópicos.

Ya no percibo a los debates sobre el futuro de la agricultura simplemente como convencional versus orgánico. En mi visión, hemos sobre simplificado la complejidad de la tierra y hemos mal utilizado la ingenuidad de los agricultores. Ahora veo el adoptar prácticas que regeneren la salud del suelo como la clave para una agricultura estable y resiliente. Y los agricultores que visité han descifrado este código, adaptando métodos de no labrado, cultivos de cobertura, y rotaciones complejas para cada suelo y condición ambiental y socioeconómica en particular.

Sea que fueren orgánicas o utilizaran algunos fertilizantes o pesticidas, los predios que visité que adoptaron esta serie de prácticas transformativas, arrojaban todos cosechas que consistentemente igualaban o excedían a aquellas de los predios agrícolas convencionales vecinos, luego de un corto período de transición. Otro mensaje fue tan claro como simple: los agricultores que restauraban su suelo, usaban menos insumos para conseguir mayores rendimientos, lo que se traducía en mayores ganancias.

No importa como se lo mire, podemos tener certeza de que la agricultura enfrentará pronto otra revolución, ya que la agricultura hoy en día depende de petróleo abundante y barato para producir fertilizante, y nuestro suministro de petróleo barato no durará por siempre. Traducido por Agriculturers.com. Ya hay una cantidad de personas tal en el planeta, que estamos atrasados en un año en el suministro de alimentos. Este simple hecho tiene implicancias críticas para la sociedad.

Entonces, ¿cómo aceleramos la adopción de una agricultura más resiliente? Crear huertas demostrativas podría ayudar, como lo haría el llevar a cabo investigaciones de escalamiento de sistemas para evaluar qué funciona mejor para adaptar prácticas específicas a principios generales en escenarios diferentes.

También necesitamos reformular nuestras políticas agrarias y subsidios. No tiene sentido continuar incentivando las prácticas convencionales que degradan la fertilidad del suelo. Debemos empezar a apoyar y recompensar a agricultores que adoptan prácticas regenerativas.

Una vez que veamos a través de los mitos de la agricultura moderna, las prácticas que reconstruyen la salud de los suelos se volverán nuestros lentes a través de los cuales evaluaremos las estrategias para alimentarnos en el largo plazo. Traducido por Agriculturers.com. ¿Por qué estoy tan convencido de que la agricultura regenerativa puede resultar económica y productiva? Los agricultores que conocí me demostraron que ya lo son.

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